El líder norcoreano Kim Jong-un no solo confirmó el envío de miles de soldados a Rusia, sino que reveló una política implacable para sus tropas en el frente ucraniano. Durante un discurso pronunciado el 26 de abril en Pyongyang, el mandatario reconoció explícitamente que sus hombres fueron instruidos para suicidarse antes que caer en manos del enemigo, calificando de “héroes” a quienes optaron por la muerte voluntaria frente a la rendición.
Ante funcionarios rusos y familiares de los caídos, Kim declaró que “no solo son héroes aquellos que, sin dudarlo, eligieron el camino de la inmolación y el suicidio para defender el gran honor, sino también aquellos que cayeron mientras cargaban al frente de las batallas de asalto”, según la transcripción oficial difundida por la agencia estatal KCNA. El evento se realizó en la inauguración del Museo Conmemorativo de las Hazañas de Combate de las Operaciones Militares en el Extranjero, un recinto levantado en menos de un año para rendir homenaje a los soldados norcoreanos caídos junto a las fuerzas rusas.
La ceremonia tuvo un claro carácter político: entre los asistentes estuvieron el ministro ruso de Defensa, Andréi Belousov, y el presidente de la Duma Estatal, Viacheslav Volodin, lo que evidenció el estrecho vínculo militar entre Moscú y Pyongyang. Aunque Vladimir Putin no asistió, envió una carta expresando su “profundo agradecimiento” a los soldados norcoreanos y rindiendo homenaje a los caídos, según informó el Kremlin.

El acto coincidió con el primer aniversario de la retirada ucraniana de Kursk, la región rusa del suroeste donde Kiev lanzó en agosto de 2024 una ofensiva sorpresa que llegó a controlar cerca de 1.000 kilómetros cuadrados. Pyongyang desplegó entre 14.000 y 15.000 soldados para apoyar a las fuerzas rusas hasta que las tropas ucranianas abandonaron el territorio. Kim describió esa intervención como “una nueva historia de amistad con Rusia escrita con sangre”.
Las bajas norcoreanas en Kursk fueron significativas. El Servicio Nacional de Inteligencia de Corea del Sur estimó que aproximadamente 6.000 soldados norcoreanos murieron o resultaron heridos en los enfrentamientos. Informes de inteligencia y testimonios de desertores ya indicaban que los soldados recurrían a la autodestrucción —con granadas u otros explosivos— antes de ser capturados.
Kim también elogió a los sobrevivientes que no lograron cumplir su misión y a quienes regresaron con el cuerpo mutilado, llamándolos “guerreros leales al partido y patriotas”. Estas palabras revelan la doctrina que imperó en la participación norcoreana: la captura era vista como una deshonra inaceptable, mientras que la muerte en combate o por propia mano se presentaba como un acto de fidelidad al Estado.

El despliegue de tropas se enmarca en el Tratado de Asociación Estratégica Integral firmado por Kim y Putin en 2024, que incluye una cláusula de defensa mutua. A cambio del envío de soldados y de decenas de miles de contenedores de munición, Pyongyang recibió asistencia económica y tecnología militar de Moscú, según evaluaciones de los servicios de inteligencia surcoreanos. En la reunión bilateral del 26 de abril, Kim y Belousov además discutieron los términos de un nuevo acuerdo de cooperación militar para el período 2027-2031, lo que sugiere que la alianza entre ambos países busca consolidarse a largo plazo.
El discurso de Kim marca un cambio en la narrativa oficial de Pyongyang sobre su rol en la guerra. Hasta ahora, el régimen había reconocido el despliegue y las bajas en términos generales, pero evitaba detalles que expusieran la magnitud del sacrificio humano exigido a sus tropas. Al glorificar el suicidio como un acto heroico, Kim no solo legitima esa política retroactivamente, sino que la eleva a doctrina de Estado: la vida del soldado vale menos que el secreto que pudiera revelar su captura.
Fuente: Infobae