El magnate tecnológico Peter Thiel, quien recientemente adquirió una mansión de USD 12 millones en Buenos Aires, se reunió por segunda vez en la Casa Rosada con el presidente Javier Milei para indagar sobre la sostenibilidad de su experimento libertario. Paralelamente, a través de su principal empresa, Palantir —proveedora de la CIA, el Pentágono y el servicio de Inmigración de EE.UU.— lanzó al público indumentaria corporativa: una chore coat (chaqueta u overol de trabajo) en celeste y negro, con el logo de Palantir, confeccionada en algodón norteamericano y con un precio de 239 dólares.
Lo sorprendente es que este producto básico, minimalista incluso en el tamaño del logo y acompañado de gorros Palantir, llamó la atención de GQ, publicación de moda y tendencias masculinas, y se agotó el primer día.
La Palantir Store también promociona y vende el libro “Mobilize: how to reboot the American Industrial Base and Stop World War III” (“Movilizar, cómo reiniciar la base industrial estadounidense y evitar la Tercera Guerra Mundial”). El autor, Shyam Sankar (CTO de Palantir), y la coautora, Madeline Hart (estratega de la empresa), abordan allí el deterioro manufacturero de EE.UU. y su impacto en la seguridad nacional.

Sankar y Hart argumentan que la separación entre los sectores comercial y de defensa, acentuada tras la Guerra Fría, desconectó la innovación privada de las necesidades militares. Proponen introducir más competencia en compras y licitaciones, permitir al Pentágono la contratación directa y hasta promover que las fuerzas armadas de EE.UU. compitan entre sí para lograr resultados más rápidos. No obstante, advierten sobre el riesgo de que las empresas antepongan su beneficio a la seguridad nacional, como ocurrió al deslocalizarse hacia China, debilitando la capacidad industrial estadounidense.

En una presentación ante el Hudson Institute, un think tank estratégico fundado en 1961 por el futurólogo Herman Kahn, Sankar afirmó que la Inteligencia Artificial (IA) es el “piedrazo de David” contra el “Goliat” de la planificación industrial china, otorgando “superpoderes” a los trabajadores norteamericanos para hacerlos “50 veces más productivos” que los de cualquier otro país, incluida China.
Paul Revere de Silicon Valley
Según The Wall Street Journal, con su mensaje a favor de movilizar la base industrial norteamericana y evitar el riesgo de “una sangrienta y humillante derrota” en una eventual guerra con China, el CTO de Palantir se convirtió en “el Paul Revere de Silicon Valley”. (Revere fue un patriota famoso por su histórico galope nocturno en 1775, alertando a los colonos de Massachusetts sobre el avance de las tropas británicas, antes de las batallas de Lexington y Concord, hitos de la independencia de EE.UU.)
Esa prédica industrial-militar coincide con la observación de Thiel de que en las últimas décadas EE.UU. y Occidente se ocuparon demasiado de los “bits” (el mundo digital) y poco de los “átomos” (el mundo material, la base física y productiva).
De hecho, la última creación empresarial de Thiel es General Matter (Materia General), que aspira a ser para la energía nuclear de EE.UU. lo que General Motors fue para la industria automotriz: un gran impulsor, a partir de la producción de HALEU (High Assay Low Enriched Uranio). A mediados de 2025, General Matter recibió un aporte inicial de USD 50 millones de un fondo del Departamento de Energía de EE.UU. dotado de USD 2.700 millones, así como Palantir —cuya capitalización de mercado es hoy de USD 445.000 millones— nació de In-Q-Tel, una incubadora de empresas de la CIA. Con la producción local de HALEU, EE.UU. busca reducir la dependencia de Rusia, de donde importa actualmente cerca del 35% del uranio para sus centrales nucleares.
“Deseo mimético” e inversión en Facebook
Thiel, abogado de formación y filósofo e intelectual de vocación, recorrió un largo camino desde sus años en la Universidad de Stanford, donde se volvió discípulo del crítico literario francés René Girard, quien desarrolló la teoría del “deseo mimético”: la idea de que los humanos no deseamos las cosas por sí mismas, sino porque otros también las desean, lo cual genera conflictos cuando se trata de deseos excluyentes, desde la competencia amorosa hasta la rivalidad por la hegemonía geopolítica.
Tan apegado a Girard es Thiel que fue uno de los inversionistas iniciales en Facebook porque pensó que sería un rentable vehículo de deseo mimético: millones de usuarios se sumarían para no “quedar afuera”. Más aún, creó la fundación “Imitatio” para difundir la obra del pensador francés, y en 2023 reunió a innovadores y líderes de opinión en Washington en un evento que —según su página web— sintetizaba tres ciudades metafóricas: Atenas (la razón), Jerusalén (las tradiciones religiosas) y Silicon Valley (los innovadores).
Ahora, el magnate tech cree que el mundo digital debe reposar sobre bases firmes, en territorio propio o, al menos, aliado, no en suelo rival o enemigo.
A raíz de la venta de overoles y del libro de Sankar, Elaine Moore, columnista de Financial Times, se pregunta por qué una empresa tecnológica vende ropa y por qué el público la compra. Palantir dice que la prenda es un uniforme para empleados que visitan clientes, pero según Moore la cuestión trasciende lo funcional. La moda en el sector tecnológico —señala— se caracteriza por prendas básicas y poco llamativas, pero el auge de la IA y las empresas Tech cambió la percepción: ahora el público general busca identificarse con símbolos de innovación y éxito financiero, incluso con ropa corporativa.

El target de Palantir, concluye la columnista, no son los ejecutivos ni los consumidores convencionales, sino los inversores minoristas, sostén de su valor de mercado y afines al mensaje de capacidad productiva y orgullo nacional, así como al perfil desafiante de la empresa, pues los avances en IA dependen hoy de grandes centros de datos y del suministro de energía, ambos profundamente materiales y tangibles.
Un tercer producto de la Palantir Store son parches rectangulares y adhesivos con el diseño y colores de la bandera de EE.UU. y de otros cinco países: Gran Bretaña, Canadá, Alemania, Japón y Corea del Sur. Por ahora no figura Argentina, aunque Thiel ya sentó base en Buenos Aires.
Fuente: Infobae