En una conversación que se replicó en diversos medios, el psicólogo Matías Braslavsky expuso su mirada crítica sobre los resultados de una investigación internacional que evidencia un profundo desgaste emocional en la población juvenil. El especialista participó en el programa Infobae a la Tarde junto a Paula Guardia Bourdin y Manu Jove, donde se desmenuzaron las cifras del Global Mind Project.
Dicho estudio, que encuestó a 2,5 millones de personas en 85 países, revela una brecha alarmante: según el informe, “las personas de 18 a 34 años están experimentando niveles de bienestar emocional mucho más bajos que los mayores de 55”. Los números son contundentes y abren el debate sobre el rumbo de la salud mental en las nuevas generaciones.
Los pilares del malestar en la juventud
Paula Guardia Bourdin detalló que el informe identifica “cuatro factores fundamentales a la hora de explicar el bienestar emocional: los vínculos familiares débiles, la menor espiritualidad, un acceso temprano a la tecnología y un mayor consumo de alimentos ultraprocesados”. La combinación de estos elementos estaría provocando un deterioro significativo en la calidad de vida psicológica de los más jóvenes.
El estudio cuantifica este fenómeno con datos precisos: “los adultos mayores llegan a un promedio de 101 puntos de bienestar, mientras los jóvenes llegan a 36”. La diferencia es abismal. Guardia Bourdin agregó que “el 41% de los jóvenes requiere atención clínica frente al 10% de los adultos mayores en relación a cuestiones de salud mental”. “Se abrió una nueva brecha en términos de malestar psicológico, porque está creciendo mucho el malestar psicológico entre los jóvenes”, advirtió.
A pesar de que Argentina mantiene fortalezas en el tejido social, la especialista aclaró: “En el caso argentino, estamos muy bien parados en cuanto a los lazos familiares, pero la caída de la espiritualidad y el acceso temprano a la tecnología también tienen mucha incidencia”.
El riesgo de medicalizar el sufrimiento
Braslavsky cuestionó la facilidad con la que se etiquetan los padecimientos emocionales. “Si siempre esperamos que ahí vaya a aparecer algo, un poco va a aparecer ese algo. Y si nos acercamos al otro sin esperar demasiado, entonces puede surgir toda una dimensión que no estábamos esperando”, reflexionó. Para él, “hay que evitar caer en el reduccionismo de pensar a la salud mental como un problema individual o solo cultural”.

El psicólogo alertó sobre la tendencia a patologizar las emociones: “Se pierde mucho la expresión de quien sufre, es como intentar separar lo que es un diagnóstico de época para ahorrarnos el diagnóstico de las personas”. En su opinión, “quizá de tanto hablar de salud mental, no solemos escuchar a las personas”.
En el diálogo, Manu Jove preguntó si el auge de los diagnósticos es real o producto de una mayor búsqueda. “Uno empieza a notar que hay más casos de equis problema porque se está buscando más el diagnóstico”, señaló. Braslavsky coincidió: “Si se hace un test más veces, te van a dar necesariamente más casos”.
El mandato del éxito precoz y la tristeza humana
Al hablar de su experiencia clínica con jóvenes, Braslavsky describió un patrón recurrente. “Muchos jóvenes vienen sufriendo o quejándose, no en el mal sentido, porque una queja también es quizá a veces el primer paso para empezar a develar algunas cuestiones, pero muchas veces sin una pregunta y más bien con una serie de exigencias que muchas veces no se ubican como tal”. En su consulta, observa “un mandato muy fuerte de tener éxito temprano”.

La conversación giró también hacia la pérdida del lenguaje emocional genuino. Según Braslavsky, “hoy la palabra tristeza es como que no existe más, porque la tristeza no se puede medicalizar. Entonces, se vira hacia la idea de depresión. De repente, no es depre, es cansancio, tristeza, puede ser otra cosa”. Insistió en que “la tristeza es una experiencia inherentemente humana, y querer erradicarla también nos absuelve de la posibilidad de ser humanos. Hay que atravesar la experiencia de la tristeza y la angustia porque de ahí uno también construye los recursos para afrontar la vida”.
Para cerrar, Braslavsky subrayó que el principal desafío actual es “escuchar a las personas, como el gesto de escuchar me parece que es un poco el gesto que está perdido”. Frente a la medicalización y el diagnóstico automático, propuso: “No siempre alguien necesita medicarse. Falta una escucha menos generalizada y más particular de los padecimientos”.
Fuente: Infobae