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Los sueños no son aleatorios: personalidad y estrés los moldean, según estudio

Por siglos, la humanidad ha intentado comprender el significado de lo que experimenta mientras duerme. Aunque aún no se han descifrado todos los misterios del subconsciente, un equipo de científicos italianos de la Escuela IMT de Estudios Avanzados de Lucca, la Universidad Sapienza de Roma y la Universidad de Camerino ha logrado desentrañar una de las incógnitas de la mente dormida.

La investigación, publicada recientemente en una prestigiosa revista del grupo editorial Nature Portfolio, demuestra que los rasgos de personalidad más estables y las experiencias estresantes del día a día trabajan en conjunto para construir y alterar los escenarios oníricos nocturnos. Para llevar a cabo el estudio, los autores se alejaron de las interpretaciones psicológicas clásicas y se basaron estrictamente en la tecnología de procesamiento del lenguaje natural (NLP) y los grandes modelos de lenguaje de inteligencia artificial.

Durante la fase de análisis se recopilaron 3.366 relatos verbales detallados de sueños y pensamientos de vigilia, proporcionados por más de 287 adultos de entre 18 y 70 años entre los años 2020 y 2024. La metodología consistía en que los participantes grabaran una nota de voz inmediatamente al despertar, relatando todo lo que recordaban que acababa de pasar por sus mentes.

Posteriormente, la IA evaluó estas transcripciones, puntuándolas en base a 16 dimensiones distintas, como: la extrañeza del relato, la presencia de emociones, las referencias al espacio físico y las interacciones sociales. Todo ello ha servido para “determinar si los sueños presentan patrones sistemáticos y medibles, en lugar de ser puramente aleatorios, y cómo esos patrones difieren de la experiencia en vigilia”, ha revelado Valentina Elce, autora principal, a Sinc.

Una mujer intenta pensar lo que quiere soñas antes de dormir (Canva)

No todos soñamos de la misma manera

Uno de los descubrimientos más reveladores del estudio es la diferencia estructural entre cómo procesamos el mundo despiertos y cómo lo hacemos dormidos. Durante el estado de vigilia, los reportes demostraron que los pensamientos son profundamente autorreferenciales; están centrados en las propias preocupaciones, gobernados por el razonamiento lógico, la noción del tiempo y el control consciente de las acciones.

En contraste, al dormir, la mente experimenta un drástico cambio de perspectiva. Dejamos de ser los directores racionales de la trama. “Mientras que las experiencias de vigilia suelen estar arraigadas en la dinámica de la vida cotidiana y limitadas por las interacciones sociales, las preocupaciones y los objetivos del individuo, los sueños se proyectan en entornos más fluidos e inmersivos”, se lee en el estudio. Esto es, los investigadores comprobaron que el sueño humano es una simulación virtual hipervisual, donde el individuo adopta con frecuencia un rol de simple espectador ante eventos de enorme rareza narrativa, rodeado de detalles espaciales y de múltiples personajes imprevistos.

Sin embargo, a pesar de que el proceso neurológico del sueño es universal, el estudio reveló que no todos soñamos de la misma manera. Una conclusión a la que se llegó con el análisis de algunos rasgos individuales. Por ejemplo, las personas que tienden a “soñar despiertas” o divagar mentalmente con frecuencia (mind-wandering) tienen sueños significativamente más extraños y experimentan muchos más cambios bruscos de escenario.

Esto apoya la teoría científica de que el sueño podría ser en realidad una continuación intensificada de esa divagación mental que experimentamos de día. De igual forma, la ciencia comprobó que la actitud que adoptamos también importa. Las personas que manifiestan una actitud positiva e interés genuino hacia sus propios sueños logran que estos se vuelvan narrativamente más ricos perceptivamente, mucho más visuales y con un mayor impacto emocional.

El impacto del estrés extremo: el caso de la pandemia

Otro factor estudiado para comprender la dinámica de los sueños es la influencia de eventos externos colectivos y si realmente logran colarse en la mente mientras dormimos. Para esta cuestión, los investigadores utilizaron un conjunto de datos adicional y muy valioso: 80 personas analizadas durante el estricto confinamiento provocado por la COVID-19 en la primavera de 2020.

Los datos no dejaron lugar a dudas de que un factor estresante de semejante magnitud altera de forma notable los sueños. Durante los peores meses del confinamiento, las noches de los participantes se llenaron de sueños con fuertes restricciones a la libertad, un tono emocional mucho más intenso de lo habitual y constantes referencias temáticas al mundo laboral y los problemas de salud.

Afortunadamente, el seguimiento a largo plazo de esta investigación aportó un mensaje tranquilizador sobre la capacidad biológica de resiliencia. Al monitorear a la población durante los siguientes cuatro años, los científicos constataron que las características de los sueños se normalizaron progresivamente. Las emociones negativas extremas y las temáticas pandémicas fueron desapareciendo de las narrativas nocturnas a medida que la sociedad recuperaba su pulso normal y el estrés colectivo se disipaba.

Fuente: Infobae

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