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El misterio de Madeleine McCann: 19 años sin respuestas y un sospechoso libre

Cuando en junio del año pasado se retomaron las investigaciones empleando tecnología de punta para hallar restos en el Algarve portugués, cerca de la vivienda que ocupó Christian Brueckner —el principal sospechoso de la desaparición de Madeleine McCann, la pequeña de 3 años de quien no se tiene rastro desde la noche del 3 de mayo de 2007—, surgió la esperanza de que, por fin, se pudiera esclarecer el caso. Sin embargo, como ha ocurrido en numerosas ocasiones durante los últimos 19 años, no se obtuvo ningún resultado, y la ilusión se transformó en desencanto.

La frustración de la familia y de los investigadores de las policías de Portugal, Alemania y el Reino Unido, que trabajan de forma coordinada para determinar qué ocurrió con la niña, aumentó poco después, en septiembre, cuando Brueckner salió en libertad de una prisión alemana tras cumplir su condena por la violación de una mujer de 72 años en Praia da Luz, el mismo lugar donde los McCann estaban de vacaciones en 2007. Según la pesquisa, en el momento de la desaparición de Madeleine, Brueckner se hallaba en la zona y su teléfono fue registrado en el área. Brueckner fue señalado como el principal sospechoso recién en 2022, cuando fiscales alemanes aseguraron tener pruebas que lo vinculaban con el caso, aunque reconocieron que no contaban con evidencia suficiente para mantenerlo detenido bajo ese cargo.

Christian Brueckner, sospechoso principal desde 2022, estuvo presente en Praia da Luz la noche que desapareció Madeleine, según registros telefónicos ( Michael Matthey/Pool vía REUTERS)

El caso dio otro giro doloroso en 2023, cuando una joven polaca llamada Julia Wendell afirmó ser Madeleine. Wendell manifestaba no estar segura de su identidad ni de su edad. Según contó en ese entonces, tenía 21 años, pero creía que podría tener 19, la edad que tendría la menor desaparecida. “Creo que puedo ser Madeleine. Necesito una prueba de ADN. Los investigadores de la policía del Reino Unido y Polonia intentan ignorarme. Contaré mi historia en publicaciones aquí. Ayúdame”, escribió en su perfil de Instagram. No se realizó una comparación con el ADN de los padres biológicos de Maddie —quienes se negaron al examen—, pero se determinó que la joven era de origen polaco, con algo de herencia lituana y rumana. Es decir, sin coincidencia alguna con Madeleine, nacida en Rothley, Leicestershire, y de ascendencia británica por varias generaciones. Julia Wendell no fue la primera en decir que podía ser Madeleine McCann. Antes hubo otros casos, todos fallidos: jóvenes que creían sinceramente ser la niña desaparecida, impostoras e incluso alguna bromista de muy mal gusto.

Julia Wendell aseguró ser Madeleine

Hoy no se sabe si Maddie —como la llamaban en casa— está muerta o viva; lo único indiscutible es que la noche del 3 de mayo de 2007, mientras sus padres cenaban con unos amigos en un bar cercano, desapareció del departamento donde dormía con sus hermanitos para esfumarse de la faz de la Tierra. Año tras año, el misterio se acrecienta y las pistas falsas se multiplican.

Praia da Luz, 3 de mayo de 2007

El reloj del restaurante Tapa’s del complejo turístico Ocean Club, en Praia da Luz, marcaba cinco minutos para las diez de la noche cuando Kate McCann se levantó de la mesa que compartía con su esposo, Gerry, y unos amigos, y caminó 50 metros hasta el departamento 5 A, donde habían quedado durmiendo sus tres pequeños hijos. Era un ritual que Kate y Gerry —un matrimonio de médicos británicos— cumplían casi todas las noches de esas vacaciones en las playas del Algarve: después de disfrutar del día en familia, daban la cena a Madeleine, de 3 años, y a los mellizos Sean y Amelie, los acostaban y, cuando los chicos se dormían, iban a comer al restaurante más cercano. Se sentaban en una mesa desde donde se podía ver el departamento —ubicado en la planta baja— y cada media hora uno de ellos recorría esos pocos pasos para ver cómo estaban los niños. Siempre los encontraban durmiendo.

Las investigaciones con tecnología avanzada en el Algarve portugués no lograron avances en el caso Madeleine McCann tras 19 años de búsqueda

Pero esa noche, la penúltima de la estadía familiar en Portugal, Kate se encontró con una escena diferente que la desesperó: la ventana del dormitorio de los chicos estaba abierta y Maddie no estaba en su cama. La buscó en el baño y en el resto del departamento, sin éxito. Gritó. Madeleine había desaparecido; faltaban nueve días para que cumpliera 4 años. La búsqueda comenzó en ese mismo instante.

Recién entonces Kate recordó una pregunta que Maddie le había hecho a su padre mientras desayunaban esa misma mañana: “¿Por qué no viniste cuando Sean y yo lloramos anoche?”. Kate y Gerry no le dieron importancia al asunto, pero tras la desaparición se preguntarían una y otra vez si los chicos lloraron sin que ellos los escucharan porque alguien había intentado entrar al departamento y los asustó.

Después del desayuno, el día transcurrió como cualquier otra jornada de vacaciones. De esa tarde, exactamente a las 2.29, data la última foto de Madeleine. Kate la tomó con su cámara enfocando a Gerry, Amelie y Maddie sentados en el borde de la pileta del complejo. La imagen la muestra con un vestidito rosa y gorro blanco. Estuvieron un rato jugando en el agua y después, para pasar un rato solos, los padres llevaron a los tres chicos al Kid’s Club, donde los dejaron a cargo de los cuidadores. A las seis de la tarde, Kate los fue a buscar y los llevó al departamento para bañarlos antes de cenar, mientras Gerry iba a una clase de tenis.

Kate y Gerry McCann tenían la costumbre de dejar durmiendo en el departamento a sus hijos mientras cenaban con amigos en un restaurante cercano

El padre volvió poco después de las siete, cuando los chicos ya habían comido y estaban por acostarse. Cansados por las actividades del día, los tres se durmieron pronto. Madeleine vestía un pijama rosa y blanco de mangas cortas. Con los niños en sus camas, Kate y Gerry se bañaron y se vistieron para ir a comer al restaurante del complejo, donde se habían citado a las ocho y media con unos amigos. Antes de salir, dirían después, se asomaron al dormitorio de los chicos. Todo estaba bien. Pasadas las nueve, Gerry caminó desde el restaurante hasta el departamento y vio que seguían dormidos. Cuando, poco antes de las diez, Kate volvió a hacerlo, Madeleine había desaparecido.

Las primeras búsquedas

La desaparición de Maddie revolucionó a todo el complejo. Poco después de las diez de la noche, el encargado llamó a la policía de Praia da Luz, mientras que el personal y los huéspedes buscaban a la nena por todas partes. La policía reaccionó con rapidez: una hora después de la denuncia notificó a Interpol y se ordenó cerrar la frontera con España y cerrar los aeropuertos portugueses y españoles. También se requisaron las grabaciones de las cámaras de seguridad del complejo para analizarlas.

Un hombre camina junto al apartamento donde desapareció Madeleine McCann, de tres años, en 2007, en Praia da Luz, Portugal, el 5 de junio de 2020. REUTERS/Rafael Marchante/Foto de archivo (REUTERS/Rafael Marchante/File Photo)

La investigación quedó a cargo del inspector jefe de la Policía Judiciaria Portuguesa, Gonçalo Amaral. Gerry y Kate fueron los primeros en ser interrogados. Gerry dijo que había visto a los chicos durmiendo alrededor de las nueve y media de la noche; Kate contó la escena —con la ventana del dormitorio abierta y Maddie desaparecida— que encontró poco antes de las diez. Sus declaraciones comenzaron a despertar dudas cuando se las confrontó con las de los amigos que estaban comiendo con ellos en Tapa’s. Los horarios no coincidían, aunque nadie había mirado el reloj para registrar las horas exactas en que Kate y Gerry se levantaron de la mesa para ir a ver a sus hijos.

El 4 de mayo se realizó una búsqueda intensiva con perros rastreadores por los alrededores del complejo, pero el resultado fue nulo. También se examinaron las fotos tomadas por los turistas alojados en el complejo para tratar de identificar sospechosos. La grabación de una cámara de seguridad dio una posible pista: se veía a un hombre —imposible de identificar— cargando un bulto que bien podía ser Maddie, dormida o quizás muerta. Para entonces, los medios portugueses informaban que la policía tenía dos hipótesis: un secuestro por una red internacional de pedofilia o un secuestro por una red dedicada a robar niños para darlos en adopción de manera ilegal.

Dos sospechosos

Los siguientes diez días no hubo novedades, pero el 14 de mayo la policía realizó un inmenso operativo en Casa Liliana, una vivienda ubicada a unos cien metros del Ocean Club, propiedad de la ciudadana británica Jennifer Murat. El caso dio un giro espectacular, con todos los ingredientes para una novela policial. El sospechoso, Robert Murat, hijo de Jennifer, había colaborado hasta ese momento con la policía en su calidad de traductor del inglés en los interrogatorios a testigos que no hablaban portugués. Fueron precisamente algunos de esos testigos los que dijeron que habían visto a Murat dando vueltas cerca del Ocean Club la noche de los hechos.

Los investigadores le requisaron la computadora y se llevaron libros y papeles para ver si encontraban alguna pista. No se conformaron con eso: los agentes registraron toda la vivienda con sensores especiales para detectar la posible presencia de un cadáver enterrado y, al no lograr nada, levantaron prácticamente todo el jardín de la casa.

Robert Murat fue otro de los sospechosos que los medios daban por culpable

Casi al mismo tiempo interrogaron a Sergey Malinka, un ruso de 22 años que había intercambiado varias comunicaciones telefónicas con Murat en los últimos días. Le incautaron la computadora y dos discos duros y le tomaron declaración durante casi cinco horas, hasta que comprobaron que las comunicaciones se debían a que el joven ruso le estaba armando una página web a Murat.

Como sospechoso principal, Murat no tuvo tanta suerte: lo golpearon durante los interrogatorios para que confesara, pero se mantuvo firme a pesar de los apremios. No había nada que lo vinculara con el caso, salvo las inciertas declaraciones de los testigos. La policía terminó descartándolo, pero a esa altura los medios portugueses ya lo daban por culpable. Les costó caro: en julio de 2008, Murat logró una indemnización colectiva de 715.000 euros de los once diarios que lo difamaron.

Gerry y Kate en la mira

El inspector de la Policía Judicial Gonçalo Amaral, líder del equipo de investigadores portugueses, se enfocó entonces en Kate y Gerry McCann, a quienes declaró arguidos (sospechosos) en el caso. La teoría del policía era que los padres habían matado accidentalmente a su hija y luego hicieron desaparecer el cadáver. Se basaba en una serie de “pruebas” no del todo comprobables o posibles de relacionar con el delito del que los acusaba: el rastro de un somnífero en un cabello de Madeleine encontrado en el auto de los McCann, la imagen borrosa de una cámara de seguridad que mostraba a un hombre transportando un bulto que podía ser el cuerpo de la niña, las contradicciones sobre los horarios en las declaraciones y el hecho de que los hermanitos de Maddie no se hubieran despertado esa noche a pesar del supuesto “secuestro” y el alboroto posterior.

La teoría del inspector de la Policía Judicial Gonçalo Amaral era que los padres habían matado accidentalmente a su hija y luego hicieron desaparecer el cadáver

En su hipótesis, para evitar que los chicos lloraran en su ausencia —como la noche anterior a la desaparición—, los médicos Kate y Gerry les suministraron somníferos la noche del 3 de mayo en una dosis que Madeleine no pudo soportar y le causó la muerte. Al ver a la nena muerta, para no enfrentar la acusación de homicidio, decidieron hacer desaparecer el cadáver (lo pretendió probar con la grabación de la cámara de seguridad) y luego denunciar un secuestro para desviar las sospechas hacia un tercero.

Sin embargo, el policía no pudo probar nada, pero para entonces los McCann —como en el caso de Murat— estaban en los titulares de los medios acusados de filicidas. El caso contra ellos se cerró y Amaral debió renunciar a la Policía Judicial, pero escribió un libro donde siguió sosteniendo que los únicos culpables de la desaparición de Madeleine eran Gerry y Kate.

Recompensas y pistas falsas

La repercusión del caso hizo que muchos famosos dieran su apoyo a la familia y aportaran fondos para dar una importante recompensa por cualquier información que permitiera encontrar a Maddie. Entre quienes colaboraron se contaban la autora de Harry Potter, J.K. Rowling, el magnate del pop Simon Cowell y el empresario Richard Branson. También futbolistas como David Beckham y Cristiano Ronaldo pidieron ayuda para localizarla.

En los años transcurridos desde entonces, la investigación sobre el paradero de Madeleine McCann y la búsqueda de sus autores —con un costo de más de 15 millones de dólares— comprometió a las policías portuguesa, británica y de varios países europeos, llevó a interrogar a más de 600 personas, tuvo cuatro sospechosos que fueron descartados por falta de pruebas, e incluso puso en la mira a los propios padres de la niña como posibles responsables o encubridores de su supuesta muerte.

También hubo centenares de denuncias y avisos de posibles “avistamientos” de Madeleine McCann. Se la “vio” en varios países europeos y en dos africanos. En julio de 2011, la información sobre una niña de la India que se parecía a Maddie —que para entonces debía tener 8 años— generó gran impacto en las redes sociales. Fue otra falsa alarma.

La policía portuguesa cerró la investigación, pero debió reabrirla por la presión de la prensa y de las autoridades británicas. También tuvo que entregar copias de todos sus archivos a los investigadores privados contratados por los padres de Madeleine, que continuaron siguiendo posibles pistas.

La Policía Metropolitana de Londres también siguió investigando el caso y montó la “Operación Grange”, publicó nuevos bocetos sobre posibles sospechosos e incluso investigó todos los delitos cometidos en las cercanías del Ocean Club en la época de la desaparición de Madeleine. En marzo de 2014, los investigadores británicos informaron que estaban tras la pista de un hombre que agredió a jóvenes inglesas que pasaron vacaciones en Portugal en los años previos y posteriores a la desaparición de McCann. Otro callejón sin salida.

La pesquisa —que ya parecía sin salida— volvió a tomar impulso en 2022 sacando de las sombras del pasado a un viejo sospechoso que había sido descartado. Se trataba de Christian Brueckner, un ciudadano alemán que vivió entre 1995 y 2007 en el Algarve y estuvo cerca del complejo Ocean Club la noche que Maddie desapareció. Su presencia allí fue registrada por datos de su teléfono celular. Cuando se puso el foco sobre él, estaba preso en la cárcel de Kiel, al norte de Alemania, por abusos sexuales, agresiones físicas, robos y delitos menores. Se lo describía como “un psicópata carismático y un narcisista manipulador”. Cuatro años después, cuando Brueckner está bajo libertad vigilada, la fiscalía no encontró ninguna prueba concreta para relacionarlo con el caso.

La familia no descansa

Kate y Gerry publicaron un libro, Madeleine, donde contaron la búsqueda infructuosa de su hija, y Netflix produjo un documental que todavía se puede ver en la plataforma. La desaparición de Maddie trastocó para siempre la vida de la familia. Sin embargo, con los años, los padres, además de buscar incansablemente a su hija, pusieron todos sus esfuerzos para darles a sus otros dos hijos una vida lo más normal posible. Por esa razón, siempre los preservaron de la exposición pública y pidieron encarecidamente a los medios de comunicación que no los acosaran.

Según un artículo del Daily Mail, a menudo se ve a los cuatro McCann pasear juntos por las calles de Rothley, donde una vela sigue ardiendo las veinticuatro horas del día para Madeleine y las tiendas siguen exhibiendo carteles que rezan: “No te rindas”. Kate McCann, que trabajaba como médica clínica, nunca volvió a practicar su profesión y se convirtió en embajadora de la organización benéfica Missing People. Su marido Gerry, un prestigioso cardiólogo, es hoy profesor en la Universidad de Leicester y acaba de recibir 1,95 millones de libras esterlinas para financiar su investigación sobre enfermedades cardíacas. En la casa, el dormitorio de Maddie sigue igual que en 2007, con sus muñecas y osos de peluche, y Kate sigue seleccionando fielmente los regalos para su hija desaparecida cada cumpleaños y cada Navidad.

Amelie y Sean, los hermanos de Maddie, cursaron sus estudios primarios y secundarios en una escuela católica de Loughborough, cuyas autoridades han tenido un gesto con la familia: siempre hay una vacante reservada para Madeleine. Durante la adolescencia, ya por decisión propia, los gemelos siguieron manteniéndose lejos de las actividades públicas relacionadas con la desaparición de su hermana y nunca dieron notas a los medios de comunicación. “Sean y Amelie compiten en triatlones y en carreras de travesía de campo. El año pasado, los gemelos cumplieron 13 años y tuvieron una fiesta con familiares y amigos”, publicó el Daily Star en 2019.

Una vela por Maddie

En 2023, con 18 años recién cumplidos, Amelie decidió participar por primera vez en la vigilia que todos los 3 de mayo se realiza en Rothley, con la participación de los vecinos que acuden para mantener viva la memoria de Maddie y rogar por su aparición. La convocatoria de los padres fue la misma de siempre, en la que solo cambia el número de años que Madeleine lleva desaparecida: “Hoy se cumple el aniversario del secuestro de Madeleine. Sigue desaparecida… aún se la extraña mucho. Es difícil encontrar las palabras para expresar cómo nos sentimos. La seguimos buscando”, escribieron Kate y Gerry en la página web dedicada a su hija en esa ocasión. Durante la ceremonia, los padres solo leyeron un comunicado en el que decían: “La investigación policial continúa y esperamos un avance. Gracias a todos por su apoyo, realmente ayuda”.

Kate y Gerry McCann, padres de Madeleine, enfrentaron acusaciones y escrutinio mediático, aunque la policía cerró el caso contra ellos por falta de pruebas (EFE/Mario Cruz/Archivo)

Todos los asistentes pusieron sus miradas en Amelie McCann, una adolescente de pelo largo y rubio, vestida con vaqueros, zapatillas y un abrigo color marrón claro. Era inevitable que, al mirarla, muchos se preguntaran si así se vería Madeleine. Habló en público por primera vez para pronunciar solo una frase de agradecimiento: “Qué lindo que todos estén aquí juntos, pero es una ocasión triste”, dijo. Después, junto a su amiga Georgina, encendió una vela en honor de su hermana Maddie. Con eso se cerró la ceremonia.

Cuando se cumplen 19 años de aquella fatídica noche del 3 de mayo de 2007 en Praia da Luz, la búsqueda de Madeleine McCann continúa. El fiscal alemán Hans Christian Wolters está convencido de que el recién liberado Christian Brueckner sabe qué pasó con ella, pero sigue sin conseguir las pruebas necesarias para incriminarlo.

Fuente: Infobae

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