Decidir despedirse de una mascota nunca es fácil, pero a veces el destino impone un adiós inevitable. Sobre este difícil momento reflexiona el veterinario Alfredo Molina en su cuenta de TikTok (@alfredomolinavet). Molina sostiene que, contrario a lo que muchos piensan, “el amor no es mantenerlos a cualquier precio, el amor también es saber dejarlos ir con dignidad, con el mínimo sufrimiento posible” porque “lo que creemos cuidado es en realidad nuestro miedo a soltar”.
Evaluar el bienestar animal en la etapa final no se basa en un solo síntoma ni en una regla simple. Cuando el sufrimiento se alarga y los días malos superan a los buenos, la vitalidad decae y el apetito desaparece, el criterio principal pasa a ser la calidad de vida restante. Para Molina, en esos momentos la decisión se convierte en un acto de responsabilidad y respeto hacia el animal.
Aceptar el final implica reconocer que no se trata de abandonar, sino de acompañar. “Nos aferramos a esos últimos días que ya son más nuestros que de ellos. Decidimos hacer más pruebas, más tratamientos, más viajes, más dolor”, advierte a quienes prolongan los cuidados sin considerar el sufrimiento del animal. Según el veterinario, al pensar en la eutanasia debe primar una reflexión honesta sobre cómo se vive ese tiempo, no sobre cuánto se extiende.
Señales de sufrimiento animal
Ante la pregunta de cómo identificar ese límite, Molina explica que “casi nunca se trata de un solo signo, sino de un conjunto de señales que el cuerpo empieza a dar”. Entre ellas menciona las siguientes:
- “Cuando el dolor ya no se puede controlar bien día tras día”.
- “Cuando deja de disfrutar de lo que antes le gustaba”.
- “Cuando deja de comer con ganas o apenas se mueve”.
- “Cuando los días malos empiezan a superar claramente los días buenos”.
- “Cuando se hace las necesidades encima y cada día es peor que el anterior”.
El análisis de estos patrones marca el momento en que la pregunta clave deja de ser la esperanza de vida y se convierte en la calidad de ese tiempo restante.
Por ello, recuerda que “la eutanasia no se plantea para terminar con una vida, se plantea para terminar con ese sufrimiento que ya no podemos aliviar de otra forma”.
Amor verdadero versus apego en la despedida
El último acto de cuidado, lejos de ser egoísta o cobarde, exige valentía. “El amor real no prolonga el sufrimiento, el amor real sabe cuándo es tiempo de decir adiós. Y en ese adiós, se encuentra la verdadera paz”, resume Molina. Para él, “la despedida es un acto de amor, no de egoísmo”, trasladando la responsabilidad del acompañamiento a la aceptación del final y defendiendo el derecho a la paz del animal por encima del miedo propio. Con todo ello, Molina invita a los dueños a seguir su consejo: “Decidir desde el bienestar de tu animal y no desde el miedo a perderlo”.
Fuente: Infobae