No data was found

Coleccionar figuritas: pasión que cambia pero no muere

Un niño de cinco años abre con ansias su primer paquete de figuritas del Mundial 2026. Rompe el papel laminado y, de repente, grita: “¡Me tocooooó Meeeeeeeessi! ¡Vaaaaaamos!”. Los padres corren a ver ‘LA figurita’, esa que todo el mundo quiere, la más difícil. Toda la familia se abraza y salta: ‘¡Tenemos a Messi!’.

Así comienza una historia que refleja la pasión eterna por las figuritas. Pero detrás de esa escena cotidiana hay un universo más profundo, que Rafael Bitrán conoce bien. Bitrán es dueño de El Debate, una librería de usados en el barrio porteño de Once, especializada en libros, revistas, discos y, por supuesto, figuritas.

La librería El Debate está ubicada en Once y ofrece compra-venta de libros, revistas, figuritas y discos

—[Este lugar] siempre fue lo que estás viendo. Siempre estuvo acá y tuvo esta misma esencia —dice Bitrán, un historiador y docente de secundaria que encontró en las figuritas una pasión que lo acompaña desde niño.

La librería abrió en 1992 con dos socios. Pronto empezaron a llegar figuritas, y Bitrán retomó el hobby que había dejado en la primaria. “En el 77, que yo termino la primaria, dejo de coleccionar. Me encantaban, pero en toda mi secundaria y universidad no pensé ni una vez en las figuritas”, recuerda. Sin embargo, al encontrar una bolsa con figuritas de su infancia guardada en lo de su madre, sintió un chispazo. Empezó coleccionando de Boca, luego todo lo de su época, y después se amplió a figuritas argentinas de 1900 a 1985.

Bitrán no solo colecciona; también ha escrito libros como Figuritas y fútbol. Más de un siglo de historia y pasión y Estampa de campeón extra. La historia de Boca en figuritas, en coautoría con otros apasionados.

Rafael Bitrán cuenta que el primer álbum del Mundial, en Argentina, apareció en 1974 —aunque el primer álbum oficial de Panini había aparecido para el de México de 1970—. Antes de eso no existían álbumes específicos (Franco Fafasuli)

Una clienta entra preguntando por El fantasma de la ópera. Bitrán no lo tiene, pero la invita a mirar.

Bitrán no recuerda su primer álbum, pero sí que coleccionó entre 1972 y 1977. Entre las figuras difíciles de su infancia que nunca encontró estaban “Carrascosa, del álbum del 76; Mukombo, del Mundial 74; la mona Chita, de Tarzán; el cubito y el piolín, de La Pantera Rosa; la 23 de Star Wars”. De grande, al abrir la librería, pudo conseguirlas, lo que llama “una reparación histórica”.

En los 90, sin redes sociales, publicaba avisos en la revista Segundamano. Hoy, la difusión de sus libros hace que la gente le ofrezca figuritas. Para Bitrán, “la búsqueda y el hallazgo es tan o más importante que la posesión”.

Bitrán publicó tres libros sobre sus colecciones de figuritas. Dos de ellos junto a Francisco Chiappini (

La colección creció sin planearlo. “Hay gente que me dice: ‘Uy, qué visionario’. Nada, nada de visionario. Me gustó, me empecé a enganchar”, dice. El primer libro, Malditas difíciles, salió en 2002, y luego Ídolos en cartón con Francisco Chiappini. La respuesta del público le mostró que era algo más que un hobby.

Los libros se agotaron.

Lo que más disfruta coleccionar son figuritas de fútbol antiguas. No junta lo contemporáneo, su motivación está en la búsqueda de esas estampas que sobreviven al tiempo

Otra clienta entra y pregunta si compra libros. Bitrán le ofrece otras opciones: figuritas, estampillas, aunque el ruido de la calle dificulta la conversación.

Bitrán explica que en la librería se funden sus pasiones: la historia, las figuritas y los libros. Reflexiona sobre el coleccionismo actual: “Las figuritas han ido muriendo en Argentina, incluso hoy. Hay una paradoja: los mundiales se han transformado en un evento, y coleccionar figuritas es una continuidad y un cambio”. La esencia sigue siendo la misma: la sorpresa de abrir un paquete, la ansiedad, el canje. Pero el marco ha cambiado: antes se jugaba más con las de cartón; ahora son autoadhesivas. Además, “hay una diferencia abismal en la visión. Hoy juntan los padres, los padres con los hijos. Se ha transformado en un show. Tiene que ver con una sociedad cada vez más consumista”.

Bitrán coleccionó figuritas cuando era niño y luego volvió a comenzar en 1992, cuando se recibió de historiador y profesor de Historia, abrió la librería de usados y volvieron a aparecer en su vida (Franco Fafasuli)

Como historiador, Bitrán cuenta que el primer álbum del Mundial en Argentina fue en 1974, aunque el oficial de Panini apareció en 1970. Antes, las figuritas no existían como producto independiente: “aparecieron por primera vez como imágenes accesorias que acompañaban a otros productos que se buscaba vender”, como cigarrillos, chocolates o golosinas. La protofigurita acompañaba al cigarrillo a fines del siglo XIX. Recién en los 40 empezaron a venderse solas en sobres. El boom llegó con la televisión en los 50 y 60.

Cambio y continuidad.

Los libros sobre las colecciones de figuritas se agotaron y los autores publicaron reediciones en las que añadieron nuevas que encontraron después de las primeras publicaciones

Bitrán sigue coleccionando hasta 1985. Tiene entre 200 y 300 álbumes y miles de figuritas, ordenadas pero no expuestas. No colecciona lo contemporáneo; prefiere la caza de tesoros perdidos: “Traer del pasado algo que está ahí, medio perdido”. Sin embargo, acompañó a su hijo de 24 años al Parque Rivadavia para canjear figuritas del Mundial actual. “Me sigue gustando porque la esencia sigue siendo la misma… Pero vuelvo: es un objeto que podés conseguir en un kiosco, entonces a mí no me resulta divertido”.

Advierte sobre la delgada línea hacia la obsesión: “Hay que tener mucho cuidado de no cruzar una delgada línea a la obsesión”. Cita a un periodista deportivo: “El fútbol es una de las cosas más importantes dentro de las menos importantes”. Y añade: “Con los problemas sociales, no podés estar todo el tiempo pensando en figuritas. Esto distrae, permite alienarse un poco, pero no hay que correr el riesgo de alienarse totalmente”.

Rafael Bitrán:

Un joven entra buscando Pedro Páramo. Bitrán lo encuentra y lo vende por $7000, aceptando Mercado Pago. Cambio y continuidad.

Fuente: Infobae

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK

TWITTER