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Estudio revela por qué solo ciertas rayas desarrollan manchas oculares

Las manchas con forma de ojo que adornan el dorso de algunas rayas y skates tienen una explicación evolutiva que acaba de ser revelada por un equipo de investigadores suecos.

Según el estudio publicado en la prestigiosa revista Nature Ecology & Evolution, estas marcas solo aparecen en especies pequeñas, sin defensas físicas potentes, que habitan en aguas poco profundas donde la luz solar penetra con intensidad.

El trabajo analizó 580 especies de rayas y skates, lo que representa más del 90% de todas las especies conocidas de este grupo de peces cartilaginosos.

La investigación estuvo a cargo de Madicken Åkerman, Ana Cristina R. Gomes, David Wheatcroft, Niclas Kolm, Karl Gotthard y John Fitzpatrick, del Departamento de Zoología de la Universidad de Estocolmo, en Suecia.

John Fitzpatrick, investigador del Departamento de Zoología de la Universidad de Estocolmo, lideró el estudio./ Anette Gärdeklint Sylla

Las implicancias de este hallazgo trascienden a las rayas: los científicos demuestran que para entender por qué un animal desarrolla cierta defensa es necesario considerar el conjunto completo de sus estrategias de supervivencia, no cada una por separado.

(Imagen Ilustrativa Infobae)

“Nuestros resultados muestran que hay que mirar el conjunto completo de opciones para evitar depredadores. Las manchas oculares evolucionan solo bajo ciertas condiciones ecológicas y defensivas. Son una solución entre muchas en la carrera armamentista evolutiva entre depredador y presa”, afirmó la investigadora principal, Madicken Åkerman.

El ojo que no ve no protege

La Caliraja stellulata es una raya del Pacífico nororiental reconocible por las manchas en forma de ojo sobre sus aletas pectorales/Andy Murch

Rayas y skates enfrentan una amplia variedad de depredadores: tiburones, mamíferos marinos y peces de gran tamaño, entre otros.

Algunas especies se defienden con órganos eléctricos o púas venenosas en la cola; otras recurren al camuflaje y se entierran en la arena del fondo marino.

Los investigadores suecos buscaron determinar si estas distintas estrategias defensivas influyen en la aparición de marcas visuales llamativas, y si el tamaño del cuerpo o la profundidad del agua también juegan un papel en ese proceso evolutivo.

También se preguntaron si las manchas oculares surgen de manera directa o si requieren un camino previo de cambios más simples.

Para responder estas preguntas, recopilaron datos sobre el tipo de defensa de cada especie, su tamaño adulto y la profundidad del agua donde habita.

Las defensas se clasificaron en dos categorías: estándar (espinas y estructuras duras en la piel) y robustas (púas venenosas u órganos eléctricos capaces de producir descargas).

Primero la mancha, después el ojo

Solo el 14% de las especies estudiadas presentó marcas visuales en el dorso, y solo 25 de ellas mostraron manchas oculares verdaderas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Solo el 14% de las 580 especies (83 en total) presentó marcas llamativas en el dorso. De esas 83, apenas 25 tenían manchas oculares verdaderas: marcas circulares con anillos concéntricos de colores contrastantes que recuerdan a un ojo.

Las manchas oculares aparecieron casi exclusivamente en los skates (orden Rajiformes), el único grupo del conjunto estudiado que carece de defensas físicas robustas.

Más del 92% de las especies con manchas oculares pertenecen a ese orden; las rayas con púas venenosas o descargas eléctricas rara vez las desarrollaron.

Los modelos estadísticos confirmaron que las marcas llamativas son más probables en especies de cuerpo pequeño que viven a menos de 200 metros de profundidad, donde la luz penetra con fuerza.

Las manchas visuales suelen perderse evolutivamente en especies que viven en aguas profundas y oscuras, donde los depredadores no las perciben (Imagen Ilustrativa Infobae)

La única familia de skates sin ninguna marca llamativa fue precisamente la que habita exclusivamente por debajo de esa cota, donde la luz no llega.

El estudio también reconstruyó el camino evolutivo de estas marcas: primero aparecen manchas simples y, solo después, algunas especies desarrollan las manchas oculares más elaboradas.

“Parece ser un proceso por etapas. Primero vienen otras marcas, y con el tiempo se refinan hasta convertirse en manchas oculares”, explicó el investigador sénior John Fitzpatrick.

Ganar manchas oculares directamente desde cero resultó unas 100 veces menos probable que ganarlas a partir de manchas simples previas.

Además, las marcas se pierden con frecuencia: en aguas profundas y oscuras, donde ningún depredador puede percibir una señal visual, la ventaja desaparece y las marcas tienden a desvanecerse evolutivamente.

La raya áspera del Mediterráneo (Raja radula) es una de las especies con manchas llamativas documentadas en el estudio/ Andy Murch

Cerca del 95% de los casos presentó las marcas en pares simétricos sobre las aletas pectorales, ubicadas en el centro del cuerpo.

Esa posición descarta la hipótesis de que sirvan para desviar ataques hacia zonas no vitales y apunta, en cambio, a que su función es intimidar al depredador o hacerle creer que ya fue detectado.

El trabajo contó con financiamiento de la Beca de la Academia Knut y Alice Wallenberg y del Consejo Sueco de Investigación, y los datos y el código del estudio están disponibles para su consulta en la plataforma abierta Open Science Framework.

Los investigadores propusieron como próximo paso explorar si el mismo principio —que las defensas físicas y visuales tienden a excluirse mutuamente— se repite en otros grupos de animales, tanto acuáticos como terrestres.

Fuente: Infobae

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