Por años, los cuerpos sin vida aparecían en calles, garajes y terrenos baldíos de Nueva York. Todos mostraban signos de una violencia atroz. Hombres acribillados, apuñalados con cuchillos de carnicero o perforados con picahielos alimentaban el miedo y la fascinación de una sociedad sumida en la Gran Depresión. Detrás de esos crímenes actuaba una organización criminal clandestina que pasó a la historia como Murder Inc., el grupo de asesinos a sueldo más temido de la mafia en Estados Unidos.
La banda operó principalmente en Brooklyn entre principios y mediados de la década de 1930. Estaba conformada por mafiosos judíos e italianos, y respondía a los grandes capos del hampa. Su misión era clara: eliminar a cualquiera que representara una amenaza para los negocios. Informantes, deudores, rivales o personas señaladas por la mafia desaparecían tras una orden proveniente de las altas esferas del crimen.
Pero hace 85 años, el 9 de mayo de 1941, ese imperio de la muerte empezó a derrumbarse. Ese día se inició formalmente el proceso judicial contra los líderes de Murder Inc. Fiscales, testigos arrepentidos y una serie de juicios cargados de dramatismo expusieron por primera vez el funcionamiento interno de la organización. El colapso de la banda no solo resultó en decenas de condenas y ejecuciones en la silla eléctrica, sino que también dejó una de las historias más oscuras y fascinantes del crimen organizado en Estados Unidos.

Orígenes y estructura de una máquina de matar
Murder Inc. (Asesinato, Sociedad Anónima) fue una organización criminal que operó entre 1929 y 1941 al servicio de la mafia ítaloestadounidense, la mafia judía y otras redes del hampa en Nueva York y otras ciudades del país. El grupo reunía a gánsters judíos e italianos, muchos reclutados en barrios obreros de Brooklyn y Manhattan, especialmente en Brownsville, East New York y Ocean Hill.
Surgieron en un contexto de reorganización del crimen tras la Guerra de los Castellammarese y la creación de la Comisión, impulsada por Charles “Lucky” Luciano, considerado el arquitecto de la mafia moderna en Estados Unidos.
En esa nueva etapa, Meyer Lansky, conocido como el “contador de la mafia”, y Bugsy Siegel, uno de los gánsters más famosos y violentos de la época, ayudaron a transformar el hampa. Ambos integraron a sicarios profesionales en una estructura nacional bajo el control del Sindicato del Crimen, permitiendo que distintas etnias y familias criminales colaboraran bajo reglas comunes. Entre los líderes más destacados de Murder Inc. figura Louis “Lepke” Buchalter, jefe de la banda y pieza central en su funcionamiento, junto a Albert “Sombrero loco” Anastasia, conocido por su brutalidad y que luego se convertiría en jefe de la familia criminal Mangano.

Uno de los nombres más temidos dentro del grupo fue Harry “Pittsburgh Phil” Strauss, un sicario con más de 100 homicidios confirmados y estimaciones que lo ubican hasta en 500 víctimas. El centro de operaciones de Murder Inc. era un kiosco en Brooklyn, propiedad de Rosie Gold, una figura menor que facilitaba un punto de encuentro para los miembros de la organización. La lógica de funcionamiento era casi empresarial: los sicarios recibían un salario fijo y bonificaciones de entre 1.000 y 5.000 dólares por asesinato, además de protección económica para sus familias. En caso de detención, la mafia financiaba su defensa legal, asegurando la lealtad de sus miembros y la continuidad de las operaciones.
Los métodos utilizados por la organización eran brutales y variados. Incluían picahielos, cuchillos de carnicero y estrangulamientos, herramientas que se convirtieron en marcas distintivas de la banda. Murder Inc. no limitó sus actividades a Nueva York: ejecutó encargos para diversas familias mafiosas en todo el país, consolidando su reputación como uno de los engranajes más letales del crimen organizado estadounidense.
Entre los crímenes más notorios se encuentra el asesinato de Dutch Schultz, uno de los gánsteres más poderosos de la época, eliminado en 1935 tras desafiar a la organización al intentar ordenar la muerte del fiscal Thomas Dewey, el principal perseguidor de las mafias.
A esta temible organización se le atribuyen entre 400 y 1.000 asesinatos por encargo. El asesinato de George Rudnick, un prestamista ejecutado con un picahielos en 1937 bajo sospecha de colaborar con la policía, y el intento de ataque a Max Rubin, socio de Buchalter, son ejemplos de su accionar violento y sistemático. La combinación de violencia, protección interna y vínculos con las altas esferas del hampa convirtió a la organización en una fuerza temida y respetada en el mundo subterráneo neoyorquino, hasta que la presión judicial y policial comenzó a cerrar el círculo sobre sus principales figuras.

El proceso judicial y el impacto de los grandes nombres
El derrumbe de Murder Inc. comenzó a gestarse a finales de los años treinta, cuando la policía empezó a detectar patrones comunes en múltiples homicidios que hasta entonces se investigaban como hechos aislados. Thomas Dewey, fiscal que luego sería gobernador de Nueva York y candidato presidencial, lideró la ofensiva judicial contra el crimen organizado, mientras otras fiscalías de Brooklyn y Nueva York acumulaban causas por extorsión y asesinatos sin resolver. El punto de inflexión se produjo en 1940, cuando William O’Dwyer, fiscal de Brooklyn que más tarde llegaría a ser alcalde de Nueva York, asumió la investigación y coordinó los esfuerzos para desmantelar la organización.
El avance de la justicia se apoyó en dos testimonios decisivos: el de una madre que exigía justicia por el asesinato de su hijo y el de un convicto que entregó información sobre los responsables. Estos aportes permitieron la detención de miembros clave como Abe Reles, conocido como “Kid Twist” y transformado en el principal delator de la banda; Martin Goldstein, uno de los asesinos recurrentes; y Anthony Maffetore, otro de los involucrados en crímenes por encargo. Bajo la presión de las investigaciones, varios integrantes decidieron colaborar con la justicia. Abraham Levine, Albert Tannenbaum, quien era uno de los sicarios de confianza de Buchalter, y Seymour Magoon, miembro activo de la banda, ofrecieron detalles que permitieron abrir causas en Brooklyn, el Bronx y otras jurisdicciones, desentrañando la estructura interna de Murder Inc.

Los juicios comenzaron en 1940, liderados por Burton Turkus, fiscal adjunto de Brooklyn y uno de los principales responsables de la acusación pública. Uno de los procesos más emblemáticos fue el de Harry Maione y Frank Abbandando, ambos sicarios de la organización, acusados del asesinato de George Rudnick, el prestamista. El testimonio de Abe Reles y de Angelo Catalano, otro colaborador, fue clave para lograr la condena y ejecución de ambos en 1942. En paralelo, Harry Strauss y Martin Goldstein fueron juzgados y ejecutados en 1941 por el asesinato del corredor de apuestas Irving Feinstein, luego de que Strauss intentara sin éxito simular demencia durante el proceso. Charles Workman, conocido como “Charley the Bug”, recibió cadena perpetua por el asesinato de Dutch Schultz.
No todos los juicios tuvieron desenlaces sencillos. Irving Nitzberg, Jacob Drucker e Irving Cohen, todos miembros secundarios de Murder Inc., atravesaron procesos separados con condenas, absoluciones y fallos anulados por la Corte de Apelaciones de Nueva York, debido a la dependencia de testimonios de cómplices. El caso más relevante fue el juicio contra Louis “Lepke” Buchalter, Emanuel Weiss, uno de sus lugartenientes más cercanos, y Louis Capone, otro de los organizadores logísticos, por el asesinato de Joseph Rosen, un panadero extorsionado y asesinado en 1936. Tras varias apelaciones, los tres terminaron ejecutados en Sing Sing en 1944, consolidando el golpe final contra la organización.

El proceso judicial estuvo marcado por un hecho dramático: la muerte de Abe Reles, principal testigo de la fiscalía, quien cayó desde la ventana de un hotel en Coney Island mientras estaba bajo custodia policial. Aunque la muerte se registró oficialmente como un accidente, las circunstancias generaron sospechas que nunca se disiparon del todo. Pese a eso, el testimonio de Reles ya había sido suficiente para sostener las principales condenas. Con la ejecución de Buchalter en 1944, Murder Inc. dejó de existir como estructura operativa. El suyo fue el único caso de un jefe mafioso de ese nivel ejecutado por el Estado estadounidense.
El caso dejó huella en quienes lo llevaron adelante. William O’Dwyer, fiscal de Brooklyn que encabezó la ofensiva judicial contra Murder Inc., alcanzó la alcaldía de Nueva York, aunque más tarde fue cuestionado por presuntos vínculos con el mundo criminal. Burton Turkus, fiscal adjunto que condujo los principales juicios, se consolidó como figura pública, ofreció conferencias, participó en programas de radio y publicó el libro Murder Inc., que se transformó en obra de referencia sobre la organización. Ocho décadas después, la historia de Murder Inc. sigue siendo uno de los episodios más emblemáticos del crimen organizado en Estados Unidos, marcada por los nombres de Louis “Lepke” Buchalter, jefe de la banda; Albert Anastasia, su sucesor y ejecutor principal; Abe Reles, principal testigo y delator; Harry Strauss, el sicario más prolífico; Meyer Lansky, cerebro financiero del hampa; Bugsy Siegel, uno de los fundadores y operadores violentos; William O’Dwyer, el fiscal que los llevó a juicio; y Burton Turkus, el fiscal adjunto que documentó el caso.
Fuente: Infobae