El atardecer en Roma marcó el inicio de un encuentro profundamente espiritual en los exteriores de la Basílica de Santa María la Mayor. Mientras el ritmo cotidiano de la ciudad persistía entre el tránsito de la zona de Termini, los comercios locales y el sonido de las maletas sobre el adoquinado, el interior del templo resguardaba un ambiente de recogimiento. Se cumplía el primer aniversario del fallecimiento de Francisco, una fecha que transformó el recinto en un epicentro de memoria colectiva.

Las actividades conmemorativas arrancaron a las 16:00 con el rezo del rosario, donde las plegarias se escucharon en una amalgama de idiomas que incluyó el español, italiano e inglés. El acto estuvo liderado por el cardenal Rolandas Makrickas, arcipreste del templo, junto al cardenal Baldo Reina, vicario del papa para la diócesis de Roma. La ceremonia tuvo lugar en la emblemática Capilla Paulina, frente al icono de la Salus Populi Romani. Esta imagen mariana fue fundamental en la vida del pontífice argentino, quien la visitó en 126 ocasiones para encomendar sus misiones apostólicas.
Este espacio fue el mismo donde Francisco depositó las preocupaciones globales durante años, recordando especialmente su histórica oración del 27 de marzo de 2020, cuando la crisis sanitaria del Covid-19 mantenía al mundo confinado.

Al finalizar el rosario, se procedió a descubrir una lápida conmemorativa situada en el sector derecho de la capilla. La inscripción, redactada en latín, inmortaliza el vínculo del fallecido pontífice con la basílica:
“Francisco, Sumo Pontífice, que se detuvo 126 veces en devota oración a los pies de la Salus Populi Romani, por su voluntad descansa en esta Basílica Papal, 21 de abril de 2026, primer aniversario de su muerte”.
Solemne eucaristía en honor al legado pontificio
Tras el cierre de las puertas del templo al caer el sol, la actividad se centró en la misa de sufragio de las 18:00, encabezada por el cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio. La liturgia fue seguida por miles de personas a través de pantallas gigantes en la plaza y vía streaming por Vatican News.
Entre los presentes se encontraba Viviana, quien viajó desde Buenos Aires con sus hijas, portando camisetas de Racing de Avellaneda como símbolo de identidad compartida con el papa. Sobre la jornada, comentó:
“Fue un momento de mucho respeto, de mucha evocación, de mucho sentimiento. Y en una etapa tan convulsionada para la humanidad, el mensaje de paz fue clarísimo”.

La fuerte presencia de ciudadanos argentinos fue uno de los rasgos distintivos del evento. María Laura, proveniente de Lanús, compartió su conmoción:
“Fue un sueño cumplido. La emoción de participar en esta misa es inmensa. El ambiente, la música, los detalles: todo fue conmovedor. A mi alrededor escuchaba el Padre Nuestro en varios idiomas. Eso es lo que buscaba Francisco, unificarnos”.
Para ella, el mayor legado del pontífice se resume en “la unión y la paz entre los pueblos”.
Testimonios sobre una Iglesia cercana y austera
A pesar de la majestuosidad arquitectónica de la basílica, la tumba de Francisco destaca por su sencillez, reflejando la austeridad que marcó su liderazgo. Claudio, también oriundo de Lanús, destacó el impacto histórico del fallecido obispo de Roma:

“Es un honor estar acá recordando el primer año del fallecimiento de nuestro pontífice. Francisco fue el primer papa jesuita y el primer papa latinoamericano. Dejó un legado enorme y el sello de argentinidad estuvo siempre presente. Defendió lo colectivo, la comunidad, a los más vulnerables. Esa orientación marcó todo su papado”.
Durante el homenaje, se evocó constantemente su capacidad de diálogo con las nuevas generaciones y su rol en momentos críticos, como su icónica imagen solitaria en la Plaza de San Pedro durante la pandemia.

Durante la misa, el cardenal Giovanni Battista Re dio lectura a un mensaje enviado por el papa León XIV, quien se encontraba de visita oficial en África. En su misiva, el actual pontífice instó a preservar los valores de su predecesor:
“La alegría del Evangelio, la misericordia de Dios, la paz, la fraternidad, la exhortación a construir puentes y no muros”.
Desde España, fieles como Rosario y Gregoria resaltaron la labor social de Francisco:
“Francisco se preocupaba mucho por la gente pobre y por ayudarla. Renovó muchas cosas en el Vaticano. Se preocupaba por los niños y por los jóvenes. Hacía mucho por ellos y organizaba encuentros para enseñarles”.

Un estilo pastoral de cercanía
El carácter global del tributo fue subrayado por el sacerdote italiano Don Stefano, quien definió el estilo del pontífice: “Francisco eligió una Iglesia pobre, cercana a los pobres”, recordando sus misas de Jueves Santo en lugares de gran necesidad. Por su parte, Carmela, de Calabria, relató cómo su conversión personal estuvo ligada a la figura del papa argentino.

Al concluir los actos, la basílica retomó su rutina habitual en la capital italiana. La decisión de Francisco de descansar en este templo, ubicado a 6 kilómetros del Vaticano, confirma su devoción perpetua a la Salus Populi Romani. La jornada cerró dejando una estela de recuerdos sobre un líder que priorizó la fraternidad y el contacto directo con la humanidad.

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