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Jubilarse en Bari: playas, gastronomía y costos accesibles en Italia

Encontrar el destino perfecto para la jubilación es una decisión muy personal. Hay quienes prefieren un lugar frente al mar, otros disfrutan de la vida urbana, y no faltan los que buscan un rincón tranquilo rodeado de naturaleza. Por eso existen tantos listados de mejores destinos para retirarse, con resultados que varían según los criterios de cada publicación. Sin embargo, hay nombres que aparecen una y otra vez en múltiples rankings, y uno de ellos es Bari, Italia.

Esta ciudad, que es la capital de la región de Apulia, se destaca por sus precios asequibles, el ambiente mediterráneo y una oferta completa de servicios urbanos. Con un presupuesto modesto, es posible mantener un nivel de vida cómodo, con una relación calidad-precio muy superior a la que ofrecen otros destinos europeos. Además, Bari no sufre el mismo nivel de turismo masivo que otras localidades italianas, lo que permite a los jubilados disfrutar de costos bajos en restaurantes y supermercados, con una gastronomía local ampliamente reconocida.

Para los ciudadanos de la Unión Europea, instalarse en Bari es un proceso sencillo: pueden hacerlo sin necesidad de visado y acceder al sistema sanitario público una vez que se registren como residentes y obtengan la tarjeta sanitaria. En cambio, los ciudadanos de países extracomunitarios deben solicitar una visa de residencia, demostrar solvencia económica y contratar un seguro médico privado durante el período de transición.

La tendencia actual de buscar alternativas a los clásicos destinos de jubilación en Europa, como Portugal o Canarias, responde al encarecimiento y la saturación turística en esos lugares. En comparación, Bari, con su encanto histórico y su vida costera, ofrece hoy en día precios claramente más favorables en alquiler y servicios.

Qué ver en Bari

Bari se distingue por su combinación de historia, vida urbana y tradición mediterránea. El casco antiguo, conocido como Bari Vecchia, es el punto de partida habitual para los visitantes. Allí se pueden recorrer calles empedradas, visitar plazas como Ferrarese y Mercantile, y observar la vida cotidiana de los lugareños y los estudiantes universitarios.

Entre los principales atractivos del centro destacan la basílica de San Nicolás, construida en el siglo XII para custodiar las reliquias del santo, y la catedral basílica de San Sabino, famosa por su cripta edificada sobre cimientos romanos. Cerca de allí, el castillo normando-suevo, levantado en el siglo XII y reconstruido tras la guerra bizantina, funciona actualmente como museo. El recorrido urbano suele combinarse con paseos por el Lungomare, una avenida marítima de nueve kilómetros que conecta el barrio antiguo con las zonas de ocio costero y es una de las más extensas de Italia.

Las opciones para darse un baño dentro de la ciudad incluyen la playa de Pane e Pomodoro, ubicada cerca del centro y apta tanto para familias como para quienes buscan un acceso rápido al mar. En los alrededores, Polignano a Mare y la playa de San Vito destacan como puntos de referencia para el baño. En San Vito, las barcas de pescadores y las piscinas naturales de roca amplían la oferta de ocio. Hacia el sur, Monopoli sobresale por su centro histórico de mayor tamaño, sus zonas peatonales y sus restaurantes junto al mar, manteniendo el encanto de las calles típicas italianas.

Fuente: Infobae

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