En el mar interior de Seto, en Japón, se encuentra Aoshima, una pequeña isla que ha pasado de ser un próspero pueblo pesquero a un territorio prácticamente abandonado, donde la presencia humana ha sido superada por la felina. Actualmente, apenas tres residentes permanentes conviven con aproximadamente 80 gatos, una proporción asombrosa que le ha valido el apodo de «isla de los gatos».
Estos felinos, descendientes de aquellos que los pescadores introdujeron siglos atrás para controlar las plagas de ratas, deambulan libremente por viviendas y templos abandonados. Los visitantes que llegan en ferry son recibidos por un coro de maullidos, y muchos aprovechan para alimentar o acariciar a los gatos de pelaje naranja, marrón y carey. Sin embargo, la falta de hoteles y servicios limita la estancia, y la mayoría regresa el mismo día, según reporta National Geographic.

Historia de Aoshima y su vínculo con los felinos
La colonización de Aoshima se remonta a 1639, cuando familias de pescadores se establecieron para dedicarse a la captura de sardinas. Para combatir las ratas que amenazaban las provisiones, introdujeron gatos, asegurando así la salubridad de la isla. Durante generaciones, la pesca fue el eje de la vida local.
El pico demográfico se registró tras la Segunda Guerra Mundial, con 900 habitantes. No obstante, la sobreexplotación de los caladeros y la industrialización del país provocaron un éxodo masivo. Para la década de 1960, la población se redujo a 165 personas, y en 2018 apenas quedaban 13, en su mayoría ancianos, según detalló Viajes National Geographic. Hoy, solo tres residentes permanecen, enfrentando el aislamiento y las crecientes dificultades.
Auge y declive de la colonia felina
El despoblamiento humano permitió que la población de gatos se disparara. Sin depredadores y con alimentación constante, la colonia superó los 200 ejemplares hace una década. Los animales ocuparon casas abandonadas, muchas dañadas por tifones.
Sin embargo, la endogamia generó problemas de salud: cerca de un tercio de los gatos presenta enfermedades o deficiencias físicas. Para mitigar esto, el gobierno japonés implementó una campaña de esterilización en 2018, reduciendo el número a los actuales 80 gatos y evitando un mayor deterioro genético.

Un futuro incierto
La vida social en Aoshima es prácticamente inexistente. Los pocos residentes se encargan de alimentar a los gatos y mantener el entorno, pero la falta de servicios como bares, tiendas u hospitales dificulta cualquier intento de permanencia, incluso para el turismo. Las actividades se limitan a fotografiar a los felinos y recorrer calles cubiertas de vegetación y ruinas.
El destino de los gatos sigue sin definirse. Las autoridades han considerado trasladarlos a refugios o familias, pero no hay garantías para todos. Mientras tanto, otras islas japonesas conocidas como «islas de los gatos», como Tashirojima, Manabeshima o Enoshima, han logrado preservar sus colonias mediante una mayor integración turística y políticas de protección animal, contrastando con el progresivo abandono de Aoshima.
Si la tendencia actual continúa, la isla podría quedar completamente vacía, sin humanos ni felinos, convirtiéndose en un ejemplo extremo de transformación y abandono.
Fuente: Infobae