En la apartada aldea de Sarnelli, en la provincia de Potenza (Basilicata), reside Vitantonio Lovallo, un hombre que con sus 112 años se ha ganado el título del italiano más anciano. Su historia, marcada por la sencillez y el arraigo a la tierra, se ha convertido en un referente para quienes indagan en las claves de una vida larga y plena.
La existencia de Lovallo, conocido cariñosamente como “Ziton” en su comunidad, ha transcurrido entre el trabajo en los campos de trigo, la cría de animales y el pastoreo. Desde su infancia en una familia campesina, mantuvo estas labores hasta una edad muy avanzada. Quienes lo rodean destacan que su apego a las costumbres tradicionales y a la tierra ha sido una constante inquebrantable. Hoy, la aldea de Sarnelli es conocida internacionalmente gracias a él, y sus hábitos siguen siendo objeto de fascinación.
La vida de Lovallo atravesó momentos de gran dureza, incluyendo su participación en la Segunda Guerra Mundial y su reclusión durante dos años en el campo de prisioneros Sagan-Stalag VIII en Alemania. Pese a las adversidades, su resiliencia y capacidad de adaptación han marcado su trayectoria. Recientemente, su nieta Sara Lovallo publicó una entrevista y extractos de su diario personal en la revista La Cucina Italiana, ofreciendo valiosos testimonios sobre su vida y las prácticas cotidianas que sustentaron su longevidad.
Una rutina activa hasta los 109 años
La rutina de Lovallo se ha caracterizado por la actividad física constante y el rechazo a ciertas comodidades modernas. Hasta los 109 años, se afeitaba por sí mismo. A los 103 aún pastoreaba animales y cuidaba los viñedos y campos. Siempre se desplazaba a pie o en mula, ya que nunca aprendió a conducir ni a usar bicicleta. Este estilo de vida, lejos de ser excepcional, reproduce patrones comunes entre los centenarios de la región, basados en la movilidad diaria y la interacción con el entorno natural.
La vida en Sarnelli, donde la tecnología y el ritmo urbano apenas han alterado las costumbres, ha favorecido una existencia activa y en contacto con la tierra. A pesar de los altibajos de salud propios de la edad, como la aparición de demencia en los últimos años, su autonomía se mantuvo intacta durante más de un siglo. La comunidad lo reconoce como el ejemplo de una vida dedicada al esfuerzo físico y a la simplicidad.
La dieta: verduras, legumbres y su famoso vino
Uno de los aspectos más comentados de la vida de Lovallo es su alimentación, que sigue el patrón típico de los centenarios. La base de su dieta han sido siempre los productos de la tierra: verduras, frutas y legumbres frescas. Este enfoque, sostenido por generaciones en Basilicata, prescinde de procesados y privilegia la frescura y la estacionalidad. Su nieta ha señalado que su abuelo mantenía el hábito de beber una copa de vino de su propia cosecha con cada comida, una práctica que él consideraba esencial.

La preferencia por alimentos simples se refleja también en la “carchiola”, un pan plano elaborado con harina de maíz, manteca y verduras, que Lovallo consumía durante sus jornadas en el campo. Esta preparación tradicional, hecha con ingredientes locales, le aportaba energía y lo mantenía conectado con sus raíces culinarias. El hecho de que nunca haya buscado lujos ni variaciones sofisticadas en su menú confirma la influencia de la sencillez y la austeridad en su longevidad.
El secreto de la longevidad de Vitantonio Lovallo no se reduce a un solo factor, sino que surge de la combinación entre una vida activa, la conexión con la naturaleza, la ausencia de excesos y una alimentación coherente con las tradiciones campesinas. Aunque Basilicata no es considerada una de las llamadas Zonas Azules (regiones con la mayor concentración de centenarios), la experiencia de Lovallo y otros habitantes demuestra que la sencillez, tanto en la mesa como en el día a día, puede ser clave para alcanzar una edad avanzada con calidad de vida.
Fuente: Infobae