Las alteraciones climáticas están cambiando cómo se relacionan las aves con los parásitos, lo que podría impactar en la demografía, la reproducción y la estabilidad de las poblaciones silvestres. Así lo revela una investigación internacional con la colaboración del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) que apareció en la revista PlosONE.
Para alcanzar estas conclusiones, los científicos analizaron nueve especies de aves y 62 interacciones diferentes entre huésped y parásito. Los resultados se basan en la comparación de dos períodos separados por más de una década, abarcando 14 poblaciones europeas distribuidas desde el sur del continente hasta Escandinavia.
Con estos datos, determinaron que en los últimos años la intensidad de las infecciones parasitarias ha disminuido. Esta reducción fue más marcada en las latitudes más bajas, donde el aumento de temperatura y las sequías han sido mayores, mientras que en el norte de Europa los cambios en la carga parasitaria fueron más leves.
De acuerdo con el investigador de la Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA-CSIC), Juan José Soler, también se observó una tendencia a la baja en la presencia de parásitos sanguíneos, que causan enfermedades como la malaria aviar. No obstante, su prevalencia aumentó y aparecieron nuevos parásitos no detectados en el primer periodo de muestreo.
«Nuestros resultados sugieren que los efectos del cambio climático sobre los parásitos no son lineales ni iguales para todos los grupos. En el caso de estos parásitos sanguíneos, que son transmitidos por vectores, influyen factores como la disponibilidad de insectos, la humedad o la respuesta inmunitaria de las aves», puntualizó Soler.
Además de los parásitos, el estudio analizó variables demográficas y reproductivas de las aves, como la fecha y el tamaño de puesta o de nidada. Según Alejandro Cantarero, experto de la Universidad Complutense de Madrid, aunque las tendencias no fueron estadísticamente significativas, los datos apuntan a un adelanto en la fecha de puesta de los huevos, algo que «se observa en otros estudios y está claramente relacionada con el aumento de las temperaturas».
También se registró una reducción del tamaño de las nidadas y una disminución del tamaño de puesta en muchas de las poblaciones estudiadas. Cantarero señaló que se trata de «ajustes que no siempre son suficientes para compensar los cambios rápidos del entorno». En términos generales, el MNCN explica que estos cambios y desacoples pueden desencadenar efectos en cascada sobre la biodiversidad.
«El hecho de que el clima esté alterando las interacciones entre aves y parásitos de forma distinta según la latitud implica que no podemos esperar respuestas uniformes al cambio climático, una información clave a la hora de diseñar estrategias de conservación realistas ante el contexto de calentamiento acelerado que vivimos», destacó Santiago Merino, investigador del MNCN.
Asimismo, advirtió que algunos parásitos aviares están emparentados con patógenos que afectan a otros animales, incluidos los humanos, por lo que comprender estas dinámicas es relevante desde una perspectiva de salud global.
«Comparando datos recogidos durante décadas y en amplios gradientes geográficos podemos entender realmente cómo el cambio climático está reconfigurando las relaciones biológicas, de ahí la importancia de mantener estos programas de seguimiento a largo plazo», concluyó Jordi Figuerola, investigador de la Estación Biológica de Doñana.
Fuente: Infobae