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El embalse de Mazar alcanzó su nivel más bajo en medio del déficit energético que presiona al sistema eléctrico ecuatoriano

El sistema eléctrico ecuatoriano enfrenta una nueva señal de alerta en medio de su ya conocido déficit energético. El embalse de Mazar, considerado el más grande del país y clave para la generación hidroeléctrica, alcanzó su nivel más bajo en lo que va de 2026, en un contexto marcado por la disminución de lluvias, la caída de caudales y el aumento sostenido de la demanda eléctrica.De acuerdo con los registros más recientes, la cota del embalse se ubicó en 2.135 metros sobre el nivel del mar, es decir, 18 metros por debajo de su nivel máximo, una cifra que refleja un deterioro progresivo respecto de los primeros meses del año, cuando ya se advertían condiciones de baja precipitación en la región austral del país. Este descenso ocurre en un momento en que Mazar abastece a tres centrales hidroeléctricas, lo que amplifica el impacto de su reducción sobre el sistema energético nacional.El problema no se limita al nivel del embalse. El caudal del río Paute, principal fuente de alimentación de Mazar, también ha registrado una caída significativa. Según los datos más recientes, el flujo de agua pasó de 77 metros cúbicos por segundo en la mañana a 46 metros cúbicos por segundo en la tarde del mismo día, evidenciando una reducción acelerada que compromete la capacidad de reposición del embalse.
Este comportamiento responde a condiciones climáticas adversas que afectan a varias cuencas hidrográficas del país. Aunque se han registrado lluvias ligeras en los últimos días, estas no han sido suficientes para recuperar los niveles de los embalses ni para revertir la tendencia descendente de los caudales. Proyecciones técnicas incluso advierten que las precipitaciones podrían mantenerse deficitarias en los próximos meses, coincidiendo con el inicio de la época seca.La situación de Mazar adquiere mayor relevancia en el contexto del déficit energético que enfrenta Ecuador. Aunque el Gobierno ha sostenido que no existe una crisis de generación, el sistema opera bajo presión estructural, con un faltante estimado cercano a los 1.000 megavatios que ha obligado a adoptar medidas de compensación. Entre estas, el uso intensivo de embalses como Mazar, la incorporación de generación privada y el refuerzo de la matriz térmica.

En este escenario, el embalse ha dejado de operar bajo esquemas de optimización que permitían preservar el recurso hídrico. Antes, la central hidroeléctrica asociada a Mazar reducía su actividad en horas de baja demanda, especialmente durante la madrugada, para ahorrar agua. Sin embargo, ante la necesidad de sostener el suministro, la generación se ha vuelto continua, eliminando esos períodos de recuperación y acelerando el descenso de los niveles.

El uso intensivo de Mazar también responde a limitaciones en otras centrales estratégicas. La hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, una de las principales del país, no está operando a su capacidad máxima, lo que obliga a compensar su menor producción con otras fuentes. En paralelo, la demanda eléctrica ha mostrado picos de consumo que alcanzan los 5.000 megavatios en horas de la tarde y superan los 5.300 megavatios en la noche, incrementando la presión sobre el sistema.

La matriz energética ecuatoriana, compuesta en su mayoría por generación hidroeléctrica —entre el 70% y el 75%—, enfrenta así su principal vulnerabilidad: la dependencia de las condiciones climáticas. Cuando los niveles de los embalses descienden, el país debe recurrir a generación térmica, que actualmente representa entre el 20% y el 25% del total, basada en gas natural y derivados del petróleo. Este componente ha cobrado mayor relevancia en los últimos meses, en línea con el incremento de la producción de gas para garantizar energía firme.

Pese a este panorama, las autoridades han insistido en que los cortes de electricidad registrados en ciudades como Quito y Guayaquil no responden a una falta de generación, sino a problemas en la red de distribución. Según la versión oficial, fallas en subestaciones, daños por tormentas y deslizamientos han provocado interrupciones localizadas, diferenciándolas de un escenario de apagones generalizados.

Fuente: Infobae

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