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Vida de Cantinflas: El éxito mundial de Mario Moreno y sus sombras

“En cualquier circunstancia, todo lo que hice lo tomé del pueblo. Siempre fui pueblo”

, manifestó en una ocasión Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes durante una entrevista. El planeta entero lo reconoció a través de su legendario personaje, Cantinflas, una figura tan impactante que el propio Charles Chaplin no dudó en definirlo como “el mejor comediante del mundo y el más querido”. Esta creación no solo le permitió escapar de las carencias económicas de su juventud, sino que lo posicionó como el intérprete con los ingresos más altos de la industria global. No obstante, detrás del brillo de las cámaras y el reconocimiento internacional, su existencia privada estuvo marcada por matices sombríos.

Su origen se remonta al 12 de agosto de 1911 en Santa María de la Redonda, México. Fue hijo del cartero Pedro Moreno Esquivel y de María de la Soledad Reyes Guizar, quienes conformaron un hogar numeroso con catorce hijos, sumados a otros seis que lamentablemente fallecieron durante el parto. Moreno Reyes conoció de cerca las privaciones de la indigencia desde temprana edad. Movido por la necesidad de aportar económicamente a su familia, trabajó como ayudante de zapatero, lustrabotas, cartero, mandadero, taxista, boxeador y hasta torero. Incluso, en un acto de desesperación por progresar, falsificó su edad a los 16 años para incorporarse al ejército como soldado de infantería mecanógrafo, labor que abandonó cuando su padre solicitó su baja formal.

Al alcanzar la madurez, descubrió que poseía un talento innato para la comedia. Inició su camino artístico en diversos centros nocturnos, destacando como bailarín y monologuista. Fue en este entorno donde conoció a Valentina Ivanova Zuvareff, una bailarina de origen ruso que se enamoró de él a pesar de su falta de recursos. La pareja contrajo nupcias en 1934, cuando el actor tenía 23 años. Aunque Mario estaba convencido de mantener el vínculo matrimonial para siempre, la fidelidad no fue una constante en su vida afectiva.

Mario Moreno y su esposa, Valentina (Foto: Twitter/@HistoriaPhotos)

El destino del comediante dio un giro radical cuando, tomando como referencia a los desposeídos de su comunidad, dio vida al personaje que lo elevaría al estrellato. Su indumentaria se volvió icónica: un pantalón caído sostenido por un cordel, una camiseta desgastada, un sombrero tipo birrete y un peculiar bigote reducido a dos extremos. El misterio sobre el nombre Cantinflas, que hoy brilla en el Paseo de la Fama de Hollywood, fue un enigma que el artista prefirió nunca revelar por completo.

Una trayectoria cinematográfica inigualable

Su éxito cruzó rápidamente a la cinematografía, donde dejó un legado de 55 películas, transitando del blanco y negro al color. Entre sus obras más destacadas se encuentran No te engañes corazón (1936), la emblemática Ahí está el detalle (1940) y La vuelta al mundo en ochenta días (1956), producción que obtuvo el Oscar y que le otorgó a él un Globo de Oro como mejor actor de comedia. Otros títulos relevantes incluyen Pepe (1961), Su excelencia (1966) y su última aparición en El barrendero (1981).

Mientras su prestigio y su fortuna crecían de forma exponencial, Moreno adoptó una faceta de conquistador que afectó profundamente a su esposa. Fue muy comentada su relación sentimental con la actriz Miroslava Stern, vínculo que surgió durante el rodaje de la cinta A volar, joven en 1947. A pesar de que los medios de comunicación de la época guardaban ciertas reservas, los rumores sobre sus aventuras eran constantes, aunque los episodios más complejos estaban aún por suceder.

El comediante con su hijo, Mario (Foto: Facebook/Mario Moreno Ivanova)

Debido a que Moreno y Valentina no pudieron tener descendencia biológica, en 1960 tomaron la decisión de adoptar a un pequeño llamado Mario Arturo Moreno Ivanova. Tiempo después, se desveló la verdadera historia tras este proceso: la madre biológica era una mujer texana de nombre Marion Roberts, quien había sido amante del humorista. Tras dar a luz y hundirse en una depresión severa al comprender que Cantinflas no abandonaría su matrimonio, Roberts se quitó la vida en un hotel mexicano. Este suceso forzó al actor a asumir la paternidad del menor bajo la figura de la adopción.

Estas situaciones afectaron la estabilidad emocional de Valentina, quien falleció en 1966 tras una penosa lucha contra el cáncer de huesos. Ya en su etapa de viudez, Moreno hizo pública su relación con la intérprete española Irán Eory. Hacia 1989, enfrentó un duro revés legal cuando la estadounidense Joyce Jett le interpuso una demanda por 26 millones de dólares, citando abusos de índole física y psicológica durante un romance oculto de dos décadas. Este conflicto se resolvió mediante un acuerdo extrajudicial que implicó el pago de aproximadamente 5 millones de dólares y la entrega de varias propiedades.

En la etapa final de su vida, con su carrera profesional ya apagada y enfrentando constantes conflictos por las adicciones de su hijo adoptivo, Mario Moreno se alejó de la esfera pública. Pese a poseer una inmensa riqueza, la paz parecía eludirlo. Intentó mitigar su dolor interno donando sumas millonarias a instituciones benéficas dedicadas a la infancia desamparada, buscando quizá reconciliarse con el niño pobre que fue y que la fama pudo haber eclipsado en algún momento.

Cantinflas junto a Irán Eory (Foto: Twitter/@CineHistorico)

El hábito del tabaquismo, que inició desde su juventud en los barrios populares, terminó por cobrarle factura. Mario Moreno falleció el 20 de abril de 1993 a los 81 años, víctima de un cáncer de pulmón. Su despedida fue multitudinaria; durante tres días de lluvia, miles de seguidores le rindieron tributo antes de que sus cenizas fueran depositadas en la cripta de la familia Moreno Reyes en el Panteón Español de la Ciudad de México.

Tras su partida, se desató una feroz disputa legal entre su hijo y su sobrino, Eduardo Moreno, por la propiedad de 34 largometrajes de Cantinflas. Finalmente, los derechos de las películas quedaron bajo la titularidad de Columbia Pictures. La tragedia familiar no cesó ahí: en 2013, su nieto Mario Patricio se suicidó, y en 2017, su hijo Mario Arturo falleció a los 57 años debido a un infarto, cerrando así un ciclo de vida donde, paradójicamente, el drama pesó más que las risas.

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