La percepción de los pastizales como extensiones uniformes está siendo desafiada. Una reciente investigación internacional, con participación del INTA y publicada en Nature Ecology & Evolution, ha actualizado el mapa global de estos ecosistemas, con importantes repercusiones en la comprensión del equilibrio climático.
El estudio determinó que los pastizales cubren 30,1 millones de kilómetros cuadrados, equivalentes al 22,8 % de la superficie terrestre sin hielo. Esta cifra es significativamente menor a las estimaciones anteriores, que superaban el 35 %. La diferencia tiene un efecto directo en los cálculos de carbono almacenado en los suelos.

Una cartografía más precisa
La investigación combinó tres sistemas de mapeo satelital de alta resolución con datos de campo validados. Participaron 157 especialistas de 60 países, analizando más de 387.000 puntos en seis continentes. Esta integración redujo márgenes de error y ofreció una imagen más real de la distribución de los pastizales.
Pablo Peri, coordinador del Programa Forestal Nacional, destacó la magnitud del trabajo:
“El INTA tuvo una activa participación en la determinación del mapa mundial de pastizales y su influencia en el ciclo de carbono. En el trabajo demostramos que los datos de distribución de los pastizales en el mundo han variado en más de 50 millones de kilómetros cuadrados”.
Lo que cambia bajo el suelo
El ajuste en la superficie trajo una consecuencia clave: una nueva estimación del carbono almacenado. Según el estudio, los suelos de pastizales contienen 155.020 millones de toneladas de carbono en los primeros 30 centímetros de profundidad, lo que representa un incremento del 68 % respecto a cálculos anteriores.
Este dato reposiciona a los pastizales como actores relevantes en el balance global de carbono. También evidencia las limitaciones de modelos previos sin validación en campo. “Estos hallazgos subrayan los desafíos del mapeo de biomas cuando no se dispone de datos de teledetección validados”, señaló Peri.
Más que números
La actualización no solo corrige cifras, sino que abre preguntas sobre cómo interpretar cambios ambientales y tomar decisiones. Las diferencias en la superficie estimada pueden modificar modelos climáticos y estrategias de mitigación, especialmente aquellas vinculadas a soluciones basadas en la naturaleza.
El estudio insiste en la necesidad de combinar tecnología satelital con relevamientos a campo. Esa articulación mejora la calidad de la información y permite diagnósticos más sólidos. Además, advierte sobre la presión creciente que enfrentan estos ecosistemas: la expansión agrícola, la urbanización y los cambios en el uso del suelo avanzan sobre áreas clave para la captura de carbono y la producción agropecuaria.
Con un mapa más preciso, los pastizales dejan de ser un telón de fondo y pasan a ocupar un lugar central en la agenda ambiental global.
Fuente: Infobae