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El pensamiento de Jorge Bergoglio: Una Iglesia en salida y misionera

Al mediodía del 11 de marzo de 2013, en Roma, se capturaron imágenes que hoy cobran un valor histórico. Aquel día, el entonces cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, salía de las reuniones previas al cónclave. El escenario era el acceso al Aula Paulo VI y las vías internas de la Ciudad del Vaticano, situadas a la izquierda de la Basílica de San Pedro, donde la Guardia Suiza custodia el ingreso permanentemente.

Poco antes de ese momento, Bergoglio había realizado una intervención contundente ante el colegio cardenalicio. Según el cardenal Walter Kasper, el futuro pontífice señaló con precisión las fallas de una institución eclesial que se miraba a sí misma y carecía de impulso evangelizador. Kasper relata en su obra El papa Francisco, Revolución de la ternura y del amor (Ed. Sal Terrae):

“Su llamamiento a una Iglesia en salida misionera a las periferias causó una fuerte impresión. Pero con ello no se decidió nada. Según el estado de cosas, la decisión solamente podía tomarse en el cónclave (que se reuniría el 13 de marzo); todos querían confiar para ello en la asistencia del Espíritu de Dios”.

En aquel entonces, Jorge Mario Bergoglio era una figura poco conocida para el gran público. Al ser fotografiado saliendo de las congregaciones generales, respondió con una sonrisa y un saludo. Solo dos días después, tras el anuncio de su elección, la emoción se transformó en sorpresa y lágrimas para quienes lo habían visto caminar como un cardenal más. Seis días tras su asunción, en un encuentro personal en el Aula Paulo VI, el autor de esta crónica pudo expresarle su alegría: “Jorge, me ha hecho llorar como nunca… ¡de alegría! ¡Gracias a Dios!”, recibiendo a cambio un afectuoso abrazo del nuevo Papa.

El Papa Francisco

A lo largo de su pontificado, se le han asignado diversos calificativos como “el papa de la ternura”, “el papa de la fraternidad” o “el gran reformador”. Sin embargo, su esencia se resume en su lema: “Más acciones y menos palabras”. Podría definirse como el “Papa del pueblo” y el “Papa de la acción”, centrando su labor en el servicio a los más vulnerables: jubilados, niños, desocupados, enfermos, personas en situación de calle y los más pobres que carecen de tierra, techo o trabajo. Francisco sostiene firmemente que “quien no vive para servir, no sirve para vivir”, alejándose de la hipocresía y las especulaciones teóricas vacías.

El aniversario de su elección debe servir como una invitación a las nuevas generaciones para adoptar valores de fe, sinodalidad, honestidad, austeridad y amor al prójimo. Ante la tendencia al ensimismamiento, el camino propuesto es el amor y el discernimiento adecuado.

La importancia del discernimiento cristiano

En 2016, durante un encuentro con jesuitas polacos publicado por La Civilità Cattolica, el papa Francisco enfatizó que la Iglesia actual requiere crecer en su capacidad de discernir. Este proceso implica analizar nuestra relación con la comunidad, la Iglesia y el país para luego ejecutar acciones concretas. El método propuesto es “ver, valorar, actuar y celebrar”, utilizando las guías bergoglianas para profundizar en la realidad.

Diferenciar las voces del espíritu para el ejercicio de la libertad

Siguiendo las enseñanzas del jesuita Giácomo Costa, el discernimiento no se limita a seguir reglas abstractas, sino a escuchar la voz del Espíritu en la historia personal y colectiva, aprendiendo también a identificar la influencia del demonio. En su Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, el Pontífice señala:

“Es precioso esclarecer aquello que pueda ser un fruto del Reino y también aquello que atenta contra el proyecto de Dios. Esto implica no sólo reconocer e interpretar las mociones del buen espíritu y del malo, sino —y aquí radica lo decisivo— elegir las del buen espíritu y rechazar las del malo” (EG 51).

El Cardenal Bergoglio junto a los humildes

Este proceso requiere equilibrar la teología moral, las tensiones de autoridad y la relación entre fe y ciencia. Aunque el proceso es complejo, el apoyo de la comunidad y las enseñanzas evangélicas son herramientas vitales para evitar errores. Este legado de justicia social y solidaridad es una de las herencias más significativas de su gestión.

Los cuatro pilares fundamentales de Bergoglio

Desde su etapa como Provincial de los Jesuitas y Arzobispo de Buenos Aires, hasta sus encíclicas como Laudato si’ y Fratelli tutti, Francisco ha mantenido cuatro principios rectores basados en la filosofía de Romano Guardini:

1. El tiempo es superior al espacio

Este principio sugiere que la vida se desarrolla en la tensión entre la plenitud del horizonte y el límite del momento. El Papa critica a los dirigentes que buscan réditos políticos rápidos y efímeros en lugar de iniciar procesos que construyan la plenitud humana. En Evangelii Gaudium cuestiona: “¿Quiénes son los que en el mundo actual se preocupan realmente por generar procesos que construyan pueblo?”.

2. La unidad prevalece sobre el conflicto

Existen tres formas de enfrentar el conflicto: ignorarlo, quedar atrapado en él o transformarlo en un nuevo proceso. Francisco aboga por una “diversidad reconciliada”, citando ejemplos como el de la Conferencia Episcopal del Congo, que resalta la diversidad étnica como una riqueza nacional que requiere unidad y conversión del corazón.

3. La realidad es más importante que la idea

Francisco advierte contra el peligro de las ideologías que intentan manipular la verdad. Critica a políticos y economistas que se refugian en la retórica abstracta ignorando las necesidades de la gente. Para ilustrar esto, suele recordarse la anécdota de los seis pájaros: si un cazador mata a uno, la matemática (idea) dice que quedan cinco, pero la realidad muestra que los demás huyen por el ruido, dejando la rama vacía.

4. El todo es superior a la parte y a la suma de las partes

Basado en conceptos de Aristóteles y la holística, Bergoglio defiende una visión donde la arquitectura de la existencia tiene a Dios en su cima. Bajo esta lógica, la globalización no puede regirse únicamente por el mercado o la fuerza, a la cual define (citando a Cicerón y Juan D. Perón) como “el derecho de las bestias”.

Bergoglio en Plaza Constitución junto a cartoneros

¿Esfera o poliedro?

El Papa utiliza estas figuras geométricas para cuestionar la globalización mercantilista. Mientras que la esfera representa un sistema que iguala y anula las identidades culturales, el poliedro simboliza un modelo donde cada cara conserva su identidad, cultura y soberanía, contribuyendo a la unidad sin perder su esencia. El objetivo final es un diálogo social que respete la integración de los pueblos frente al consumismo que reduce a la humanidad a un simple engranaje del mercado.

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