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CEO en la mira: IA elimina 54.836 empleos en 2025 y el 81% de directivos teme ser el próximo

El panorama laboral ha dado un giro inesperado que pocos están observando con atención. Durante los últimos dos años, el debate público se centró en una interrogante constante: ¿qué trabajador será reemplazado por la inteligencia artificial? Firmas como McKinsey, Goldman Sachs y el Foro Económico Mundial presentaron proyecciones alarmantes, con cientos de millones de empleos en riesgo. El temor pasó de los informes a las oficinas y se volvió parte de las conversaciones cotidianas.

Sin embargo, las cifras consolidadas de 2025 revelan una realidad distinta. La persona más amenazada no es la que la mayoría imaginaba.

La inquietud ahora está en la cúpula directiva

La encuesta del Global AI Confessions Report: CEO Edition 2026, elaborada por Harris Poll para la plataforma Dataiku entre 900 directores ejecutivos de compañías con ingresos superiores a 500 millones de dólares en ocho países, arrojó un hallazgo que pasó desapercibido fuera de los círculos especializados.

El 81 % de los CEOs estadounidenses piensa que un colega perderá su puesto este año debido a una estrategia fallida de IA. Además, el 87 % a nivel global reconoce que arriesgaría su propio cargo en los resultados de sus iniciativas de inteligencia artificial.

Los CEO estadounidenses muestran preocupación respecto al impacto de las estrategias de IA en la permanencia laboral dentro de sus empresas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

No se refieren al empleado de atención al público, al programador principiante ni al operario de fábrica. Hablan de ellos mismos.

La consultora de recolocación Challenger, Gray & Christmas ha monitoreado desde 2023 los despidos en Estados Unidos que las propias empresas atribuyen a la inteligencia artificial. La cifra final de 2025 fue de 54.836. Suena elevada, y lo es en números absolutos. Pero hay que contextualizarla: el total de despidos anunciados en EE.UU. durante 2025 alcanzó 1.206.374, el nivel más alto desde 2020.

La IA representó menos del 5 % de los recortes del año. El otro 95 % obedeció a reestructuraciones, condiciones del mercado, cierres y el ajuste federal vinculado al Departamento de Eficiencia Gubernamental, que por sí solo generó casi 294.000 despidos.

El discurso en las juntas directivas sostiene que la IA apunta a los empleados; los datos indican que aún no justifica despidos masivos. Pero sí explica la remplazo del propio CEO.

La asimetría que los directivos prefirieron ignorar

Conozco directamente a ejecutivos que durante 2024 evitaron tomar decisiones difíciles sobre IA con un argumento que parecía sensato: esperemos a ver, no nos apresuremos, que otro pruebe primero. La frase que más escuché en off el año pasado, en eventos del sector en Miami y Nueva York, fue: no quiero ser el primero, pero tampoco el último. Ese cálculo se ha desmoronado.

Cuando el directorio exige un retorno medible de la IA en doce meses y el competidor anuncia un agente que reemplaza tres flujos de trabajo, el “esperemos a ver” se convierte en negligencia.

La encuesta de Dataiku lo expresa de otra forma: el 72 % de los CEOs estadounidenses ya siente presión directa del directorio para demostrar el ROI de la inversión en IA. El 65 % admite que está más angustiado por invertir de más que por quedarse atrás. Es la primera vez desde que el término IA se usa en una sala de juntas que el péndulo del miedo se inclina en esa dirección.

Mientras el CEO titubea, la organización a sus espaldas construye agentes por cuenta propia. Microsoft publicó en febrero un dato que pocos observaron con detenimiento. Más del 80 % de las empresas Fortune 500 ya cuenta con agentes activos de IA creados con herramientas low-code y no-code. No los desarrolló el departamento de tecnología; lo hicieron empleados de finanzas, ventas y atención al cliente, desde sus escritorios, sin solicitar autorización.

El director de seguridad informática de un banco Fortune 100, citado de manera anónima en el informe, lo resumió así: pasamos tres años construyendo una arquitectura de seguridad rigurosa, y una semana después de que alguien pidiera resumir un portafolio con un chatbot encontramos 47 agentes autónomos ejecutándose en seis unidades de negocio que nunca aprobamos.

La paradoja que completa el ciclo

El CEO que hoy no usa IA está atrapado en una pinza doble. Por un lado, un directorio que mide el retorno. Por el otro, una organización que ya comenzó sin él y que utilizará su lentitud para decidir como una vara de medir.

La brecha entre líderes que usan IA y quienes se retrasan puede afectar la percepción interna de liderazgo y eficiencia. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Lo más revelador del informe de Dataiku 2026 no es la cifra del miedo, sino la del autosabotaje: el 56 % de los CEOs reconoce que un competidor ya tiene una mejor estrategia de IA que la suya, y la confianza para desplegar agentes a escala cayó en doce meses del 41 % al 31 %. Cuando un director ejecutivo admite eso de su propio sector, está reconociendo dos cosas a la vez: el cargo que ocupa va a cambiar y él podría no ser quien lo continúe ocupando.

Por eso la discusión sobre el desplazamiento laboral por IA llegó tarde al lugar equivocado. La capa que se está moviendo primero no es la base de la pirámide. Es la cúpula.

El empleado que sufre un despido por IA en 2025 es estadísticamente inusual. El director ejecutivo que lo sufrirá en 2026 está sentado en la mesa donde se define la política de IA de su empresa, y aún no ha terminado de leer el informe de su propio equipo de tecnología.

La IA no transformó el empleo de la mayoría. Empezó a transformar el empleo de quien creía estar a salvo de la transformación.

Fuente: Infobae

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