No data was found

Bienal de Venecia 2026: Matías Duville invita a caminar sobre un paisaje mutante de sal y carbón

Los días previos a la inauguración de la Bienal de Venecia fueron intensos para el artista Matías Duville. Al frente del pabellón argentino, el creador no se limitó a construir un simple paisaje: concibió una especie de “mini ópera”. Para ello, empleó treinta toneladas de sal y varios tipos de carbón en polvo, materiales que dan vida a Monitor Yin Yang, una propuesta integral que también incorpora elementos sonoros, lumínicos y atmosféricos, bajo la curaduría de Josefina Barcia.

Los materiales fueron dispuestos sobre una plataforma transitable, lo que permite que la obra cambie constantemente su aspecto gracias a la interacción del público. La instalación ocupa los 500 metros cuadrados del pabellón, un espacio que siempre representa un reto debido a la estructura del Arsenale. Este lugar funcionó como el astillero y base naval más grande y eficiente de Europa durante la era preindustrial.

“La sal remite a los océanos y el carbón para mí tiene muchas lecturas. Puede ser como más la parte terrestre, como un mundo en cenizas. Es una mezcla de materiales que tiene un alto contraste,” comentó Duville durante un encuentro virtual con Infobae Cultura, antes de la apertura.

Este trabajo marca un paso importante en su trayectoria artística. La exploración de “grandes territorios, donde hay escenas muy dinámicas sobre el caos natural y otras más congeladas”, así como la presencia del caos “pero a nivel más molecular”, ya aparecía en obras anteriores, pero nunca a esta escala.

“Monitor Yin Yang”, una propuesta con 30 toneladas de sal y carbón (@adrianopedrosa)

“Me gusta pensar que todo está ocurriendo. Todas son escenas de acción, dinámicas con distintas direcciones, que tienen que ver con los puntos cardinales, pero me interesa hurgar en lo que pasó, aunque parezca que no pasa nada, está ocurriendo”, señaló el artista.

En esta ocasión, Duville va más allá. No solo genera un paisaje habitado por el caos, sino que la obra en sí misma es caos constante, un territorio en permanente metamorfosis donde los cambios son inevitables, convirtiendo al visitante en un protagonista esencial de la experiencia.

El montaje comenzó un mes antes del inicio del evento más relevante del arte contemporáneo. Según relata, la preparación exigió normas estrictas de seguridad y una logística considerable para distribuir la sal —de un gramaje industrial específico— y el carbón pulverizado, con variantes de textura, lo que lo mantuvo trabajando intensamente.

Para esta polémica edición de la Bienal 2026, que abre al público el sábado 9 de mayo y se extiende hasta el 22 de noviembre, Duville integra los elementos en busca de la “fusión perfecta”. Propone una experiencia en el piso, pensado como un territorio mental y físico que los visitantes deben conquistar, en lugar de intervenir paredes o techos.

El artista Matías Duville y la curadora Josefina Barcia (Foto: Estrella Herrera - Cortesía Barro Galería)

“El público caminará sobre una topografía de sal y carbón que mutará a partir del propio tránsito y de variables ambientales. La sal es parte del pasado, como la primera gran fuente de riqueza de Venecia, además”, explicó. El uso del mineral remite tanto a lo comercial —de ahí la palabra ‘salario’— como a las primeras formas de conservación de la carne. A través del uso de la leña, devenida en carbón, se conformó el inicio de las sociedades colaborativas, cuando, antes de que la historia fuera escrita, los humanos se reunían en torno al fuego para compartir alimento.

En esa unión entre el mineral y el elemento químico fundamental para la vida, existe una cuestión que trasciende el contraste visual y nos lleva por derroteros más existenciales: el devenir de la humanidad en un camino.

“Me gusta esta idea de conquista en el buen sentido, de invitar al visitante a no mirar todo desde la distancia. Todo lo contrario, yo soy parte de eso, puedo caminar sobre eso, experimentar esto desde el adentro y puedo ser el que modifica esa superficie”, afirmó.

Los materiales también pueden leerse desde la historia personal de Duville, quien tiene “una conexión muy fuerte con el océano”. Sus motivaciones se anclan en el paisaje costero argentino, especialmente Mar del Plata y el sur patagónico, asociados a recuerdos familiares y al trabajo de su padre como biólogo marino. Así, el artista asimila la manipulación de la sal a “manipular océanos” y atribuye a la fusión con el carbón referencias a la dualidad tierra-mar, pasado-presente, combustión y preservación, con sus memorias como motor interior.

Detalles de la obra 'Monitor Yin Yang' que representa a la Argentina en la Bienal de Venecia

Si bien no nací en Mar del Plata, me considero marplatense porque de muy chico nos mudamos para allá. Mi papá era químico y trabajaba en biología marina en el sur. Tengo muchos recuerdos de los primeros viajes y el encuentro con el primer gran paisaje, con toda la zona costera del sur, pero también lugares como el bosque petrificado”, relató.

Sobre el título de la obra, que fue seleccionado entre 69 postulaciones, sostuvo que “tiene algo de esta dualidad entre abrazar el territorio vasto o lanzarse a un gran territorio, pero a la vez, en el fondo de la mente, sentir una especie de control”.

“Como que todo eso está monitoreado, el control de distinta manera, desde muchos ángulos. Puede ser autocontrol, control externo de dominio sobre ese territorio, control digital, tecnológico. Me gusta hurgar ahí, entre esta fantasía de lanzarse a esos grandes descampados, pero a la vez, como este intersticio, no solo pensando en un control ajeno, sino como decir: ‘Puedo hacer lo que quiera, pero también puedo ser sigiloso para ver de qué se trata este terreno’”, agregó.

“Me gusta usar algo como de dominio público universal, como es el yin y yang, que tiene que ver con la transformación, con la mezcla de estos dos polos opuestos que se van a ir fusionando y que, seguramente, se van a ir haciendo caminos que son intuitivos y algunos otros que son aleatorios”, puntualizó.

Matías Duville trabajando en

Otra característica destacada del proyecto es su dimensión sonora. Las pistas compuestas por Centoya Society —grupo que Duville integra junto a su hermano Pablo— serán moduladas en tiempo real por las condiciones atmosféricas internas del pabellón, a través de una aplicación digital conectada a sensores específicos.

“Grabamos muchos tracks que tienen que ver con la instalación, con las imágenes, las escenas dibujadas sobre esta superficie. Pensamos que faltaba algo más y entramos en diálogo con un equipo que trabaja con Alvis Vidolin, un músico experimental italiano muy importante”.

“Empezamos a ver la posibilidad de que este sonido esté afectado por una variable random. El aire está compuesto por varios elementos, por ejemplo, ozono y otros quince, que van modificándose; entonces ese programa afecta estos tracks, generando un sonido que va a ser siempre distinto. Esos puntos de los elementos del aire te van ecualizando y te van haciendo mover y mapear el sonido”, detalló Duville.

Esta conjunción de territorio, sonido y luces, comentó, le otorgan a Monitor Yin Yang una estructura de “mini ópera” que “cae en un momento justo para hacerla”. Tras varios intentos de aplicar a la Bienal, el proyecto “se adapta muy bien a este pabellón” y quizá “los anteriores fueron como un entrenamiento para éste”, concluyó.

Fuente: Infobae

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK

TWITTER