El debate sobre la tecnología y el uso de teléfonos móviles en las escuelas argentinas cobra fuerza mientras especialistas, familias y autoridades buscan salidas. ¿Qué función desempeña hoy la tecnología en la enseñanza? ¿Cuáles son los efectos de su utilización y de su prohibición? Darío Álvarez Klar, presidente ejecutivo de la Asociación Civil Hub Educación & Innovación y experto en educación, ofreció su análisis en una entrevista.
“La educación no es una prioridad para la mayoría de los gobiernos de los últimos años”, aseguró. “Va de la mano con que muchas veces no tenemos un proyecto de país claro. Cuando no hay un proyecto de país claro, tampoco está claro qué educación queremos”, explicó el especialista.
También destacó que la ausencia de planificación a largo plazo perjudica directamente la calidad educativa. “Es una de las verticales en las que se piensa el país para los próximos treinta o cuarenta años. Cuando esto no es una prioridad, o solo se discute el financiamiento, se pierde de vista el fondo: cómo y para qué se aprende, a quiénes se está educando y en qué sociedad”.
El debate global sobre los celulares en las aulas
Un informe reciente de The Washington Post sugiere que la prohibición de teléfonos móviles en clase no afecta de forma notable el rendimiento ni la atención de los estudiantes. Al respecto, Darío Álvarez Klar comentó: “Yo no lo descalifico. No lo aseveraría de una manera tan terminante como lo hace The Washington Post”.
En ese sentido, indicó que “hace años venimos haciendo investigaciones en nuestra red y en otros lugares. Hay dos grandes bisagras con el tema de la tecnología. Una, como dice el libro La generación ansiosa, de Jonathan Haidt (2009), con la llegada de los teléfonos inteligentes fue un cambio. Postpandemia fue otro cambio, porque era la única forma de conectarnos”.
El especialista puso énfasis en el efecto sobre el bienestar emocional de los jóvenes. “Las consecuencias de chicos y chicas postpandemia, especialmente adolescentes, fue atroz. Consecuencias vinculadas con su emocionalidad. La permanencia del celular en el aula sin duda generó distracción, interrupciones, ansiedad. Los que hicimos cambios con respecto a eso vemos cambios positivos. No podemos asegurarlo como el Washington Post”.
Al referirse a experiencias en otros países, Álvarez Klar señaló: “En Australia se dice que después de haber sacado durante seis meses el uso de redes para menores de dieciséis años, sigue habiendo chicos menores en las redes y no generó algo que nosotros aprendimos que se llama anhedonia, que tiene que ver con un estado de absoluta insatisfacción y casi de depresión por el uso permanente de tecnología”.
Experiencias y propuestas en escuelas argentinas
En cuanto a las medidas adoptadas en Australia, resaltó el enfoque en la responsabilidad de las plataformas digitales. “Australia, la medida interesante que tomó, que para mí es ejemplificadora, es que empezó a pensar en multar o penar a la red social, no al chico o a la familia. Como diciendo, si la red social no tiene forma de verificar que ese chico es menor de dieciséis años y entró, te voy a demandar, te voy a penar”, explicó.

Sobre las tendencias recientes, detalló lo ocurrido en Suecia: “La decisión había sido volver al papel, a la clásica lapicera y dejar la tecnología incluso en ese tipo de utilidades. Quienes incluyeron el uso tecnológico en las aulas para aprender entendieron veinte o treinta años después que hoy todo eso lo que está haciendo es sabotear el aprendizaje, el raciocinio y la capacidad de entendimiento del alumno”.
Según Álvarez Klar, hallar el equilibrio entre la tecnología y los recursos tradicionales es esencial. “No hay que tener un único camino. Cuando la tecnología fue la solución, lo que sabemos es que hoy sin tecnología no se aprende”.
Asimismo, el profesional precisó que en 2023, la UNESCO lo señaló en un informe llamado “James”: “sin tecnología no se aprende. Ahora, la tecnología no es garantía de aprendizaje. Por otro lado, dejar de lado el lápiz, el papel y el libro anula ciertas habilidades”, contó.
En este aspecto, explicó que el trabajo en la escritura manual genera una estimulación cerebral, “en la memoria y conexión de ciertas áreas que si no, no se despiertan más”.

Obsolescencia del sistema educativo y asistencia escolar
El sistema educativo argentino también fue analizado por el entrevistado. “¿El sistema educativo en nuestro país quedó obsoleto? Respuesta corta, sí. No da las respuestas suficientes. Hay grandes intentos por actualizar, pero todavía no es una cuestión sistemática”.
Álvarez Klar vinculó el problema con la asistencia a clases y la motivación: “La baja asistencia tiene que ver con la brecha de accesibilidad, chicos que pueden ir a la escuela y que no. Pero también tiene que ver con el interés. Primero, con que la familia crea que es importante ir a la escuela, que pasen cosas importantes, pero también con una escuela que sea un lugar seguro y atractivo, que a un chico le genere interés”.
Aseguró que la innovación educativa no se limita a incluir tecnología: “Cuando hablamos de innovación en educación, no es poner tecnología o no, es otras prácticas de enseñanza y aprendizaje. Cuando un docente en soledad cierra la puerta y cree que su aula es el mundo y hace lo que quiere y afecta a esos chicos con un modelo viejo, anticuado, está condicionando el aprendizaje”.

Desafíos para las familias frente a las pantallas y alternativas
Sobre el papel del hogar en la relación de los niños con las pantallas, Álvarez Klar recomendó: “El primer consejo es no sentir culpa, porque decir nadie puede tocar una pantalla y está mal. Pasar de alguien que estaba cinco horas con pantalla es imposible. Es casi adictiva hoy el celular. El adulto tiene que tratar de agotar las instancias de creatividad y en aquellos momentos que puede, no acudir a la pantalla, ir reduciéndola”.
Sugirió opciones sencillas: “Los chicos, las nenas, los nenes chiquititos, muchas veces con pequeñas cosas se entretienen. Antes de darle el celular, a veces darle dos tuppers con tapa, por ahí se inventan desde ruidos, sonidos y por ahí es descubrir cosas, qué le gusta, qué puede hacer. No es la única solución, no es el celular o el tupper. Me parece que tiene que ver con pensar en otras alternativas, ofrecerle cosas”.
En cuanto a los límites en el uso de la pantalla, enfatizó: “No vivirlo con culpa, pero con responsabilidad. Decir bueno, pruebo. Cuando voy al baño tengo miedo que le pase algo, le doy esto, pero no la dejo una hora y media porque fui quince minutos al baño. Entonces bueno, le dejo un ratito el celular, pero es el primer video y hasta también hacerlos responsables”.
Fuente: Infobae