Con el inicio del ciclo escolar en la Costa, la alimentación infantil se posiciona como un factor clave para el rendimiento académico, la concentración y el desarrollo integral de los niños. Especialistas destacan que una nutrición adecuada no solo influye en el crecimiento físico, sino también en la memoria, la energía y el estado emocional durante la jornada escolar.
Dentro de una dieta equilibrada, la leche y sus derivados cumplen un rol fundamental gracias a su aporte de proteínas de alta calidad, calcio, vitaminas y grasas saludables, nutrientes esenciales para el desarrollo del cerebro y la formación de huesos fuertes. Su versatilidad permite incorporarla fácilmente en el día a día, tanto en el desayuno como en refrigerios o preparaciones prácticas.
Si bien el desayuno es clave para iniciar el día con energía, no es el único momento importante. El almuerzo y la cena permiten completar los requerimientos nutricionales, mientras que la lonchera escolar cumple un papel esencial al mantener niveles de energía estables y favorecer la atención en clases. Una lonchera equilibrada debe incluir proteínas, carbohidratos, grasas saludables, fibra e hidratación, priorizando alimentos naturales frente a productos ultraprocesados, los cuales pueden afectar el desarrollo cognitivo, el comportamiento y el estado de ánimo.
Asistir a clases sin una adecuada alimentación puede traducirse en fatiga, irritabilidad y dificultades en el aprendizaje, ya que el cerebro requiere energía constante para funcionar correctamente. En este contexto, opciones como la avena con leche o combinaciones que incluyan lácteos permiten aportar energía y nutrientes de forma práctica y accesible.
Además, la leche deslactosada se presenta como una alternativa importante para niños con sensibilidad digestiva o intolerancia a la lactosa. A diferencia de lo que se cree, no es un producto distinto, sino una adaptación de la leche que mantiene su valor nutricional, facilitando su consumo y ampliando el acceso a sus beneficios.
Especialistas recomiendan que los niños consuman entre 400 ml y 600 ml de leche al día como complemento de una alimentación variada. A esto se suman otros factores como el sueño y la actividad física, fundamentales para consolidar el aprendizaje y el desarrollo.
Garantizar una adecuada nutrición desde la infancia es una inversión en el futuro. En este escenario, una alimentación equilibrada, acompañada del consumo de lácteos —incluida la leche deslactosada— y hábitos saludables, se convierte en la base para potenciar el bienestar y el desempeño escolar de los niños.