Las trampas mentales, conocidas en psicología como sesgos cognitivos, son patrones de pensamiento automáticos que distorsionan la percepción de la realidad. Estos mecanismos, que operan de manera inconsciente, pueden afectar la toma de decisiones y la gestión emocional en la vida cotidiana.
En el campo de la psicología, identificar estos sesgos resulta esencial para mejorar el bienestar emocional y alcanzar una visión más equilibrada del entorno. El psicólogo clínico Alberto Miranda, a través de su cuenta de TikTok (@amv.psicologia), explica que reconocer las trampas más frecuentes es el primer paso para reducir su influencia.
Miranda propone un ejercicio práctico: ante una situación ambigua, como enviar un mensaje sin recibir respuesta, surge el pensamiento automático ‘No le importo’. La recomendación del especialista es detectar ese pensamiento y cuestionarlo.
“Cuéstionalo. Quizás podría estar ocupado, quizás podría no haber visto el mensaje”, señala Miranda.
Este proceso permite evitar conclusiones precipitadas.
Siete sesgos clave
El experto detalla siete sesgos que condicionan la forma de enfrentar la realidad. El primero es el sesgo de negatividad, que, según Miranda:
“sesgo de negatividad. Este recuerda más lo malo que lo bueno”.
Este patrón otorga mayor peso a las experiencias negativas, influyendo en la memoria y el estado de ánimo.
Otro sesgo común es el catastrofismo, donde la persona
“se imagina el peor escenario posible, como si fuera el más probable”,
lo que genera ansiedad y limita la capacidad de afrontamiento objetivo.
El pensamiento extremo o de todo o nada se manifiesta en frases como
“O perfecto o fracaso, sin término medio”,
dificultando la autovaloración y generando insatisfacción constante.

El psicólogo también alerta sobre la tendencia a interpretar la vida ajena mediante la lectura de la mente:
“Crees saber lo que otros piensan”,
lo que provoca malentendidos e inseguridad interpersonal.
La personalización es otro sesgo que lleva a asumir toda la responsabilidad:
“Si algo sale mal, la culpa seguro que es tuya”,
generando sentimientos de culpa injustificados y afectando la autoestima.
De la rumiación a la flexibilidad mental
La rumiación es definida por Miranda como
“pensar en bucle como si eso lo arreglara”,
un pensamiento repetitivo que dificulta la resolución de problemas y perpetúa el malestar.
Finalmente, la evitación consiste en
“huir de lo que incomoda, agrandando el problema sin darse cuenta”,
reforzando el miedo y limitando el crecimiento personal.
Para contrarrestar estos sesgos, Miranda propone extraer del pensamiento original una versión más precisa y menos emocional.
“No tengo suficiente información para sacar esa conclusión de este hecho. Es un pensamiento más preciso, más realista”, sostiene el psicólogo.
Este enfoque promueve la distancia de las interpretaciones automáticas y fomenta la flexibilidad mental, clave para el bienestar psicológico.
Fuente: Infobae