Una puesta en escena revolucionaria de Drácula en el West End de Londres está redefiniendo los límites entre el cine y el teatro, colocando a Cynthia Erivo como el eje de una propuesta artística sin precedentes. Bajo la batuta del director australiano Kip Williams, la obra desafía las convenciones escénicas al exigir que Erivo interprete 23 personajes distintos, transformando el clásico literario en un experimento de cine-teatro de vanguardia.
Williams, en declaraciones al diario británico The Times, explicó cómo la incorporación de tecnología en el montaje no menoscaba la esencia teatral, sino que potencia las capacidades expresivas de los actores. Según el director, cada función representa un desafío mayúsculo: durante más de dos horas, Erivo debe dar vida a todos los protagonistas y secundarios de la historia en el emblemático Noël Coward Theatre de Londres. La actriz combina técnica depurada con una entrega emocional total, siempre bajo la mirada atenta de Williams, quien subrayó que cada noche el equipo enfrenta una experiencia que demanda concentración y adaptación extremas.
Un reto actoral sin precedentes

Dirigir una producción en la que una sola intérprete asume múltiples identidades implica exigencias monumentales, según Kip Williams.
“Cuando pides a estos talentos geniales hacer 70.000 cosas distintas en 2 horas, serán capaces desde la primera vez que lo hagan”, afirmó Williams a The Times.
El director detalló que la complejidad es tal que cada función obliga a revisar matices y profundizar en el texto original.
Williams señaló que existe un desgaste particular al desdoblarse en tiempo real para interpretar diferentes papeles. Según relató, Erivo enfrentó algunos inconvenientes con el diálogo durante las primeras funciones previas, pero logró recuperar la confianza rápidamente:
“Ella estaba en plena forma para la noche de estreno en febrero”, recordó el director.
El proceso, según sus palabras, implica lidiar con la complejidad de la obra y adaptarse a las variaciones que surgen en cada representación.
Cine y teatro: la fusión que impulsa Kip Williams

La marca distintiva de Williams radica en disolver la frontera entre el escenario y la pantalla. Al integrar pantallas de video y cámaras en vivo, la tecnología deja de ser un mero adorno y se convierte en un instrumento al servicio de la narrativa.
“Siempre empiezo por la historia y después adapto la tecnología a lo que la narración necesita”, declaró Williams a The Times.
El director defendió su enfoque ante los debates sobre el papel del video en el teatro contemporáneo. Williams reconoció que, en un inicio, sintió temor al trabajar con cámaras en escena durante un montaje de De repente, el último verano en 2015. Aunque se considera un purista del teatro, sostiene que el video es solo una herramienta dentro de la evolución del arte escénico. Subrayó que la experimentación con luz e imagen ha acompañado al teatro desde sus orígenes.

El método requiere un equipo técnico numeroso y una sincronía milimétrica entre especialistas y actores.
“Un espectáculo como este no se repite nunca igual”, observó Williams, quien considera que la interacción con el público influye en cada función.
Según el director, no todas sus obras emplean tecnología y no busca convertir el uso de video en una regla, sino adecuarlo a la historia en cuestión.
La trayectoria de Williams abarca aproximadamente 50 producciones en 15 años, de las cuales cerca del 33% incorporó video. Detalló que su labor como director es rigurosa y que la revisión constante con los elencos, como ocurrió con Sarah Snook en Dorian Gray, resulta clave para la evolución de cada espectáculo. Con Drácula, Williams mantiene un contacto semanal con el equipo en busca de nuevas cotas de excelencia.
Cada función de Drácula bajo la dirección de Williams se caracteriza por la ejecución de Erivo de veintitrés personajes en el Noël Coward Theatre de Londres.
Fuente: Infobae