La creciente expansión de la influencia de China en infraestructuras críticas dentro de América Latina ha provocado una renovada preocupación en Estados Unidos. El foco de atención se centra actualmente en el megapuerto de Chancay, situado en Perú, una instalación que autoridades en Washington señalan por su potencial de «uso dual». Esta condición permitiría que el terminal no solo gestione actividades comerciales, sino que también tenga capacidad para operaciones de índole militar.
Esta inquietud surge en un contexto de intensa rivalidad geopolítica entre las dos potencias mundiales. El incremento de los capitales provenientes de Beijing en áreas neurálgicas como la energía, el transporte y la logística regional ha transformado la percepción de proyectos de gran escala. En el caso de Chancay, la evaluación trasciende lo económico para situarse en el terreno de la seguridad nacional y la soberanía continental.
Advertencias de legisladores y diplomáticos estadounidenses
En el marco de un debate reciente, la congresista republicana María Elvira Salazar manifestó su alarma ante las dimensiones de esta obra portuaria. La representante calificó a la infraestructura como el «puerto chino más grande del hemisferio», advirtiendo sobre el peligro de que se convierta en un enclave estratégico para las fuerzas armadas de China en territorio sudamericano.
“Sabemos que tiene un uso dual (…) podrían tener submarinos, portaaviones, buques de guerra justo allí en el Perú”
Además de esta advertencia, Salazar planteó la necesidad de entablar diálogos con los candidatos presidenciales peruanos que participarán en los próximos comicios. Su propuesta busca explorar mecanismos para que la administración del puerto deje de estar bajo control de firmas asiáticas y pase a manos de actores latinoamericanos, con el fin de mitigar lo que considera una amenaza directa.
Estas posturas fueron validadas por Michael G. Kozak, un alto mando de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado. El funcionario coincidió con el diagnóstico de la congresista y sugirió que dentro del propio Perú existe una inquietud latente respecto a la dirección que ha tomado el proyecto y sus implicaciones a largo plazo.
Dudas sobre la capacidad de supervisión y el marco legal
Uno de los puntos más críticos mencionados por Kozak se refiere a la reacción del Ejecutivo peruano ante una reciente determinación judicial relacionada con la concesión del puerto. Según el diplomático, el gobierno de Perú habría recibido con sorpresa una resolución que supuestamente limita las facultades del Estado para ejercer un control regulatorio robusto sobre el funcionamiento del terminal de Chancay.
“Creo que el gobierno peruano también estaría de acuerdo con usted”, afirmó Kozak durante su intervención, insinuando que las dudas sobre el proyecto no son exclusivas de la política exterior estadounidense, sino que permean el debate interno en el país andino. La posibilidad de que una obra de tal magnitud opere con una supervisión estatal reducida ha intensificado el debate sobre el equilibrio necesario entre la recepción de inversión extranjera y la preservación del control soberano.
Esta situación se enmarca en una controversia mayor sobre las reglas de juego para la inversión en sectores estratégicos, especialmente cuando se trata de capitales extranjeros operando infraestructuras que son vitales tanto para la economía como para la defensa de una nación.

Un enclave estratégico bajo la lupa global
El desarrollo del megapuerto de Chancay, financiado mayoritariamente por capitales de China, tiene como objetivo principal revolucionar el comercio transpacífico. Su ubicación privilegiada en la costa de Perú le permite funcionar como un nodo logístico capaz de reducir drásticamente los tiempos y los costos operativos en el intercambio de mercancías entre Asia y América Latina.
Sin embargo, es precisamente esta relevancia logística la que lo posiciona como un punto de fricción en la pugna por la influencia regional entre Washington y Beijing. Para la legisladora Salazar, la cercanía geográfica es un factor que no puede ignorarse bajo ninguna circunstancia.
“Cualquier cosa que ocurra en el hemisferio occidental, debido a la proximidad con nuestra patria, nos perjudicará a nosotros primero y muy rápidamente”
En definitiva, el puerto representa mucho más que una plataforma de desarrollo para Perú; se ha consolidado como un elemento de tensión en un tablero internacional donde el comercio, la infraestructura y la seguridad nacional se entrelazan de manera inseparable.
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