En las áridas tierras del sur de Mendoza, Malargüe volvió a ser escenario del avistamiento del gato andino, uno de los felinos más difíciles de observar en el planeta. Cámaras trampa colocadas por la organización WCS Argentina registraron su paso a menos de 10 kilómetros del área natural protegida La Payunia. Este hallazgo, logrado por tercer año consecutivo, confirma que el animal sigue habitando estos parajes y aporta información crucial sobre su distribución. El felino se encuentra en amenaza crítica de extinción, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
“Cada hallazgo es una gran noticia, nos confirma que el gato andino continúa en el área y que los esfuerzos de conservación generan resultados concretos”, señaló María José Bolgeri, doctora en biología y gerente de manejo regenerativo de WCS Argentina.
El registro en Malargüe se suma a otros avistamientos recientes en Neuquén y el norte de la Patagonia, ampliando el conocimiento sobre los refugios de la especie. Según Bolgeri, el monitoreo comenzó a raíz del testimonio de un productor local que describió un encuentro con el felino.
Menos de 2.200 ejemplares y múltiples amenazas
El gato andino (Leopardus jacobita) es el felino más amenazado de América y uno de los más escasos del mundo. Se estima que existen menos de 2.200 individuos en ambientes montañosos de Argentina, Bolivia, Chile y Perú. La UICN lo cataloga en la máxima categoría de riesgo para un felino en el continente.

Entre las principales amenazas se encuentran la caza, el atropellamiento en rutas, la reducción del chinchillón (su presa principal), la degradación del hábitat por actividades extractivas y el cambio climático. “El avistaje de pobladores y productores ganaderos de la zona es esencial para completar el conocimiento de la distribución de esta especie y las amenazas que enfrenta”, afirmó Bolgeri.
La Payunia: un refugio de biodiversidad
La Payunia es una de las áreas protegidas más grandes del país, con más de 665 mil hectáreas de paisajes volcánicos y planicies. Allí conviven especies como el cóndor andino, el puma, el zorro colorado, el choique y la mara, además de registrar la mayor migración de guanacos conocida. El monitoreo con cámaras de sensor de movimiento permite recopilar datos sobre la flora y fauna local.

“El trabajo científico debe ir acompañado por la colaboración con gobiernos, comunidades, productores ganaderos, el sector privado y organizaciones de conservación”, subrayó Fernando Miñarro, gerente de áreas protegidas terrestres de WCS Argentina. “La naturaleza no entiende de límites y mucha de su fauna —como el gato andino— necesita ser protegida dentro y fuera de un área natural protegida”, agregó.
En marzo del año pasado, WCS Argentina, junto a organizaciones internacionales, donó 40 mil hectáreas al dominio público de Mendoza para ampliar el área protegida y asegurar el hábitat del gato andino. Esta medida busca fortalecer la conectividad ecológica.

La organización también promueve la coexistencia entre la ganadería y la fauna silvestre. Se apoyan técnicas no letales como corrales reforzados, perros protectores y luces nocturnas. El 84% de los productores que aplicaron estos métodos redujeron pérdidas y el 89% dejó de cazar carnívoros y aves carroñeras.
“La conservación de esta especie amenazada es el resultado del trabajo articulado y sostenido”, concluyó Bolgeri.
Cada nuevo registro del gato andino en Mendoza representa un éxito para la conservación y un recordatorio de la fragilidad de los ecosistemas andinos. La colaboración entre ciencia, Estado y comunidades es clave para el futuro de este enigmático felino.
Fuente: Infobae