El actor irlandés Barry Keoghan, conocido por su papel en Saltburn, ha lanzado una advertencia sobre la presión que ejercen las redes sociales y sus secuelas. “Estuve evitando cosas. Eliminé Instagram y dejé de socializar por todo el odio online”, confesó en el podcast Friends Keep Secrets.
Lejos del brillo de la fama, Keoghan eligió el aislamiento digital y la disciplina física como escudo para preservar su autenticidad artística y emocional. Su paso por el espacio de cultura pop estuvo marcado por una honestidad sin filtros, donde abordó temas que van más allá del aura de Saltburn y del escrutinio sobre su ascenso meteórico.
El actor se sinceró acerca de una infección por fascitis necrosante que casi le cuesta la vida, así como los retos emocionales vinculados a su salud mental y su carrera.
Infancia, salud y reconstrucción personal

En Friends Keep Secrets, Keoghan repasó cómo una infancia marcada por la pérdida familiar, las adicciones, el diagnóstico de TDAH y un grave episodio de fascitis necrosante condicionaron su vida y su trabajo. Relató que, tras superar una etapa de consumo problemático de drogas y mantener la sobriedad durante dos años y medio, debió reconstruir su entorno y enfrentar el impacto de la exposición pública para proteger su bienestar emocional.
El propio Keoghan compartió su experiencia al sobrevivir a la fascitis necrosante: “Tenía una bacteria que come carne… casi muero”. Explicó que la infección, asociada a un episodio de violencia y abuso de sustancias, comprometió seriamente su brazo y su vida. “Trajeron doctores de Liverpool, médicos de la ciudad inglesa, para tratarme; lo atraparon justo a tiempo y tres semanas después ya estaba rodando la película”, describió en el podcast.
Adicciones, familia y los caminos de la recuperación

Al abordar el proceso para dejar atrás sus adicciones, Keoghan detalló: “Llevo dos años y medio limpio. Fueron tres intentos de rehabilitación y fue en Malibu, a los 32 años, cuando decidí dejarlo definitivamente”. Mencionó la muerte de su madre a los 42 años por consumo de heroína y el papel fundamental de su abuela y su entorno en Irlanda para apoyarlo en los momentos más difíciles.
Recordó también que la disciplina física y las rutinas establecidas ayudaron a crear una estructura diaria tras dejar las drogas, permitiéndole ganar confianza para volver a trabajar. A pesar de los desafíos, la recuperación, según Keoghan, es un proceso continuo en el que la contención familiar y los recursos médicos resultaron clave.
El TDAH en la vida y en la actuación
Sobre su salud mental y vida profesional, Keoghan explicó la influencia del TDAH: “He sido diagnosticado y medicado durante seis años. Sin esa ayuda era disperso e impulsivo, pero con la medicación puedo concentrarme y evitar perderme en pensamientos caóticos”.

Añadió en el podcast: “Mi medicación es de liberación prolongada, me ayuda a estructurar el día aunque reduzca el apetito. Por eso desayuno mucho antes de empezar el rodaje”. Para Keoghan, el equilibrio entre la disciplina física —con rutinas de boxeo al amanecer— y el control farmacológico fue esencial para mantener el ritmo de grandes producciones y abordar los desafíos creativos.
Fama digital, toxicidad y el aislamiento electivo

Comentó que las críticas a su apariencia y los rumores infundados influyeron en su decisión de alejarse del mundo digital: “Hay vídeos en TikTok diciendo que me odian solo por lo que viví, y no quiero una tarjeta de compasión. No entiendo por qué la gente insiste en hundir a quien ya arrastra tanto”.
La presión de la fama afectó no solo su ánimo, sino también sus relaciones personales: “Tener una relación en público lo magnifica todo. Aunque alguien admitiera haber inventado un rumor, nadie quiso escuchar esa corrección”, lamentó Keoghan.
Saltburn: escenas, viralidad y el trabajo con Emerald Fennell
Keoghan profundizó en la repercusión de la escena de desnudez integral en Saltburn y su viralidad: no fue una decisión gratuita desnudarse en la película, era parte de la verdad del personaje y de la naturalidad con que el cine europeo trata estos temas. Elogió a Emerald Fennell, directora del filme, por buscar la autenticidad en momentos íntimos: “Era como bailar desnudo en tu propia casa, representa libertad y propiedad del cuerpo”.

El actor indicó que la secuencia se filmó unas 12 veces y que, aunque le ofrecieron usar prótesis, prefirió la transparencia: “Estoy bien haciéndolo así si quienes mandan lo consideran adecuado. Todo el set mostró respeto, porque es incómodo para todos”. Además, destacó las diferencias culturales entre el cine estadounidense y el europeo sobre el tratamiento de la sexualidad, siendo este último menos tabú.
Construcción de personajes extremos
En cuanto a papeles complejos como el Joker, Keoghan compartió en Friends Keep Secrets: “Para ser honesto y vulnerable en el set, tengo que llegar a lugares emocionales peligrosos. No hago esto todos los días, pero es imprescindible para dar realidad al personaje”. Respecto a la interpretación del Joker, añadió que ese papel le exige alcanzar un estado vulnerable, aunque asuste, porque la verosimilitud interpretativa así lo demanda.

El actor explicó que solo asiste una vez a los estrenos de sus películas y no vuelve a verlas: su prioridad absoluta es transmitir la verdad en los ojos de sus personajes en cada toma. Si logra ser fiel a lo que siente en el momento de actuar, considera que lo demás deja de importar. Keoghan mantiene sus rutinas de terapia y la conexión con sus raíces, al tiempo que sigue esforzándose por transformar la vulnerabilidad en arte.
Fuente: Infobae