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Bahía de Algeciras: 124 naufragios históricos descansan frente a Cádiz

En solo 75 kilómetros cuadrados de superficie, frente a las costas de Cádiz, yacen grandes tesoros que revelan la historia sumergida de España. La bahía de Algeciras, por su estratégica ubicación geográfica, ha sido durante siglos testigo del tránsito de embarcaciones de todo tipo, tamaño y propósito. Bajo sus aguas se esconde un auténtico cementerio de naufragios que, en su mayoría, aún no ha sido estudiado en detalle.

Una investigación dirigida por Felipe Cerezo Andreo, profesor asociado de Arqueología Subacuática de la Universidad de Cádiz, señala que la zona alberga al menos 150 yacimientos subacuáticos, de los cuales 124 son pecios, 7 fondeaderos históricos y 20 objetos aislados. Estos vestigios abarcan desde el siglo V a. C. hasta el siglo XX, reflejando épocas clave de la península Ibérica: el Estado púnico, el Imperio romano, la Edad Media y la época moderna.

“La bahía de Algeciras y el estrecho de Gibraltar han sido y son lugares estratégicos para la navegación”, señalan los autores de la investigación. “Su condición de vía de comunicación entre el Mediterráneo y el Atlántico, así como entre Europa y África, los han convertido en paisaje de gran importancia para la historia marítima a nivel internacional”.

A pesar de los años de intensa investigación arqueológica en los alrededores de la bahía de Algeciras, los expertos indican que el conocimiento del patrimonio cultural subacuático no ha sido suficientemente profundizado. Por ello, el Proyecto Herakles, liderado por la Universidad de Cádiz, busca investigar, catalogar, proteger y evaluar el deterioro de estas embarcaciones, que enfrentan un “importante deterioro natural y antrópico”.

Imagen satelital de la bahía de Algeciras. (Wikimedia Commons)

De la época púnica al siglo XX

Los yacimientos subacuáticos más antiguos hallados en la bahía de Algeciras pertenecen al periodo púnico. El pecio del Timoncillo I, del siglo V a. C., funciona como una “cápsula del tiempo” bajo el mar, permitiendo entender las rutas comerciales antiguas, las técnicas de construcción naval y las mercancías transportadas en el Mediterráneo hace unos 2.500 años.

Otros pecios destacados son el Guadarranque III, del siglo I a. C. (época romana tardorrepublicana), posiblemente un barco mercante de vino, aceite o salazones; el pecio medieval meriní de El Rinconcillo, vestigio de rutas comerciales de cerámica, tejidos y productos agrícolas entre Al-Ándalus y el Magreb; y el Puente Mayorga IV, de entre los siglos XVIII-XIX, que refleja la militarización del Estrecho.

Un patrimonio con riesgo de desaparecer

El descubrimiento de estos yacimientos está vinculado al cambio climático, que está sacando a la luz estos restos del pasado: “Gran parte de este patrimonio subacuático se está desenterrando a causa de la modificación de las dinámicas de transporte de sedimentos marinos, provocada por las obras portuarias y el cambio climático, lo que explica que la mayoría de los hallazgos se dieran en aguas tan someras y cerca de la playa”.

Sin embargo, se inicia una carrera contrarreloj para su estudio y conservación, ya que este patrimonio subacuático está sometido a riesgos de alto impacto: “la actividad portuaria (dragados y fondeos), la industrial (obras de infraestructura) o la turística (degradación y expolio por desconocimiento), así como el desarrollo urbanístico y los cambios que estas acciones pueden ocasionar en el medio marino y en sus recursos naturales y culturales”.

“Las zonas más profundas se ven afectadas en la actualidad por la actividad de fondeo de los grandes cargueros y embarcaciones que llegan a Algeciras y Gibraltar, que fondean a –60 o –90 metros de profundidad con pesadas cadenas y anclas de más de veinte toneladas”, señalan los autores. “El impacto que esta actividad puede estar causando sobre restos arqueológicos aún no documentados supone daños irreversibles para su conservación”; un riesgo que se irá agravando en los próximos años.

De hecho, según los investigadores, el 44 % del patrimonio documentado requiere atención inmediata, estudio y protección por riesgo de pérdida o degradación. “Si no documentamos el patrimonio que está en riesgo de desaparición, lo perderemos para siempre”.

“El mar está lleno de historias, historias de personas que se movieron en barcos de los cuales algunos naufragaron”, concluyen los autores. “Estudiar, proteger e interpretar estos sitios es responsabilidad de los arqueólogos subacuáticos y de colegas de otros campos en un esfuerzo interdisciplinario. Darlos a conocer a la ciudadanía es responsabilidad de todos”.

Fuente: Infobae

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