Desde Miami, Estados Unidos. La rivalidad entre China y Estados Unidos ha generado una fractura sin precedentes en América Latina, y el expresidente Donald Trump ya diseñó una estrategia para frenar el avance geopolítico de Xi Jinping. La iniciativa de la Casa Blanca ha dividido a la región en dos bandos bien definidos.
Por un lado, naciones como Argentina, Paraguay y Chile han optado por alinearse con Washington. En el otro extremo, Brasil, Colombia y México mantienen un firme respaldo a los intereses de Pekín. Esta dinámica, calificada como inédita en la historia reciente del continente, será el eje central de la última sesión de la Conferencia de Seguridad Hemisférica, organizada por la Universidad Internacional de Florida (FIU) y la Fundación Tadea.
El mecanismo de contención desplegado por Estados Unidos descansa sobre tres pilares fundamentales: el Corolario Trump a la Doctrina Monroe, los acuerdos bilaterales sobre minerales críticos, y la iniciativa denominada Escudo de las Américas. Frente a esta ofensiva, China contraataca ofreciendo cooperación económica, acceso a mercados comerciales, créditos blandos para infraestructura pública y tecnología a precios irrisorios.

La división regional se hace evidente sin filtros en el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA). Mientras Brasil, Colombia y México conforman una troika alineada con China, países como Argentina, Paraguay y Bolivia suelen respaldar automáticamente las posturas de la Casa Blanca. Para analizar esta dinámica, Adrienne Ross, experta en política exterior, entrevistará al embajador de Estados Unidos ante la OEA, Leandro Rizzuto.
Rizzuto conoce en detalle la visión que Donald Trump tiene para América Latina. En su rol dentro del organismo multilateral, el diplomático estadounidense trabaja intensamente para evitar que el secretario general de la OEA, Albert Ramdin, incline la balanza a favor de los socios regionales de Xi Jinping. La pugna entre las dos potencias no se limita a la OEA; también se manifiesta en la ONU, donde la influencia de Pekín se fortalece gracias a su condición de miembro permanente del Consejo de Seguridad.
En este contexto, Mike Waltz, embajador de Trump ante Naciones Unidas, será otro orador de peso en la conferencia. Antes de asumir ese cargo, Waltz se desempeñó como consejero de Seguridad Nacional y conoce a fondo la realidad política latinoamericana. Su intervención será moderada por Slomi Dinar, decano de la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales de la FIU.

La confrontación entre Washington y Pekín se extiende más allá de los foros multilaterales y alcanza un terreno estratégico: el control de los minerales críticos, insumos indispensables tanto para la industria civil como para la militar. Estados Unidos ha impulsado una diplomacia agresiva para impedir que China se apodere de las vastas reservas que posee América Latina.
En esa línea, la administración Trump ha sellado acuerdos con Argentina, Bolivia, Paraguay, El Salvador, Ecuador, Chile y República Dominicana, entre otros países de la región, para establecer una agenda común que permita preservar el control de esos recursos ante el avance chino. Además de asegurarse estos insumos, Estados Unidos busca bloquear las aspiraciones de Pekín de manejar infraestructura clave en el continente.

Los resultados de esta estrategia ya se empiezan a ver. China perdió el control del Canal de Panamá, fracasó en su intento de construir un puerto de aguas profundas en el sur de Argentina y prácticamente ya no accede a licitaciones públicas para instalar redes tecnológicas de transmisión de datos. Estos temas serán debatidos por un panel de lujo que incluye a Kevin Cabrera, embajador de Estados Unidos en Panamá; Bernie Navarro, embajador en Perú; y Jay Kramer, director de Asuntos Públicos de Citadel.
La jornada de clausura de la conferencia, organizada por la FIU y la Fundación Tadea, también dedicará un espacio para analizar la crisis humanitaria y de seguridad en Haití, un país que actualmente se encuentra bajo el control del crimen organizado y que sigue esperando el despliegue de las tropas prometidas por las Naciones Unidas.
Fuente: Infobae