(Desde Roma, Italia) La única visita previa de Emmanuel Carrère a Argentina fue en noviembre de 2015. En ese entonces, Donald Trump aún no era candidato republicano, los padres del escritor francés vivían, y Eduard Limónov, protagonista de uno de sus libros más famosos, seguía activo en la política rusa. Once años después, la realidad es muy distinta: Trump cumple su segundo mandato, sus padres fallecieron en 2023, Limónov murió en 2020, y la invasión rusa a Ucrania transformó la relación de Carrère con ese país.
“Estaba enamorado de Rusia y hubo una desilusión amorosa”, confiesa Carrère en diálogo con Infobae.
El escritor llegará en septiembre a Argentina para presentar Koljós (Anagrama), su nuevo libro. La obra entrelaza la muerte de sus padres, la herencia rusa y georgiana, la guerra en Ucrania, y la eterna pregunta moral: ¿hasta dónde puede un escritor contar la vida de otros?
“Estoy feliz de volver a Argentina”, afirma. La charla abarca desde su madre hasta el poder, desde Limónov hasta Trump, y desde la no ficción hasta la inteligencia artificial.

La figura materna en Koljós
Infobae: Koljós gira en torno a su madre, Hélène Carrère d’Encausse. ¿Sintió presión al retratarla?
Emmanuel Carrère: Nunca escribí bajo su influencia, aunque fue muy importante en mi vida. Estábamos en campos distintos: ella era historiadora, yo escritor. Con este libro me acerqué a ella.
I: ¿Cree que le habría gustado el libro?
EC: Lo difícil ya estaba en Una novela rusa, que nos distanció. En Koljós hay cosas que no le gustarían, sobre todo sobre la intimidad con mi padre. Pero es un retrato contrastado, y creo que habría sido sensible a lo luminoso.
Carrère habla de su madre sin solemnidad, pero con admiración. En el libro, ella aparece como una figura imperial: secretaria perpetua de la Academia Francesa, historiadora de Rusia y voz indulgente con el Kremlin.
“Siempre es necesario el juego de luces y sombras. Me considero un retratista. Su muerte fue estoica, la admiro”, dice.
I: En el libro surge la idea de vida horizontal (amigos, contemporáneos) y vida vertical (padres, genealogía). ¿Es su obra más vertical?
EC: Es natural al envejecer. Cuando mueren los padres, uno cambia de lugar en la vida.
I: Sus hijos casi no aparecen. ¿Decisión propia?
EC: Hay un tabú en hablar de los jóvenes. Las vidas abiertas siento que tienen algo sagrado.
I: ¿El último tabú en su literatura?
EC: Quizás sí.
“Koljós funcionó”
La pregunta moral es clave en su obra. En El adversario, evitó escribir desde el punto de vista del asesino. En Una novela rusa, contar la historia de su abuelo le costó una ruptura con su madre.
I: ¿Cómo decide qué contar?
EC: En este libro, decidí mostrar el manuscrito a mis hermanas y a mi tío antes de publicarlo. Quería su autorización y que se sintieran cómodos.
Carrère esperó especialmente la reacción de su hermana Nathalie, quien “custodiaba el templo familiar”.
“Mis hermanas dijeron: ‘Hay cosas que a mamá no le gustarían, pero hay amor y nos sentimos bien’. Ahora nos vemos más. Koljós funcionó”, relata.
I: El título remite a una escena de infancia y a la historia rusa. ¿Lo tuvo desde el inicio?
EC: No, apareció al final. Tenía títulos feos como “Una historia familiar”. Cuando llegué al final, supe que era Koljós. Una palabra que mezcla historia y calidez familiar.

La desilusión amorosa con Rusia
Rusia fue una constante en su vida. Su madre le inculcó a Dostoievski. De adulto, viajó varias veces para filmar, escribir reportajes y contar historias como la del soldado húngaro perdido en un psiquiátrico. Pero la invasión a Ucrania lo cambió todo.
I: ¿Cambió su idea de Rusia tras la guerra?
EC: Amaba la literatura rusa de niño. Después, evitaba ese mundo por mi madre. Hacia el 2000, me fascinó Rusia. Volvía una y otra vez. Hice una película, Una novela rusa, Limónov. Sabía que era brutal, pero lo vivía como libertad. La guerra mostró otra cara. Debería haberla visto antes. Estaba enamorado y sufrí una desilusión.
Un viaje a Ucrania profundizó la ruptura.
“Hice amigos ucranianos y vi las relaciones coloniales. En mi familia, los rusos son aristócratas y los georgianos, burguesía colonizada. Eso cambió mi perspectiva.”
I: ¿La guerra también es una batalla de relatos?
EC: Sí. ¿Por qué hay estatuas de Pushkin en Ucrania? Los grandes escritores rusos son parte de una civilización colonial.

Limónov, el héroe imposible
En Argentina, la biografía de Limónov tuvo gran impacto. El escritor, disidente y nacionalbolchevique es uno de los libros más leídos de Carrère en el país.
I: ¿Cómo vivió su muerte?
EC: Me dio pena, pero no tanta. Él no quería morir viejo. Sus últimos años fueron menos interesantes. Estaba contra Putin pero de acuerdo con casi todo.
Limónov nunca opinó sobre el libro. Decía que se consideraba un escritor muerto que renació gracias a él. También bromeaba: “Si tuviera el poder, te haría fusilar”.
“Cuando iba a Moscú, lo primero era verlo.”
I: ¿Podría aparecer otro Limónov hoy?
EC: Lo bello de Limónov es que no necesitaba condiciones óptimas. Hizo su vida con coraje.

“El poder me da curiosidad”
El poder aparece en sus libros de varias formas: presidentes, servicios secretos, policía.
I: ¿Qué le provoca el poder?
EC: Curiosidad. Mi relación ideal es no ejercerlo ni ser objeto de él. Escribo independientemente. Dependo de los lectores.
I: ¿Nunca lo tentó?
EC: No.
Carrère participó en la adaptación de El Mago del Kremlin, pero aclara que su fascinación no es por el poder. “Giuliano da Empoli sí sabe de poder; yo no. Si escribiera sobre un ruso, sería Limónov, que nunca tuvo poder. Eso admiro.”
Limónov permaneció fiel a una idea infantil del héroe. “Murió pobre como nació. Era un fascista, pero también eso, y lo respeto.”

La entrevista transcurre en el departamento de Carrère. Al abrir la puerta, ofrece café. Se descalza y se sienta con las piernas cruzadas. Habla casi una hora, entre francés e italiano, con gentileza.
Trump, Elon Musk y Philip K. Dick
I: ¿Trump es una contrafigura de Limónov?
EC: Es una figura inverosímil. Todos vivimos despertando con sus ocurrencias. Tiranos vanidosos han existido, pero localizados. Este maneja buena parte del mundo.
Lo ubica en el universo de Philip K. Dick.
“Él y Elon Musk son personajes de Dick. Un mundo de verdades alternativas que da miedo. La alianza entre tirano y gigantes tecnológicos es un fenómeno nuevo y monstruoso.”
I: ¿Qué espacio queda para la ficción?
EC: No sé. Es difícil escribir sobre el mundo hoy. Por eso escribí sobre mi familia.
I: ¿Cuándo vuelve a la ficción?
EC: No lo sé. Leo novelas y me gustan, pero me siento cómodo en este modo. Si me viene una idea, vuelvo con placer. Pero no tengo ninguna.

Leer sin televisión
En su infancia no había televisión.
I: ¿Eso lo acercó a la literatura?
EC: Quizás. En mi familia, leer era fundamental. Fui un niño dócil. Mi vida se basó en leer y escribir.
I: ¿Aplicó eso con sus hijos?
EC: Mis hijos mayores son grandes lectores. Mi hija de 20 años lee mucho en internet, pero el libro no es su centro. Me parece extraño.
El derecho a contar una vida
I: ¿Dejaría que alguien escribiera su biografía?
EC: Lo permitiría sin problemas. Pero no colaboraría activamente. Es mi trabajo; si alguien quiere hacerlo, que lo haga, pero no lo ayudaré.
Lo compara con adaptaciones cinematográficas: “No espero que sean fieles al libro. Que hagan lo más interesante para ellos”.
¿Y si la biografía fuera severa? “Si dice que soy mal escritor, quizás tiene razón. Son las reglas del juego.”
I: Sus obras en primera persona parecen una autobiografía fragmentada.
EC: Sí, no fue consciente como Knausgård. Sucedió sin querer.
I: ¿Ya se habituó a incluir su punto de vista?
EC: Sí, pero no diferencio entre periodista y escritor. Escribo igual para artículos y libros. La única diferencia es la extensión.

En Koljós, Carrère vuelve a la familia para hablar de muerte, Rusia, guerra, culpa, amor y límites. Lo hace cuando la realidad parece difícil de narrar.
Quizá por eso eligió lo cercano. La familia es un territorio de riesgo, donde la literatura puede herir o reparar. En Koljós, logró ambas cosas.
“Koljós funcionó”, dice, y sonríe.
Fuente: Infobae