Las temperaturas extremas han sido un fenómeno recurrente en la historia de México, impactando tanto zonas rurales como urbanas. El récord absoluto se registró en San Luis Río Colorado, Sonora, con 52,5 °C en julio de 1966. En Nuevo Laredo, una ola de calor en 1993 provocó crisis sanitaria y pérdidas económicas. Recientemente, en mayo de 2024, la Ciudad de México superó su propio récord: el observatorio de Tacubaya midió 34,7 °C, superando los 34,4 °C de 1998. Estos episodios demuestran que el calor extremo afecta a todo el país.
Causas y mecanismos del calor extremo
Los meteorólogos atribuyen estas olas de calor a un domo de calor, una masa de aire caliente atrapada bajo un sistema de alta presión que impide la dispersión térmica. Según el Servicio Meteorológico Nacional, una circulación anticiclónica mantiene temperaturas superiores a 40 °C en varias entidades. La recurrencia e intensidad se vinculan al fenómeno de El Niño, con una probabilidad de activación superior al 60 %. El calentamiento anómalo del Pacífico central y oriental altera los patrones climáticos, favoreciendo el calor extremo. Este año, la posibilidad de un Súper El Niño (sin definición oficial) ha elevado las alertas, aunque ni el SMN ni la NOAA lo han confirmado para 2026.

¿Por qué el calor intenso es cada vez más frecuente?
Los registros históricos confirman que cada década suma nuevos récords. La industrialización, la quema de combustibles fósiles y la deforestación aceleran el calentamiento global, incrementando la frecuencia y duración de las olas de calor. El planeta se calienta a un ritmo de 0,2 °C por década, lo que se traduce en fenómenos extremos. Investigaciones indican que la probabilidad de una ola de calor como la actual es 35 veces mayor que a inicios de siglo, y las noches cálidas son 200 veces más probables.
Consecuencias para la salud y la economía
Las olas de calor causan crisis ambientales, muertes y pérdidas económicas. En el campo, miles de cabezas de ganado y hectáreas de cultivos se pierden. En las ciudades, aumentan enfermedades respiratorias, golpes de calor y deshidratación, afectando especialmente a niños, adultos mayores y trabajadores al aire libre.
Cómo protegerse ante olas de calor históricas
Las autoridades recomiendan hidratarse constantemente, evitar el sol directo, usar ropa ligera y limitar actividades físicas en horas de mayor calor. Ante síntomas como mareo, confusión o dolor de cabeza, buscar atención médica. También es vital proteger a las mascotas y no dejarlas en vehículos estacionados. El monitoreo meteorológico y las medidas preventivas reducen riesgos.
Perspectivas ante un futuro más cálido
Los récords de temperatura podrían seguir superándose si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero. Los especialistas advierten que, sin cambios estructurales, las olas de calor serán más frecuentes y prolongadas, afectando salud, economía y biodiversidad. La vigilancia atmosférica y la cooperación comunitaria serán esenciales para enfrentar este desafío.
Fuente: Infobae