La trayectoria de Fernando Alonso siempre ha estado marcada por la velocidad, la resistencia y una habilidad innata para identificar oportunidades donde otros solo ven riesgos. Sin embargo, en el mundo de los negocios, incluso los campeones del mundo pueden enfrentar obstáculos imposibles. Kimoa, la firma de moda que el piloto asturiano lanzó en 2017 con la meta de convertirla en un referente internacional del estilo de vida, ha cerrado definitivamente, poniendo fin a una aventura empresarial que duró casi una década, según ha trascendido.
La noticia se conoció luego de confirmarse que la sociedad española que sostenía la marca, Quimoalar S.L., ha entrado en fase de liquidación concursal. Este movimiento legal representa el punto final para un proyecto que fue, durante mucho tiempo, la extensión de la propia identidad de Alonso fuera de los circuitos de Fórmula 1. El cierre ocurre en un momento de extraño contraste vital para el piloto: mientras su faceta empresarial recibe este duro golpe, su vida personal atraviesa un periodo de felicidad inédita.

Kimoa no fue una simple inversión para Fernando Alonso; fue un proyecto nacido de su propia filosofía de vida. Lanzada en 2017, la marca buscaba transmitir el espíritu relajado, deportivo y sostenible que tanto identificaba al asturiano durante sus momentos de descanso. Inspirada en la estética de las playas de California y con una apuesta decidida por los materiales reciclados, la firma pretendía ser mucho más que una tienda de ropa: quería vender una actitud ante el mundo.
El declive de Kimoa, la empresa de Fernando Alonso
Durante sus primeros años, el despegue fue fulgurante. Alonso utilizó su inmenso altavoz mediático para convertir las gorras, sudaderas y gafas de sol de Kimoa en objetos de deseo para miles de aficionados. El logotipo de la marca llegó incluso a aparecer en los monoplazas de McLaren, la escudería británica en la que militaba Alonso por aquel entonces, otorgando a la firma una visibilidad global que pocas startups de moda podrían soñar.
Los datos iniciales invitaban al optimismo. Kimoa llegó a superar el millón de euros en facturación y consolidó una presencia online envidiable. Sin embargo, detrás del brillo de los focos y el marketing masivo, la estructura financiera de la compañía empezó a mostrar síntomas de agotamiento. El crecimiento inicial no logró transformarse en una viabilidad económica a largo plazo. A medida que pasaban los ejercicios, los ingresos comenzaron a caer de forma progresiva. En el año 2020, marcado también por la crisis global de la pandemia, la compañía registró una reducción cercana al 20% en sus ventas respecto a años anteriores.

En un intento desesperado por salvar su creación, Fernando Alonso tomó una decisión estratégica en 2021: vendió el 75% del capital a la empresa estadounidense Revolution Brands, quedándose él con una participación minoritaria. El plan era ambicioso: inyectar capital internacional, profesionalizar la gestión y darle un nuevo impulso comercial que rescatara la marca. Pero el movimiento no surtió el efecto deseado.
La actividad de la firma fue languideciendo paulatinamente. Las redes sociales, antaño vibrantes y llenas de contenido, dejaron de actualizarse hace meses. Hoy, el golpe es evidente: incluso el dominio web de la marca aparece en venta, una señal inequívoca de que Kimoa ya es historia en el mercado textil. El adiós definitivo de su sociedad coincide con uno de los mejores momentos personales del piloto, quien se encuentra disfrutando de su faceta de padre tras el nacimiento de su primer hijo con Melissa Jiménez.
El nacimiento del pequeño Leonard ha supuesto una revolución en la rutina del bicampeón del mundo, quien parece haber encontrado en Melissa —que ya aporta experiencia como madre de tres hijos de su relación anterior con Marc Bartra— la estabilidad que tanto buscaba. Ahora, el cierre de Kimoa supone el fin de una puerta que Fernando Alonso abrió con ilusión hace casi diez años.
Fuente: Infobae