Un reciente estudio liderado por la Universidad de Southampton y divulgado por el portal especializado Phys.org ha revelado que el desequilibrio en los nutrientes del agua de mar, originado principalmente por la actividad humana, podría ser el factor principal que desencadena enfermedades devastadoras en los corales, superando incluso al aumento de la temperatura oceánica como detonante.
La investigación, publicada en la prestigiosa revista científica Nature Communications, analizó los brotes de la enfermedad del “Black Band” registrados entre los años 2000 y 2023. Los resultados indican que en más del 88% de los casos, las aguas donde se localizaban los arrecifes afectados presentaban proporciones de nutrientes altamente desbalanceadas. En contraste, solo el 16% de los brotes coincidía con arrecifes que hubieran experimentado estrés térmico elevado recientemente. Esto sugiere que la calidad y el equilibrio de los nutrientes podrían representar un factor de riesgo más determinante que el calor en ciertos entornos marinos.
Los arrecifes de coral son estructuras tridimensionales que se forman gracias a la simbiosis entre los corales y las microalgas fotosintéticas. Estos ecosistemas albergan cerca del 25% de la biodiversidad marina del planeta. Sin embargo, su supervivencia está cada vez más amenazada por una combinación de factores como el cambio climático, el aumento de la temperatura, la urbanización costera, la sobrepesca y la contaminación agrícola e industrial, según detalla el portal.

El origen interno de la enfermedad
El estudio científico demostró que una proporción distorsionada de nutrientes esenciales, especialmente nitrógeno y fósforo, altera profundamente el ecosistema microbiano que habita en los corales, conocido como el microbioma coralino. En condiciones normales, esta comunidad de microorganismos forma una red estable que fortalece las defensas del coral contra infecciones.
Mediante experimentos controlados en el Coral Reef Laboratory de la Universidad de Southampton, los científicos comprobaron que el desbalance de nitratos y fosfatos provoca lesiones en el tejido vivo de los corales. Estas lesiones replican exactamente el avance de la Black Band Disease, una afección letal caracterizada por una banda oscura que avanza destruyendo el tejido y dejando al descubierto el esqueleto calcáreo del coral.
Uno de los hallazgos más sorprendentes fue que los microorganismos patógenos responsables de estas lesiones ya están presentes en los corales sanos, mucho antes de que aparezcan los síntomas. La Raphaela Gracie, primera autora del artículo e investigadora posdoctoral de la Universidad de Southampton, señaló en un comunicado: “Llama la atención que muchos de los microbios responsables ya estaban presentes en los corales saludables antes de que aparecieran los síntomas, lo que remarca que esta enfermedad puede emerger del propio organismo”.
La ruptura de esta red microbiana produce que las cianobacterias —organismos fotosintéticos de pigmentación oscura— se multipliquen sin control y formen densos mantos microbianos que cubren la superficie del coral. Posteriormente, otros patógenos secundarios se suman al proceso, agravando el daño y facilitando la propagación de la enfermedad a zonas vecinas.

Controlar los nutrientes, una estrategia clave para proteger los arrecifes
Al analizar los patrones globales de la enfermedad entre 2000 y 2023, el equipo de la Universidad de Southampton y la Universidad de Derby, en el Reino Unido, confirmó la fuerte correlación entre los brotes de Black Band Disease y las regiones costeras que sufren un desequilibrio crónico de nutrientes. Si bien el calentamiento de los océanos sigue siendo una amenaza significativa —pues puede provocar blanqueamiento coralino y alterar la disponibilidad de nutrientes—, los investigadores proponen que la gestión local del agua y el control de los aportes humanos, como las aguas residuales y los fertilizantes, son fundamentales para disminuir el riesgo de enfermedades en los arrecifes.
La profesora Cecilia D’Angelo, de la Universidad de Southampton, enfatizó la necesidad de atender no solo la cantidad, sino también la proporción de nitrógeno y fósforo en el agua. En sus declaraciones, la experta afirmó: “Restaurar este equilibrio en las áreas impactadas por actividades humanas podría reducir el riesgo de enfermedad a escala local”.
Fuente: Infobae