La velada de gala en la cena anual de corresponsales de la Casa Blanca se convirtió en una escena de caos el sábado por la noche. Era la primera vez que Donald Trump asistía como presidente tras años de ausencia, y todo transcurría con normalidad hasta que los disparos rompieron la armonía.
Más de dos mil invitados, entre altos funcionarios, periodistas y figuras políticas, ocupaban sus mesas en el gran salón del hotel Hilton. Justo después de servirse la ensalada de burrata, se escucharon entre tres y cuatro detonaciones secas cerca de una mesa lateral.
Los asistentes, vestidos de etiqueta, se lanzaron al suelo buscando refugio bajo las mesas. Agentes del Servicio Secreto irrumpieron con armas en mano, dando órdenes mientras cubrían al presidente y la primera dama.
“¿Qué está pasando? ¡No puede ser! ¡Abajo, abajo!”, gritó alguien entre la confusión. En la mesa principal, Trump, acompañado de Melania y de la presidenta de la Asociación de Corresponsales, Weijia Jiang, percibió la gravedad al ver a los comensales agacharse. El mandatario relató que inicialmente pensó que se había caído una bandeja, hasta que la reacción de su entorno le hizo comprender el peligro real.
Los agentes evacuaron de inmediato al presidente, a la primera dama, al vicepresidente JD Vance y a varios miembros del gabinete, incluyendo al secretario de Estado Marco Rubio. La incertidumbre se apoderó del salón: sillas volcadas, manteles levantados y decenas de invitados con teléfonos sin señal.
El atacante, identificado como Cole Tomas Allen, de 31 años, portaba una escopeta, una pistola y varios cuchillos. Logró atravesar los controles del vestíbulo y se dirigía al salón antes de ser reducido por la policía. Los asistentes, aliviados al saber que no hubo heridos, comenzaron a compartir información.
“Esto es la escena de un crimen”, advirtió un agente a los periodistas, mientras se organizaba la evacuación. En el vestíbulo y pasillos del hotel, donde en 1981 Ronald Reagan sufrió un atentado, los reporteros informaban entre la confusión.

Trump, ya a salvo, manifestó su deseo de retomar el evento, pero finalmente fue persuadido de abandonar el hotel. Desde la Casa Blanca, aún vestido de esmoquin, ofreció una rueda de prensa donde llamó a la unidad nacional: “Hoy más que nunca, debemos estar juntos y rechazar cualquier acto de odio”.
En el Hilton, los invitados intentaban sobreponerse al susto. Algunos se llevaban botellas de vino, otros posaban para fotos en el vestíbulo. “Es una noche histórica, hay que inmortalizarla”, comentó un asistente mientras los equipos de seguridad concluían la inspección.
El incidente dejó al descubierto fallas en el control de acceso y puso de manifiesto la necesidad de revisar protocolos de seguridad en eventos presidenciales. La Casa Blanca y los organizadores anunciaron que se reprogramará la cena dentro de un mes, con medidas de protección más estrictas.
Fuente: Infobae