Luego de varias jornadas de creciente tensión militar entre Estados Unidos y Irán, el estrecho de Ormuz amaneció este lunes envuelto en una calma tan precaria que Teherán ya afirma haber lanzado dos proyectiles contra naves estadounidenses. Mientras Washington activaba la misión “Proyecto Libertad” para resguardar embarcaciones mercantes, el corredor marítimo más estratégico del planeta estrenó un régimen de navegación mucho más severo, donde la vigilancia reforzada no alcanza para disipar el temor a una escalada repentina.
Capitanes y tripulaciones ya se desenvuelven bajo normas más rigurosas, con un incremento notable de la presencia naval, comunicaciones por radio más asiduas y ajustes en los protocolos de seguridad, según lo reportó el Centro Conjunto de Información Marítima (JMIC). Al mismo tiempo, el tráfico de naves sigue siendo intermitente, con embarcaciones a la espera de condiciones favorables para atravesar la zona después de semanas de bloqueo virtual y episodios de hostigamiento.
El reporte del JMIC, emitido el 4 de mayo, describe el panorama con una advertencia terminante: el índice de peligro marítimo en el estrecho permanece en la categoría “crítica”, en medio de operaciones castrenses regionales que continúan activas.
Lejos de retornar a la normalidad, la navegación se tornó aún más intrincada. El mismo organismo anticipa que los navegantes deberán enfrentar una mayor concentración de fuerzas navales, posturas de resguardo intensificadas y posibles contactos por VHF, en un escenario donde la sincronización en tiempo real se ha vuelto indispensable.
El sector más delicado sigue siendo la ruta principal de tránsito. Circular próximo al esquema de separación —el canal habitual que ordena el flujo de buques— conlleva ahora un peligro considerable. De acuerdo con el JMIC, esa área debe ser considerada extremadamente riesgosa por la existencia de minas que no han sido completamente rastreadas ni neutralizadas.

En este contexto, las directrices operativas se volvieron más estrictas. La escucha continua del canal VHF 16 dejó de ser una rutina para transformarse en una exigencia vital, al igual que la notificación inmediata de cualquier comportamiento anómalo a las centrales de monitoreo marítimo. También se recomienda mantener los sistemas de identificación conforme a los procedimientos y analizar minuciosamente las evaluaciones de peligro antes de cada travesía.
Uno de los cambios más relevantes en la dinámica del tránsito afecta las trayectorias. El informe sugiere que las naves que opten por cruzar evalúen desplazarse hacia el sur del esquema habitual, navegando por aguas territoriales de Omán. No obstante, allí también se pronostica una elevada congestión de embarcaciones, por lo que se aconseja una comunicación directa con las autoridades omaníes para preservar la seguridad de la navegación.
Estados Unidos ya estableció en esa franja una zona de protección especial para asegurar un paso ordenado bajo resguardo militar. La iniciativa busca desbloquear la situación de centenares de buques que siguen varados en la región, muchos con tripulaciones que sufren carencia de provisiones tras días de incertidumbre y amenazas por parte del régimen iraní.

Incluso con esa cobertura de resguardo, el margen para el error continúa siendo casi nulo. La confluencia de riesgos no desactivados, densidad de tráfico y fuerzas militares operando en cercanía genera un entorno inestable, donde cada maniobra puede desencadenar consecuencias inmediatas.
En las primeras horas del operativo, la imagen es nítida: mayor control, más escoltas y más vigilancia, pero también una tensión creciente. En un paso por donde fluye cerca de una quinta parte del comercio energético mundial, el tránsito no se paraliza, pero avanza ahora bajo circunstancias extraordinarias.
Fuente: Infobae