“Mi hija con apenas 17 años fue prostituida por un mafioso que la enamoró para explotarla y se la llevó con él. La terminé encontrando en una morgue. Ya pasaron 35 años y desde entonces sigo luchando contra estos delincuentes que seducen a las chicas y las terminan matando”, relata Margarita Meira, quien en enero de 1991 vivió la desaparición de su hija, Susana Betker, a manos de Luis Rafael Olivera, un hombre 25 años mayor que la sedujo y se la llevó.
Ese día, los padres habían salido juntos a realizar trámites y al regresar se encontraron con la angustia de no saber dónde estaba su hija. Olivera era sospechoso de vínculos con el narcotráfico y otros delitos, pero ya era tarde: Susi apareció muerta el 23 de marzo de 1992, con dos meses de embarazo, víctima de una red de trata de personas.
La lucha incansable de Margarita
Desde entonces, Margarita se empeñó en una batalla diaria contra estas mafias y creó “Madres Víctimas de Trata”, una ONG reconocida en 2015, que localiza y ayuda a mujeres secuestradas y rescatadas gracias al esfuerzo que despliegan al recibir las denuncias.

“Tipos como el que se llevó a mi hija usan a las jóvenes para engañarlas, las van conquistando, les hacen el juego del novio y después las prostituyen y las hacen vender droga, lo que conforma un negocio millonario junto a la trata de personas y la explotación sexual”, explica la mujer.
“Mi hija fue prostituida en dos boliches en los años 90. Esta gente busca chicas humildes y las ilusionan. Saben que sus familias no tienen recursos ni contactos para impulsar sus búsquedas. A mí me pasó, por eso doy testimonio. Hasta que se llevaron a Susana, poco o nada sabía de secuestros para someter a las víctimas a la prostitución. Se aprovecharon de que éramos pobres y vulnerables como sigue ocurriendo, porque poco y nada se sigue haciendo desde el Estado y las fuerzas policiales contra este flagelo que se lleva lo más preciado, nuestras hijas”, prosigue Meira.
“Nuestra causa terminó prescribiendo como les pasa a muchas víctimas. Yo a este Olivera que se llevó a mi hija hace mucho que no lo veo y no sé nada de él. Creo que andaba por Mendoza. No sé si todavía vive. Yo hice la denuncia en su momento, hice todo lo que pude en medio de mi ignorancia, como toda mamá a la que le desaparece una hija, pero fue insuficiente porque el sistema está corrompido, por eso empecé a luchar por las mías”, sostiene Margarita.
Margarita asegura que cuando una nueva víctima desaparece, nunca la buscan en los prostíbulos. Y afirma, según su experiencia, que hay más de treinta mil prostíbulos en todo el país.

“Con mi marido pensamos que a nuestra hija este tipo se la había llevado para vender drogas, pero además la prostituyó”, explica. Susana fue encontrada en un pequeño departamento; el informe policial indicó que la muerte fue por inhalación de monóxido de carbono.
Margarita sostiene la hipótesis de que dejaron abierto el gas a propósito mientras Susana descansaba, cerraron ventanas y obstruyeron la salida de aire del calefón. Aunque el cuerpo presentaba moretones, señal de que Olivera la habría golpeado, la causa se caratuló como “muerte dudosa” y prescribió sin culpables.
Hoy, más de tres décadas después, Meira reflexiona: “Una nunca piensa que le va a pasar esto. Pero te aseguro que desde el principio tuve toda la justicia en contra, la policía en contra. Las denuncias que hacía, en su mayoría, no llegaban a la fiscalía. Aparentemente las rompían en la comisaría quinta donde me presenté. Pero yo desconocía cómo funcionaba todo y la corrupción que había”.
Y añade: “Todo me costó mucho, pero lo que más me duele es que después de tantos años siga pasando lo mismo. Y peor, porque con el auge de las redes sociales la trata se potenció. La situación está peor que nunca, con la trata a través de la tecnología y las porno web. Lo rescatable es que el año pasado ganamos el primer juicio en el mundo contra la porno web. Un Tribunal Oral Criminal Federal de Comodoro Py dijo que el fallo debe ir a todas las plataformas, porque está claro que en muchas se produce y alienta la trata. Nuestra lucha ahora es que se cumpla. Y que esas plataformas digitales que explotan mujeres y hombres dejen de existir. Antes pedíamos que se cierren los prostíbulos, ahora tenemos que pedir que se cierren las plataformas como manda la justicia”.

La lucha contra la trata en plataformas digitales
– ¿Cuándo y cómo sucedió ese caso que describe?
– Fue en plena pandemia, no hace tanto. Recibí un llamado de un familiar diciendo que había una chica secuestrada en un departamento de Santa Fe y Carlos Pellegrini. De inmediato traté de coordinar con las abogadas para resolverlo, pero no me dieron tiempo. Esa persona, a quien la víctima pudo recurrir en un descuido del proxeneta, me dijo: “Tenés quince minutos para rescatarla porque le dieron cinco o diez para salir a comprar”. Yo estaba en la sede de “Madres Víctimas de Trata” en Constitución. Tuve la suerte de encontrar un taxi y le avisé que iba a estar vestida de tal manera y con la puerta del taxi abierta para rescatarla. Así fue, pudimos lograrlo, se metió en el taxi, pero después le agarró mucho miedo porque dijo que la iban a venir a buscar y la habían amenazado con que si se escapaba le matarían a la abuela, a la madre, a la hermana, típico de la mafia para paralizarla. El juicio demoró cinco años porque el delincuente se escondió. Él la enganchó haciéndole el cuento de que iban a ir a medias con la ganancia y se hacía el novio. Ella estaba muy mal física y psicológicamente, porque en la porno web te violan con distintos elementos, te destruyen. La hacían sentar en un sillón con las piernas abiertas e introducirse todo tipo de elementos, estaba destruida. El proxeneta cobraba en euros y dólares por cada visualización y por cada elemento. La hacía trabajar casi veinte horas por día, una tortura. A esa persona le dieron 25 años de condena, ahora vamos por el resto de la banda. Para nosotras fue un logro muy importante. Y conseguimos varios más.
– ¿Y cómo hacen para afrontar los gastos?
– Trabajamos voluntariamente, no tenemos ninguna ayuda. Nunca la logramos, ningún gobierno nos recibió a nosotras ni a las víctimas. Trabajamos a nivel país, y para que las abogadas representen a una niña en una provincia se tienen que matricular y cada matrícula cuesta un millón de pesos.
– ¿Y cómo costean esos gastos?
– Hacemos colectas, pedimos, vendemos cositas, abrimos un restaurante, único en el mundo, donde solo trabajan las víctimas de trata. Porque el Estado no les da trabajo, no les da nada. Las chicas no están en condiciones de trabajar seis u ocho horas. Hacen lo que pueden. Cuando se sienten mal se van y hay que reemplazarlas. Todas están afectadas psicológicamente porque fueron muy maltratadas. Funciona en Paraná y Paraguay, la esquina Aníbal Troilo, se llama “Che Papusa”, como el tango. Estamos tratando de que camine, que venga la gente. También hacemos delivery y queremos organizar eventos. Cuesta mucho, ahora debemos el alquiler, pero no vamos a bajar los brazos, lo vamos a sacar adelante. Es parte de nuestra lucha. Ahora armamos otra asociación, Caring for Children, para defender a niñas y niños porque hay muchísimos casos de pedofilia a nivel país.
– ¿Tuvieron oportunidad de recorrer varias provincias?
– Sí, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Corrientes, estamos en todas las provincias, pero el problema son los costos. En cada una, nuestras abogadas deben matricularse y eso nos cuesta mucho. Tenemos un caso grave en Santiago del Estero, y cuando la abogada quiso presentar el escrito le dijeron: “Dolores, tiene que pagar los bonos”. Salieron 400.000 pesos, todo es plata. En todas hay que pagar mensualmente el bono. Vez pasada costó 600.000 en Chubut. Marcela Cano es la jefa de nuestras letradas, la coordinadora del equipo legal, excelente y comprometida, al igual que el resto, seis en total que trabajan ad honorem en sus horas libres por amor a la causa. Lo hacen de corazón. Pedimos a la gente que pueda que nos ayude, aunque sea donando mil pesos. Pueden hacerlo a través de nuestra página de Facebook MADRES Víctimas de TRATA o nuestro Instagram @madrestrata, ahí están los datos de CBU, nuestro alias y la cuenta del Banco.

– ¿Cómo surgió la denuncia contra Jessica Maciel, de Gran Hermano?
– Nos consultaron entre 17 o 18 chicas trans que dicen que estuvieron bajo una red mafiosa y señalaron a Jessica Maciel. Denuncian que ella las habría hecho prostituir desde los 13 y 14 años en la ruta 8. Por ahora son esas, pero cada día se comunican más, algunas desde el exterior que afirman que pudieron escapar. Enseguida tratamos de comunicarnos con una de las chicas, y a través de ella vino el resto. Está todo presentado en la fiscalía del doctor Jorge Sica en San Martín, previamente nos reunimos con las víctimas. Denuncian que ella no está sola, que trabajaría con su marido o pareja más cuatro o cinco chicas que hacen de policía para ella. Afirmaron que las torturaban, les pegaban, les inyectaban aceite de avión en sus cuerpos, porque una chica de 14 años dice: “Quiero tener tetas”. Dijeron que las inyectaba ella en persona. Hablamos de chicas adolescentes y trans, menores de edad. Ahora son mayores, pero sigue habiendo menores. Varias ya tienen problemas de riñón, pulmón, en las piernas, están enfermas. A una, porque no le quiso pagar, le dio una paliza y terminó en coma en el hospital, están las fotos. Les pegaban en los pechos y en la cola donde tenían el aceite. Les clavaban puntazos. Esas pruebas están. A una le quemaron la casa. Solo esperamos que la justicia actúe rápido y conocer la verdad. Nos indigna que digan que solo queremos prensa y que no hacemos nada. Les digo que vengan a ver el currículum de Madres Víctimas de Trata, ya logramos que varios proxenetas terminen tras las rejas. Como en Moreno, donde rescatamos varones de un pseudopastor que no está registrado en la iglesia evangélica. Violó como a veinte chicos y logramos que termine preso. Así trabajamos, con seriedad y responsabilidad.
Fuente: Infobae