En un movimiento estratégico destinado a robustecer su infraestructura bélica, Taiwán ha formalizado la firma de seis contratos para la adquisición de armamento con Estados Unidos. El monto total de la operación supera los 208.770 millones de dólares taiwaneses, cifra que equivale aproximadamente a 6.627 millones de dólares estadounidenses. Esta inversión responde a la urgente necesidad de Taipéi de mejorar sus capacidades defensivas frente a las crecientes maniobras militares del régimen de China.
Los acuerdos fueron ratificados este mes por la delegación de defensa de la isla en territorio norteamericano y el Instituto Americano en Taiwán (AIT). El paquete tecnológico incluye equipamiento de alta precisión, resaltando especialmente la incorporación de sistemas de lanzacohetes múltiples HIMARS y obuses autopropulsados del modelo M109A7 Paladin.
La viabilidad de estas compras se concretó después de que el ejército taiwanés confirmara que Washington aceptó otorgar facilidades para realizar pagos diferidos. Esto permite la obtención de 82 sistemas HIMARS y 60 obuses M109A7. Estas piezas forman parte de un plan de defensa integral valorado en 11.100 millones de dólares, el cual fue notificado al Congreso de Estados Unidos en diciembre pasado, convirtiéndose en el mayor lote de armamento aprobado para la isla hasta la fecha.
Dentro del desglose financiero de los contratos, se asignaron 123.500 millones de dólares taiwaneses (3.919 millones de dólares) específicamente para los lanzadores HIMARS. Por su parte, la adquisición de los obuses M109A7 representa un gasto de 73.890 millones de dólares taiwaneses, lo que equivale a unos 2.344 millones de dólares.

Además del armamento pesado, los convenios contemplan la renovación del inventario de misiles del Ejército, la compra de proyectiles antiblindaje, la producción conjunta de municiones de grueso calibre y servicios especializados de consultoría para el diseño de un sistema integrado de defensa aérea.
El Ejecutivo taiwanés, bajo el liderazgo del Partido Democrático Progresista, planea financiar estas y otras transacciones futuras mediante un presupuesto extraordinario de Defensa que alcanza los 1,25 billones de dólares taiwaneses (cerca de 39.700 millones de dólares), iniciativa que cuenta con el apoyo político de la administración en Washington.
Pese a la importancia estratégica, la propuesta enfrenta obstáculos internos. Los partidos de oposición, el Kuomintang y el Partido Popular de Taiwán, que actualmente poseen la mayoría en el Parlamento, han frenado el presupuesto. Sus legisladores proponen alternativas con montos menores, argumentando que existe una falta de transparencia sobre el destino final de los fondos públicos.
Esta tensión política ocurre mientras Beijing incrementa su hostigamiento sobre la isla. El régimen chino sostiene que Taiwán es una «parte inalienable» de su territorio y mantiene la postura de no renunciar al uso de la fuerza armada para retomar el control absoluto del territorio insular.

Presión diplomática y bloqueo aéreo
Recientemente, el régimen de Xi Jinping empleó tácticas de bloqueo de navegación aérea para sabotear la agenda internacional del mandatario taiwanés, Lai Ching-te. El presidente tenía previsto realizar una visita de Estado a Esuatini, el último aliado diplomático de Taipéi en el continente africano. Sin embargo, presiones directas de las embajadas chinas en Seychelles, Mauricio y Madagascar obligaron a estos gobiernos a clausurar sus espacios aéreos, forzando la suspensión del viaje hacia la capital, Mbabane.
Esta maniobra de cerco diplomático fue denunciada por el presidente Lai, quien enfatizó que estas acciones autoritarias amenazan la estabilidad regional. El mandatario expresó lo siguiente:
“Las acciones coercitivas de China socavan el statu quo, exponiendo una vez más los riesgos que los regímenes autoritarios representan para el orden internacional”.
Asimismo, el líder taiwanés reafirmó su postura de apertura hacia el exterior señalando que: “Ninguna cantidad de amenazas o coerción hará tambalear la determinación de Taiwán de relacionarse con el mundo ni disminuirá nuestras contribuciones a la comunidad global. Nuestra determinación de entablar amistades en todo el mundo con socios afines permanece firme a pesar de la presión externa”.

La respuesta internacional no se hizo esperar. El Departamento de Estado de Estados Unidos emitió una condena enérgica contra Beijing por presionar a Seychelles, Madagascar y Mauricio para restringir sus cielos. Un vocero de la diplomacia estadounidense describió el hecho como un abuso del sistema de aviación civil internacional y exhortó a China a detener sus tácticas de amedrentamiento económico, militar y diplomático.
Desde Washington se remarcó que las naciones implicadas en el bloqueo aéreo actuaron bajo coacción, interfiriendo en la seguridad y la dignidad de los desplazamientos diplomáticos de los funcionarios taiwaneses. Las autoridades estadounidenses recalcaron que el espacio aéreo debe ser gestionado bajo criterios de seguridad y no como un instrumento político al servicio de los intereses de Beijing.
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