En la búsqueda de un descanso reparador, cada vez son más las sugerencias de especialistas para optimizar las rutinas nocturnas. Una de las más debatidas es dejar de usar calcetines al acostarse. Según el doctor Miguel Padilla, esta costumbre podría afectar un proceso vital: la termorregulación del cuerpo.
El experto indica que el organismo necesita conservar una temperatura adecuada para alcanzar el sueño profundo. Investigaciones coinciden en que la temperatura ideal para dormir está entre los 17 y 20 grados Celsius. El cuerpo libera calor de forma natural, sobre todo a través de manos y pies.
“Cuando cubrimos los pies con calcetines durante la noche, impedimos que el calor se disipe correctamente”, señala Padilla.
Esa acumulación térmica podría impedir que el cuerpo llegue al estado óptimo para descansar, generando un sueño más ligero o interrumpido. Aunque algunas personas se sienten cómodas usando calcetines en climas fríos, el especialista recomienda priorizar la temperatura ambiente antes que abrigar en exceso. Ajustar la ventilación o emplear ropa de cama ligera puede ser más efectivo.
Evitar la melatonina

Otro punto relevante en las recomendaciones del doctor es no consumir melatonina en ninguna presentación. Este suplemento, conocido como solución rápida para el insomnio, no siempre es necesario y, en ciertos casos, podría alterar los ciclos naturales del sueño si se usa sin control médico.
“La melatonina no debería ser la primera opción. Lo ideal es enseñar al cerebro a producirla de forma natural”, advierte.
Para lograrlo, sugiere seguir un protocolo basado en hábitos saludables: mantener horarios regulares para dormir, reducir la exposición a pantallas antes de acostarse y evitar luces intensas durante la noche.
Alimentos que favorecen el sueño

El especialista también resalta la alimentación como factor clave en la calidad del sueño. Consumir diariamente alimentos que impulsen la producción de melatonina y serotonina puede marcar una gran diferencia. Entre ellos destacan opciones ricas en triptófano, como atún, huevo, avena, almendras y cerezas.
Estos alimentos, respaldados por estudios científicos, ayudan a regular los ritmos circadianos y preparan al organismo para el descanso. Incorporarlos en la dieta, especialmente en la cena, puede potenciar sus efectos, según el doctor.
El mensaje principal es claro: el descanso no depende de soluciones inmediatas, sino de hábitos constantes. Dormir mejor implica entender cómo funciona el cuerpo y respetar sus procesos naturales.
En un contexto donde el insomnio afecta a gran parte de la población, realizar cambios simples como evitar los calcetines al dormir, regular la temperatura ambiental y fomentar la producción natural de melatonina puede ser un paso importante hacia una mejor calidad de vida.
La clave, concluye el especialista, está en volver a lo básico: escuchar al cuerpo y crear las condiciones adecuadas para que el sueño ocurra de forma natural.
Fuente: Infobae