Con la voz entrecortada pero firme, Norma Aleandro pronunció una frase que quedó grabada en la memoria de todos los argentinos: “And the winner is… The Official Story”. Era 1986 y por primera vez una película argentina obtenía un Premio Óscar. Para entonces, Aleandro ya era una figura consagrada; incluso había ganado el premio a Mejor Actriz en Cannes por esa misma cinta. Pero años atrás, cuando soñaba con vivir de la actuación, alguien se atrevió a decirle que no servía para eso.
Nacida el 2 de mayo de 1936 en Buenos Aires, en una familia de artistas (su padre Pedro Aleandro, su madre María Luisa Robledo y su hermana María Vaner), inició su carrera teatral a los 9 años. De adolescente, sufrió un duro revés al inscribirse en un curso de improvisación de la profesora francesa Simone Garmá, a quien admiraba profundamente. Al finalizar la evaluación, Garmá la descartó sin más.
“Ella me fascinaba. En un momento fue dando temas para improvisar y yo me iba sentando más y más atrás. Tenía pánico. Pero tuve que subir con otros compañeros… Después de que Garmá me dio su devolución, salí llorando, fui al río, quise suicidarme. Pero no tenía condiciones para matarme”, recordó Aleandro.
A pesar de ello, no se rindió. Siguió en el teatro, debutó en cine y televisión, pero la sombra de aquella crítica la perseguía: “Actuaba convencida de que para eso yo no servía”, confesó. A los 15 años dejó el colegio secundario por acumulación de amonestaciones y se volvió autodidacta. Con el tiempo se convirtió en actriz, guionista y directora, quizá la más laureada de su generación. Sin embargo, en 1975, bajo el gobierno de Isabel Martínez de Perón, recibió amenazas de la Triple A y se exilió en Uruguay y España.
Tras regresar al país, aún bajo la dictadura militar, Luis Puenzo la convocó para filmar La historia oficial junto a Héctor Alterio. Las condiciones eran difíciles; muchas escenas se rodaron en secreto. Aleandro recordó: “Empezamos a filmar antes de que Ricardo Alfonsín llegara al gobierno… muertos de miedo con lo que estábamos haciendo. Yo le dije que no ochenta veces a Puenzo… No quería volver al exilio o que me mataran. Al final, lo hablé con mi marido y llegamos a la conclusión de que era una obligación ciudadana”.

Después de un breve romance juvenil con Alfredo Alcón y una relación con el actor y director Oscar Ferrigno (padre de su único hijo, Oscar, también actor), en 1976 se casó con el psicoanalista Eduardo Le Poole, quien la acompañó en los momentos difíciles. Aleandro siempre evitó hablar de su vida privada: “Una cosa es compartir con el público la actuación, y otra los afectos, que también son sagrados pero privados”.

Su carrera siguió en ascenso. Al año siguiente, se convirtió en la primera argentina nominada al Óscar como Mejor Actriz de Reparto por Gaby: A True Story (de Luis Mandoki). Luego rechazó varias ofertas internacionales y en 1990 mostró su faceta de comediante en 100 veces no debo, junto a Luis Brandoni, Andrea del Boca, Federico Luppi y Darío Grandinetti.

En 1996 compartió set con Luppi en Sol de Otoño (de Eduardo Mignogna), por la que ganó la Concha de Plata en San Sebastián. Y en 2001 protagonizó El hijo de la novia (de Juan José Campanella) junto a Ricardo Darín, película nominada al Óscar y ganadora del Gran Premio del Jurado en Montreal. En total, participó en unas sesenta películas, además de televisión y teatro.
“Me da mucha alegría ir por la calle y que alguien diga: ‘Te vi’, con una felicidad como de un familiar… Esa respuesta tan profunda me hace muy feliz. Es el premio más lindo que tengo”, aseguró Aleandro, quien hoy cumple 90 años.
Fuente: Infobae