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Remueven al Secretario de la Marina de EE. UU. por pugnas internas

La administración de Donald Trump atraviesa una nueva sacudida institucional tras la salida forzada de John Phelan, quien se desempeñaba como secretario de la Marina de los Estados Unidos. El despido, ocurrido este miércoles, es el resultado de meses de intensas disputas internas con la cúpula del Pentágono, centradas principalmente en desacuerdos estratégicos sobre cómo reestructurar el programa de construcción naval estadounidense, el cual enfrenta serios desafíos actualmente.

A través de un escueto comunicado oficial, Sean Parnell, portavoz principal del Pentágono, informó que la salida de Phelan del gobierno es de carácter inmediato. Este movimiento marca el fin de una gestión caracterizada por choques constantes con altos mandos de la defensa nacional.

Disputas por la ‘Flota Dorada’

Durante su tiempo al mando, Phelan fue el principal promotor de la denominada «Flota Dorada». Este ambicioso plan contemplaba inversiones masivas en nuevas embarcaciones, destacando la creación de un acorazado de la «clase Trump». No obstante, sus propuestas se enfrentaron a la férrea oposición de figuras clave como el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el subsecretario de Defensa, Stephen Feinberg, según confirmaron fuentes tanto del Pentágono como del Congreso.

La salida de Phelan lo convierte en el primer secretario de un servicio militar en abandonar la actual administración, aunque las tensiones en el gabinete de defensa no son exclusivas de su área. Se conoce que Hegseth también ha mantenido roces significativos con el secretario del Ejército, Daniel P. Driscoll, por temas de ascensos y políticas internas. Apenas a inicios de este mes, Hegseth procedió con el despido del general Randy George, quien fuera jefe del Estado Mayor del Ejército.

Impacto en las operaciones militares

A pesar de la relevancia política del cargo, el secretario de la Marina no posee funciones de mando directo sobre las tropas desplegadas. Por ello, analistas sugieren que es improbable que esta destitución afecte directamente el desarrollo de las hostilidades con Irán o las misiones navales para el bloqueo de puertos y la vigilancia en el estrecho de Ormuz. La labor de Phelan era esencialmente administrativa y de supervisión sobre la construcción de la fuerza naval y del Cuerpo de Marines del futuro.

Sin embargo, la inestabilidad en el liderazgo civil podría traer consecuencias logísticas. Existe el temor de que esta crisis institucional dificulte la reposición de armamento crítico, como los misiles Tomahawk y los sistemas avanzados de defensa antiaérea, recursos que han tenido un uso intensivo en el conflicto iraní.

Fricciones administrativas y políticas

Los desacuerdos entre Phelan y sus superiores, Hegseth y Feinberg, no eran nuevos; se habían mantenido latentes por meses y abarcaban desde el estilo de dirección hasta decisiones de personal. Stephen Feinberg había mostrado una creciente insatisfacción con la manera en que Phelan gestionaba los proyectos de construcción naval, llegando incluso a restarle responsabilidades directas en favor de otros funcionarios.

Asimismo, la relación de Phelan con su propio subsecretario, Hung Cao, era tensa. Cao se muestra más alineado con la visión de Hegseth, particularmente en lo que respecta a las batallas culturales y sociales que el secretario de Defensa ha priorizado en su agenda.

Según un alto funcionario gubernamental, Pete Hegseth se comunicó personalmente con Phelan antes del anuncio público para notificarle que, junto con el presidente Donald Trump, habían decidido que era necesario un cambio de liderazgo en la Marina.

Un despido inesperado en el Capitolio

La noticia tomó por sorpresa a varios legisladores. El mismo miércoles de su salida, John Phelan se encontraba en el Capitolio manteniendo reuniones con diversos senadores. El objetivo de estas citas era coordinar su próxima comparecencia anual para discutir el presupuesto de la Marina y las prioridades legislativas.

«La abrupta destitución del secretario Phelan es preocupante», manifestó a través de un comunicado Jack Reed, senador por Rhode Island y principal demócrata de la Comisión de las Fuerzas Armadas. «En medio de la guerra que el presidente Trump ha decidido librar en Irán, en un momento en que nuestras fuerzas navales están al límite de su capacidad en múltiples escenarios, este tipo de perturbación en la cúpula envía una señal equivocada a nuestros marineros e infantes de marina, a nuestros aliados y a nuestros adversarios».

Paradójicamente, Phelan mantenía un vínculo cercano con el presidente. En diciembre pasado, ambos aparecieron juntos en Mar-a-Lago para anunciar el proyecto de la «Flota Dorada». En aquel entonces, el mandatario tuvo palabras de elogio para él:

«John Phelan es uno de los hombres de negocios con más éxito del país, de nuestro país», afirmó Trump en diciembre. «Ha tenido un éxito tremendo».

Antes de su incursión en el servicio público, Phelan lideraba un fondo de inversión privado en Florida. El presidente destacó en su momento el sacrificio económico que el empresario hizo para unirse al gobierno: «Ha sufrido probablemente el mayor recorte salarial de la historia, pero quería hacerlo. Quiere reconstruir nuestra Marina. Y necesitas ese tipo de cerebro para hacerlo bien».

Divergencias estratégicas y culturales

A pesar del respaldo público inicial de Trump, la visión de Phelan chocó con la estrategia de defensa del Departamento de Guerra (DOW). Bryan Clark, analista del Instituto Hudson, señaló que Phelan impulsaba proyectos de buques tradicionales como acorazados y fragatas.

  • La dirección del DOW prefiere enfocarse en submarinos y aviones furtivos.
  • Existe una apuesta mayor por sistemas no tripulados y capacidades de software.
  • Se priorizan áreas de ciberguerra y guerra electrónica sobre la construcción naval convencional.

Finalmente, los conflictos también alcanzaron el ámbito del personal. Phelan se opuso a directrices de Hegseth relacionadas con la revisión de redes sociales de oficiales candidatos a ascensos. Hegseth ha buscado filtrar a generales y almirantes que puedan ser considerados «woke» bajo sus estándares, una medida que ha generado fricciones internas con los secretarios de cada rama militar.

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