En los Andes peruanos, esa imponente cordillera que recorre el país de sur a norte, la papa ha sido un pilar de la subsistencia. Una investigación reciente descubrió que los pueblos originarios de esa zona poseen la mayor cantidad de copias del gen AMY1, esencial para descomponer el almidón.
Este hallazgo muestra que la multiplicación de las copias del gen AMY1 ocurrió al mismo tiempo que la domesticación de la papa, conocida científicamente como Solanum tuberosum, hace aproximadamente 10.000 años. Tal adaptación fue clave para sobrevivir en un entorno donde los carbohidratos complejos marcan la diferencia entre la abundancia y la carencia.
El estudio fue liderado por Kendra Scheer, Luane Landau, Angelis Morales Rivera, Obed García y Omer Gokcumen, con la participación de científicos de Estados Unidos, Perú, Puerto Rico y Turquía. Los resultados se publicaron en la prestigiosa revista Nature Communications.
La genética andina y el misterio del almidón

Durante años, los investigadores se preguntaron cómo las comunidades andinas lograron adaptarse a una dieta tan cargada de almidón. Sabían que el gen AMY1 varía según la alimentación, pero desconocían la magnitud de esa variación en quienes dependen de la papa.
El principal objetivo del nuevo estudio fue verificar si existía una selección positiva que favoreciera un mayor número de copias de AMY1, vinculada a la historia agrícola de los Andes. Los científicos buscaron rastros genéticos que narraran la evolución del consumo de papa.
También investigaron si el incremento de copias de AMY1 se debía únicamente a la herencia o a una presión evolutiva reciente. Compararon patrones genéticos de los Andes con los de los mayas de México para determinar si la adaptación era exclusiva de esta región.
El recorrido del gen AMY1 en los Andes

Para obtener sus conclusiones, los investigadores analizaron muestras de ADN de 3.723 personas de 85 poblaciones, con especial énfasis en indígenas de los Andes y mayas de México. Emplearon técnicas de secuenciación de última generación y métodos estadísticos rigurosos para cuantificar las copias del gen AMY1.
En los Andes, el promedio de copias de AMY1 alcanzó 10, el valor más alto registrado en cualquier población del mundo. En otros grupos, ese número osciló entre 2 y 7 copias.
Las pruebas descartaron que el aumento de AMY1 fuera producto del azar o la simple herencia. Mediante simulaciones y análisis estadísticos, demostraron que la selección natural favoreció a quienes poseían más copias del gen, adaptando a las poblaciones a una dieta rica en almidón.
El estudio identificó variantes genéticas propias, agrupadas en un haplotipo particular, que se expandió rápidamente en la región andina. “Una expansión específica de los Andes peruanos datada hace unos 10.000 años coincidió con la domesticación de la papa en la zona”, señalaron los científicos.

Para mayor precisión, aplicaron secuenciación ultra larga, una técnica que permite detectar duplicaciones y variantes difíciles de captar con métodos convencionales. Así confirmaron la presencia de haplotipos complejos —conjuntos de variantes genéticas que suelen heredarse juntos y reflejan una alta diversidad genética— en las poblaciones andinas.
Las pruebas de selección positiva ubicaron la variante AMY1 en el percentil superior de señales de selección genética. El equipo concluyó que la dieta centrada en la papa impulsó una adaptación genética rápida en los Andes.
El trabajo sugiere que el alto consumo de papa y otros alimentos con almidón durante milenios moldeó la evolución genética de estos pueblos, brindándoles ventajas para prosperar en condiciones extremas.
Recomendaciones y próximos retos

El equipo recomendó investigar la relación entre AMY1 y genes como MGAM para comprender mejor la adaptación metabólica andina. Explicaron que muchas copias de AMY1 no garantizan protección frente a enfermedades actuales, ya que la dieta moderna y factores sociales influyen en la salud.
Reconocieron limitaciones en el análisis de regiones genómicas complejas y la necesidad de nuevas tecnologías. Además, advirtieron que los resultados actuales no permiten establecer el efecto exacto de las duplicaciones de AMY1 en la salud contemporánea.
Las conclusiones abren caminos para explorar cómo la dieta ancestral dejó huellas en la genética y la salud de los pueblos andinos, y motivan nuevas investigaciones en regiones con historias alimentarias particulares.
Fuente: Infobae