La posibilidad de enviar seres humanos a Marte dejó de ser una fantasía de la ciencia ficción para convertirse en una meta con fundamentos técnicos sólidos. Una serie de avances científicos y tecnológicos concretos han sentado las bases para que el planeta rojo ocupe un lugar prioritario en la agenda de la exploración espacial internacional.

El empuje de las agencias espaciales, en particular la NASA, sumado a una convergencia sin precedentes de innovaciones en propulsión, biotecnología y gestión de proyectos, permite vislumbrar una nueva etapa para la humanidad más allá de la Luna. El motor de esta carrera es la curiosidad científica y el deseo de entender otros mundos. Las misiones que ya se proyectan, las soluciones energéticas y de transporte, y los nuevos métodos para trazar trayectorias interplanetarias convierten la llegada de astronautas a Marte en un objetivo con bases cada vez más claras, tanto técnicas como estratégicas.
Las misiones que marcan el rumbo hacia Marte
La NASA tiene señalado el año 2028 como una ventana fundamental para nuevas misiones al planeta rojo. De acuerdo con declaraciones del jefe administrador de la agencia, Jared Isaacman, recogidas por la revista Science, se planea el envío de un orbitador de comunicaciones y el rover Rosalind Franklin, desarrollado por la Agencia Espacial Europea. Además, se analiza la posibilidad de una tercera misión que podría significar un salto en la investigación planetaria, aprovechando una alineación astronómica especialmente favorable entre la Tierra y Marte.
El énfasis está en acelerar el desarrollo tecnológico, fortalecer la colaboración con el sector privado y optimizar la gestión interna. Entre los logros más recientes sobresale la misión ESCAPADE, lanzada en 2025 y que arribará a Marte en 2027. Esta iniciativa colocará dos naves gemelas en órbita marciana con el objetivo de estudiar cómo el viento solar impacta en la atmósfera y la magnetosfera del planeta. Esta información resulta vital para planificar futuras misiones humanas y proteger los equipos tecnológicos en un entorno espacial hostil.
En paralelo, la NASA continúa impulsando el programa Artemis, cuyo propósito central es llevar astronautas nuevamente a la Luna y establecer una presencia constante en su superficie. Se prioriza el desarrollo de infraestructura lunar, como bases equipadas con sistemas de energía nuclear y tecnologías de soporte vital, esenciales para la vida y el trabajo en condiciones extremas. El plan contempla incrementar la frecuencia de lanzamientos del cohete SLS (Sistema de Lanzamiento Espacial), lo que permitirá realizar misiones regulares a la Luna. La experiencia adquirida en el satélite natural servirá como base tecnológica y operativa para los futuros viajes a Marte.
Las innovaciones que hacen viable el viaje tripulado

Uno de los principales obstáculos para una misión tripulada a Marte es la tecnología de propulsión. El trayecto con cohetes convencionales puede extenderse entre 150 y 300 días. Como alternativa, se investigan la propulsión a plasma y los motores magnetoplasmodinámicos (MPD), que podrían acortar significativamente ese período. Un motor MPD probado en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA alcanzó una potencia de 120 kilovatios, superando marcas anteriores y sentando las bases para sistemas futuros que operen entre 500 kilovatios y 1 megavatio.
El científico James Polk, del JPL, explicó que este propulsor emplea vapor de litio metálico debido a su eficiencia y resistencia. La tecnología acelera plasma —un estado especial de la materia— mediante campos magnéticos. De esta forma se consigue más empuje y se reduce hasta un 90% el consumo de combustible en comparación con los cohetes tradicionales. La meta es que estos motores operen durante misiones largas, superando las 23.000 horas de uso continuo, equivalentes a poco más de 958 días.
Además de la propulsión, la generación de energía y la biotecnología resultan claves para la supervivencia en Marte. Se están desarrollando baterías capaces de aprovechar la atmósfera marciana para producir energía, funcionar en temperaturas extremas y alimentar bases y vehículos.

En el campo de la biotecnología, investigaciones recientes demuestran que ciertas cianobacterias pueden generar oxígeno a partir del dióxido de carbono presente en Marte, utilizando la luz solar. También producen biomasa, que puede servir como base alimentaria. Estas soluciones abren la puerta a sistemas de soporte vital autosuficientes, fundamentales para misiones prolongadas.
El cohete Starship, de SpaceX, fue diseñado para transportar hasta 100 personas o grandes volúmenes de carga. Su objetivo es reducir costos y posibilitar misiones tripuladas a Marte en la década de 2030.
Rutas más cortas, riesgos y el horizonte de una nueva era
La búsqueda de trayectorias más rápidas entre la Tierra y Marte también registró progresos concretos. El investigador Marcelo de Oliveira Souza, de la Universidad Estatal del Norte de Río de Janeiro, propuso un método que utiliza órbitas de asteroides para trazar caminos más directos.

Según un estudio publicado en Acta Astronautica, la configuración astronómica prevista para el año 2031 permitiría realizar dos misiones de ida y vuelta a Marte en menos de 226 días, un tiempo considerablemente menor al requerido por las rutas tradicionales.
La idea consiste en analizar el movimiento de ciertos asteroides, como el 2001 CA21, y emplear esa información para identificar “atajos interplanetarios”. No se trata de seguir exactamente la órbita del asteroide, sino de aprovechar sus datos para planificar trayectos más cortos y eficientes. Esto podría disminuir el tiempo de exposición a la radiación que enfrentan los astronautas y reducir otros riesgos asociados a los viajes prolongados por el espacio.
A pesar de estos progresos, persisten desafíos de gran magnitud. Proteger a las personas de la radiación cósmica, afrontar los efectos psicológicos del aislamiento y crear infraestructuras que operen en el ambiente hostil de Marte son obstáculos que aún deben superarse. La combinación de nuevas tecnologías en propulsión, energía y biotecnología, junto con la mejora en la planificación de trayectorias y la colaboración internacional, acerca cada vez más la posibilidad de concretar el primer viaje tripulado a Marte.
Fuente: Infobae