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Alerta por drogas en ecosistemas: así cambia la fauna acuática

Un reciente estudio de carácter internacional, coordinado por la Universidad de Griffith en Australia, ha confirmado que la cocaína y sus metabolitos provocan transformaciones severas en el comportamiento del salmón atlántico (Salmo salar). Según los hallazgos, los individuos que tuvieron contacto con la benzoilecgonina —principal derivado químico de la cocaína— elevaron sus tasas de desplazamiento semanales aproximadamente 1,9 veces, logrando una dispersión de 12,3 kilómetros adicionales respecto a los grupos de control.

En el desarrollo de este experimento colaboraron instituciones como la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, la Sociedad Zoológica de Londres y el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal. Los especialistas utilizaron telemetría acústica e implantes de liberación lenta para monitorear a 105 ejemplares juveniles en el lago Vättern, ubicado en Suecia, logrando reconstruir con precisión sus trayectorias y patrones en el espacio.

Investigaciones internacionales demuestran que drogas ilícitas como la cocaína y metanfetamina alteran drásticamente el comportamiento y la biología de especies acuáticas, amenazando ecosistemas fluviales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este análisis representa un hito, ya que, según advierten los investigadores, los estudios previos sobre la contaminación por drogas en la fauna silvestre se habían efectuado mayoritariamente en entornos artificiales. El trabajo de la Universidad de Griffith se enfoca en el hábitat natural, donde la presencia de estupefacientes derivados de vertidos de aguas residuales es una realidad creciente y una grave amenaza para el equilibrio de los ecosistemas.

La literatura científica actual respalda que la exposición a estas sustancias ilícitas genera alteraciones neuroquímicas, fisiológicas y conductuales en diversas especies, afectando a crustáceos, peces e invertebrados por igual.

Los salmones afectados por los metabolitos de la cocaína alteran sus patrones de movimiento. (Pixabay)

Riesgos y velocidad en el mundo de los crustáceos

Los autores de una investigación de 2019, publicada en Science of The Total Environment y realizada por la Universidad de Milán junto al Istituto di Richerche Farmacologiche Mario Negri, explican que la cocaína llega a los ríos y mares tras ser consumida por humanos. En sus pruebas con el pequeño crustáceo Daphnia magna, observaron que la droga en concentraciones ambientales causó que nadaran un 20 % más rápido. Además, se detectaron daños en su estado oxidativo y cambios en su comportamiento reproductivo.

De igual forma, el cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii) sufre las consecuencias. Un estudio de 2022 determinó que la exposición a 500 ng/L de cocaína incrementa notablemente el comportamiento arriesgado del animal y disminuye su actividad de alimentación, lo que compromete su supervivencia.

Ejemplar de cangrejo rojo americano. (Bo Mertz/Wikimedia Commons)

El impacto hormonal en la anguila europea

En el año 2012, investigadores de la Universidad de Federico II analizaron el impacto de 20 ng/L de cocaína durante 30 días en la anguila europea. El estudio se centró en la etapa de anguila plateada, momento en el que el pez inicia su migración hacia el océano para reproducirse. Los científicos hallaron que el estupefaciente se concentró en el cerebro, los músculos y el hígado de los ejemplares.

La sustancia actuó como un disruptor endocrino, alterando la dopamina cerebral y las catecolaminas plasmáticas (como la adrenalina y noradrenalina), hormonas responsables de la respuesta ante el estrés. También se vio afectada la regulación del cortisol y la gestión energética del pez. Los expertos concluyeron lo siguiente:

“Dado que el sistema endocrino desempeña un papel clave en los procesos metabólicos y reproductivos de la anguila, nuestros resultados sugieren que la cocaína ambiental podría considerarse otra causa del declive de la anguila europea”

Cabe destacar que esta especie se encuentra actualmente bajo la categoría de peligro crítico de extinción de acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Ejemplar de anguila europea. (Jonatan Antunez/iNaturalist CC BY-NC 4.0)

Adicción a la metanfetamina en peces de río

La problemática no se limita a la cocaína; sustancias como la ketamina y la metanfetamina también han mostrado efectos nocivos. La Universidad Nacional de Taiwán y el Museo Nacional de Biología Marina y Acuario de Pingtung descubrieron que niveles ambientales de estas drogas alteran el desarrollo de larvas del pez medaka (Oryzias latipes). Mientras que la ketamina inducía hiperactividad, la metanfetamina generaba hipoactividad y nado en círculos.

Por último, una investigación de 2021 realizada en la República Checa demostró que la metanfetamina provoca adicción en la trucha marrón (Salmo trutta). El informe publicado en Journal of Experimental Biology sostiene que esta droga, considerada una gran amenaza sanitaria global, causa dependencia y alteración conductual en concentraciones ambientales, lo cual

“modifica las preferencias de hábitat con consecuencias adversas inesperadas de relevancia a nivel individual y poblacional”

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