Expertos en salud han identificado diversos fármacos, tanto de venta libre como bajo prescripción médica, que podrían tener un impacto significativo en la salud del cerebro. Al revisar el contenido de un botiquín doméstico promedio, es posible encontrar noticias alentadoras y otras preocupantes. Mientras que ciertos medicamentos habituales, tales como las estatinas o los tratamientos para la hipertensión, parecen contribuir a la disminución de las probabilidades de padecer demencia, otros fármacos —incluidos algunos de fácil acceso sin receta— podrían incrementar este riesgo.
Es fundamental considerar que la mayor parte de la evidencia disponible proviene de estudios observacionales. Por este motivo, existe la posibilidad de que factores externos a los propios medicamentos expliquen el vínculo con el deterioro cognitivo. Los especialistas recalcan que la correlación no implica necesariamente causalidad; no obstante, ciertos productos farmacéuticos podrían estar perjudicando la función cerebral de manera directa.
1. Los antihistamínicos y fármacos anticolinérgicos
Dentro de las categorías analizadas, los denominados anticolinérgicos presentan la evidencia más sólida sobre el aumento del riesgo de demencia. Estos actúan bloqueando la acetilcolina, un compuesto neuroquímico vital para procesos de memoria y atención.
- Antihistamínicos: Utilizados habitualmente para tratar alergias e insomnio.
- Antidepresivos: Ciertas variedades específicas prescritas para la salud mental.
- Tratamientos de vejiga: Medicamentos enfocados en problemas del sistema urinario.
En el corto plazo, el uso de estos fármacos puede ocasionar somnolencia y fallos temporales en la memoria. Sin embargo, a largo plazo, diversas investigaciones señalan que podrían elevar el riesgo de demencia en aproximadamente un 50 por ciento. La experta Shelly Gray, docente de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Washington, advierte que el peligro es mayor para quienes consumen estas sustancias diariamente durante varios años.
«Es poco probable que el uso puntual de Benadryl aumente el riesgo de demencia»
A pesar de ello, Gray subraya que la Sociedad Estadounidense de Geriatría desaconseja el uso de antihistamínicos en adultos mayores debido a que los medicamentos también pueden incrementar el riesgo de sufrir caídas peligrosas, por lo que sugirió buscar opciones alternativas.
Como sustitutos más seguros para las alergias de temporada, la especialista menciona los antihistamínicos de segunda generación, como Claritin o Zyrtec, que carecen de actividad anticolinérgica. Para quienes sufren de insomnio, se recomienda consultar con un médico sobre la Terapia Cognitivo-Conductual para el Insomnio (TCC-I) en lugar de recurrir a productos como ZzzQuil o Unisom.
2. Fármacos antipsicóticos
En el ámbito de la salud mental, persiste un dilema analítico: ¿los fármacos provocan la demencia o son las patologías previas, como la psicosis o la depresión, las que marcan el inicio del deterioro cognitivo? Algunos estudios han asociado los antipsicóticos con una mayor probabilidad de desarrollar demencia y con el declive cognitivo en pacientes de mediana edad.
Adicionalmente, se ha observado un mayor riesgo de fallecimiento en personas con demencia a quienes se les administran estos fármacos para controlar síntomas psiquiátricos. En conjunto, estos indicios sugieren que las sustancias podrían tener una influencia negativa directa sobre el tejido cerebral.
El profesor David Llewellyn, especialista en epidemiología clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Exeter, aclara que en casos de esquizofrenia, el tratamiento es indispensable puesto que la necesidad terapéutica inmediata es prioritaria frente a los riesgos futuros. No obstante, destaca que existe un esfuerzo global por reducir la prescripción de antipsicóticos destinados únicamente a la gestión del comportamiento en pacientes con demencia.
3. Uso de Benzodiacepinas
Estas sustancias, diseñadas para mitigar la actividad cerebral mediante un neurotransmisor específico, también han sido vinculadas con trastornos cognitivos. La Sociedad Americana de Geriatría insta a los adultos mayores a evitar las benzodiacepinas por su relación con el delirio, las caídas y el deterioro de la memoria.
Aun así, factores como la ansiedad y los trastornos del sueño —motivos comunes para su prescripción— podrían ser la causa subyacente del deterioro o síntomas tempranos de la enfermedad, en lugar de ser una consecuencia del fármaco. Para investigar esta relación, Geoffrey Joyce, catedrático en la Universidad del Sur de California, realizó un análisis en personas que consumían benzodiacepinas por dolor de espalda y no halló una conexión directa con diagnósticos de demencia.
«Lo único que concluimos es: no lo vemos. Hay que seguir estudiándolo»
Pese a que este hallazgo no descarta por completo los riesgos, Joyce indicó que los resultados ayudaron a mitigar la alarma generalizada sobre este tipo de medicación.
4. Inhibidores de la bomba de protones (IBP)
Los medicamentos para tratar el reflujo ácido presentan datos contradictorios. Aunque algunas investigaciones los vinculan con un mayor riesgo de demencia, otros estudios no han logrado confirmar tal asociación. Una de las teorías sugiere que estos fármacos podrían generar una deficiencia de vitamina B12, factor que sí está comprobado como causante de deterioro cognitivo.
La dificultad para obtener datos precisos radica en que productos como el Prilosec se adquieren frecuentemente sin receta médica, lo que complica su rastreo y análisis. En un ensayo clínico que comparó el pantoprazol con un placebo en adultos mayores, no se detectó un incremento en el riesgo de demencia tras tres años de seguimiento continuo.
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