La Lena Dunham que vuelve a los titulares ya no es la misma que irrumpió con Girls. Su nuevo libro de memorias, Famesick, destapa el costo personal de la celebridad. En una conversación con The Guardian, la creadora describió la fama como «una enfermedad», detallando sus efectos en la salud mental y las relaciones familiares. Con solo 23 años fue etiquetada como «la voz de su generación», un peso que ahora reconoce como demoledor.
Dunham califica la fama de ciclo destructivo: ansias de aprobación, presión social y hostilidad derivaron en deterioro emocional y adicción a medicamentos. Solo tras ingresar a rehabilitación, dice, comprendió la magnitud del daño. En ese proceso perdió amistades, se distanció de su familia y tuvo que redefinir su identidad. «Me dieron todo con lo que había soñado en un momento en el que no sabía cómo manejarlo», confesó. Y añadió: «La fama no es solo exposición; cada error y cada defecto se amplifica hasta desgastarte».

El estreno de Girls en HBO supuso un giro brutal. Las reacciones, tanto elogiosas como hostiles, se volvieron adictivas y perjudiciales. En paralelo, Dunham luchó por que su endometriosis fuera diagnosticada. Cuando finalmente lo fue, comenzó a consumir ansiolíticos como Klonopin. «Confié demasiado en los médicos. Salir de esa dependencia fue mucho más duro incluso que algunas cirugías», relata.
El punto de inflexión fue su ingreso a rehabilitación, donde aún intentaba ocultarse: «Hasta allí usaba seudónimos para ocultar mi identidad. Ese instinto de esconderte no desaparece». Tras una histerectomía y hospitalización, se enfrentó a nuevos límites: «Hubo momentos en los que, al despertar, no estaba mi esposo, sino una enfermera preguntándose por qué salía tantas veces desnuda en la televisión».

Rehabilitación y exposición pública
La discontinuación de los medicamentos y la reducción de expectativas externas marcaron el inicio de su recuperación. Dunham afirmó: «Alejarme del ruido me obligó a ver quién era realmente».
Las repercusiones alcanzaron sus vínculos más cercanos. «La primera pérdida grande fue mi grupo de amigas. De repente, ya no me invitaban a reuniones, o todo giraba en torno a mi éxito. Era como si mi vida hubiera dejado de pertenecerme», recordó. Sobre su exsocia Jenni Konner, describió una relación teñida de celos; de su expareja Jack Antonoff, dijo: «Creí que debía entregarme por completo a los otros, hasta que comprendí que eso no era lo que me pedían».

El impacto en las relaciones personales
El vínculo con sus padres, Carroll Dunham y Laurie Simmons, también sufrió tensiones: «Mi madre fue mi ‘frenemy’ original. El arte era su espacio, y de pronto mi vida ocupaba ese lugar que ella reservó para sí». No obstante, Dunham destacó su apoyo: «Vuelvo a casa de mis padres cada vez que la vida me supera. Ellos son quienes me ven tal como soy, sin mitos ni filtros». Sobre escribir de relaciones rotas, explicó: «Intenté hacer un retrato amoroso de todos, incluyéndome. Era vital asumir mi responsabilidad en las dinámicas dañinas».

Salud mental y reconstrucción profesional
Durante las últimas temporadas de Girls, Dunham padeció dolores crónicos por endometriosis y síndrome de Ehlers-Danlos, con varias cirugías y una menopausia quirúrgica a los 31 años. «Había días en los que no entendía cómo seguía en pie», afirmó. El abuso de Klonopin agravó la crisis: «La dependencia llegó por la permisividad de los médicos. Romper ese ciclo fue tan duro como cualquier operación».
En lo laboral, reflexionó: «Una de las lecciones más difíciles fue entender que las empresas no son amigas. Dejé de estar dispuesta a sacrificar mi salud por compañías que obtienen más deducciones fiscales en un año que lo que un artista gana en toda su vida».

Tras mudarse a Londres con su esposo Luis Felber, Dunham encontró un entorno distinto: «En Reino Unido, las mujeres abrazan sus excentricidades y envejecen diferente. Eso me sirvió de referencia para ajustar mi forma de vivir». Actualmente, asegura haber alcanzado mayor equilibrio: «Al surgir problemas, ahora soy capaz de manejarlos. Estoy rodeada de personas que realmente me apoyan». Su advertencia desde The Guardian persiste: «Ojalá hubiera aprendido, a los veintitrés, a cuidar de mi salud antes de que la fama destruyera mis límites».

Fuente: Infobae