Una de las consultas más habituales en la columna de consejos de la psicoterapeuta Lori Gottlieb aborda el difícil equilibrio entre el cuidado personal y la amistad. Una lectora, soltera y con más de 40 años, se enfrenta al dilema de asistir a la boda de una amiga muy querida o mantener su escapada anual al concierto de su banda favorita, un evento que considera vital para su bienestar emocional.
La lectora explica que la fecha de la boda, que será el segundo matrimonio tanto para la novia como para el novio, coincide con un viaje que realiza desde hace años con otra amiga. Aunque reconoce que debería ir a la boda para no herir a la novia, también siente que faltar al concierto sería una traición a sí misma y a su otra amiga. “Soy soltera, y la soledad y el desamor han sido casi constantes en mi vida adulta”, confiesa, recordando una dolorosa experiencia en una ceremonia de renovación de votos que la llevó a prometerse que no asistiría a más bodas.
La situación se complica porque la lectora no quiere lastimar a su amiga, quien es comprensiva con su realidad de soltería. Sin embargo, el conflicto de fechas la obliga a elegir entre dos compromisos importantes. Gottlieb, autora del bestseller Deberías hablar con alguien, ofrece una perspectiva que invita a replantear el dilema:
“Parece que estás lidiando con lo que significa estar presente para tu amiga que se va a casar, pero quiero que también consideres la otra cara de la moneda: lo que significa que ella se muestre a tu favor mientras luchas con la soltería.”
La terapeuta destaca que muchas personas no comprenden el dolor de la soltería crónica, que se activa tanto en la vida cotidiana como en eventos como bodas. A diferencia de la infertilidad, que a menudo se percibe como una fase con solución, la soltería prolongada puede ser vista como una elección, generando juicios hacia quienes deciden protegerse. “Temer ver a otras personas proclamar su amor no te hace egoísta. Te hace humana”, afirma.
Gottlieb sugiere que la lectora se pregunte qué tipo de presencia puede ofrecer a su amiga: si asiste con alegría genuina, puede ser una razón para ir; si va con resentimiento y tristeza, quizás no sea la mejor opción. Alternativas como escribir una carta sincera, elegir un regalo significativo o compartir una actividad privada pueden honrar la amistad sin los detonantes emocionales de una boda.
Con respecto a la culpa, la experta señala que “la culpa no indica maldad” y que la lectora tiene derecho a necesitar alegría y protegerse. Si decide no asistir, puede comunicarlo con honestidad: “Me alegro mucho por ti y quiero que sepas lo importante que eres para mí. Al mismo tiempo, sabes cómo lucho contra la soledad y el no haber encontrado pareja, y necesito cuidarme en torno a esto”. Explicar la importancia del ritual anual de conciertos y proponer otra forma de celebrar permitirá que la amistad se fortalezca desde la comprensión mutua.
En definitiva, la clave está en responder con sinceridad a la pregunta: “¿Qué tipo de presencia puedo ofrecer a mi amiga?” y luego tomar una decisión que respete tanto la amistad como las propias necesidades emocionales.
Fuente: Infobae