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Guayaquileños y visitantes eligen el Malecón Simón Bolívar para pasear en este feriado

Con helados en la mano y granizados que se derriten bajo el sol, familias y grupos de amigos recorren el Malecón Simón Bolívar en la mañana de este 2 de mayo en el contexto del feriado por el Día del Trabajo,

Este espacio del centro de Guayaquil recibe a quienes decidieron quedarse en la ciudad. A lo largo del recorrido se observa gente caminando, niños jugando cerca de la rotonda y visitantes que se detienen a comer o sentarse por algunos minutos antes de continuar.

La presencia de personas es constante. En varios tramos se ve a familias completas, parejas y grupos pequeños que avanzan, compran algo frío y buscan sombra. Los niños corren, se sientan en el piso o juegan mientras los adultos descansan cerca, con bebidas o dulces en la mano.

Ángel Vicente Naranjo, de 48 años, llegó desde Durán junto a su esposa, Francisca del Rosario. Ambos caminaban por el malecón después de haber comprado comida. Viven en la ciudadela Brisas del Guayas y decidieron no salir de viaje. “No hubo el dinero para viajar, entonces nos quedamos. Del trabajo nos vinimos para acá a dar unas vueltas, comimos, paseamos”, comenta.

Para ellos, este tipo de salida se repite en feriados. Se detienen por momentos, se sientan y luego continúan. Francisca explica lo que representa la fecha de conmemoración del Día de Trabajo, que se recuerda cada 1 de mayo. “Es un día bonito, donde se reconoce el esfuerzo que uno hace diariamente en el trabajo”, dice, mientras observa el paso de otras personas.

Más adelante por la zona de juegos infantil se encontraba Michela Avilés, de 36 años, estaba con su esposo, su hijo pequeño y su sobrino. El niño sostenía un helado mientras ellos se ubicaban en una zona con sombra. Son de Guayaquil y decidieron salir ese mismo día. “Hemos pasado en casa y recién salimos a distraer a los niños”, cuenta.

El malecón fue la opción por cercanía. “Aquí es más natural, más sano, por los árboles y el río”, señala. También menciona que no consideraron viajar fuera de la ciudad. “En las playas hay mucha gente y todo es más caro”, añade, mientras el grupo permanece reunido conversando.

Cerca de una imagen religiosa, un grupo de personas se mantiene reunido en silencio. Algunos están de pie, otros sentados. Habían terminado de rezar cuando se los abordó. Alberto, de 33 años, explicó que son de Guayaquil y que realizan esta actividad cada primer sábado del mes. “Venimos a rezar por el Ecuador, para que vuelva a sus cimientos”, comenta.

Señala que se organizan entre familiares y conocidos, y que en ese momento varios ya se habían retirado. “Es un deber como católicos”, dice, mientras otros integrantes del grupo permanecen cerca.

Compras y paseos

Más adelante, Angie Baca, de 30 años, caminaba sola antes de dirigirse a locales comerciales. Llegó desde Manabí el jueves y se hospeda con familiares en el sur de la ciudad. “Vine a pasear y también a comprar útiles escolares, acá se encuentra más económico”, explica.

Planea regresar en los próximos días, antes del inicio de clases. Mientras avanza, observa vitrinas y se detiene por momentos. “Aprovecho el viaje para hacer ambas cosas”, añade.

En el recorrido, varias personas permanecen sentadas en el piso o en las bancas, otras apoyadas en barandas, mientras los niños siguen jugando cerca de la zona de juegos y los visitantes avanzan entre puestos de comida y vendedores en la zona.

En el río también se replican los paseos a bordo de embarcaciones que ofrecen recorridos hacia la zona de Puerto Santa Ana y las cercanías del barrio del Astillero.

Fuente: El Universo

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