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Eslovaquia amenaza con frenar nuevas sanciones de la UE contra Rusia

Este jueves, el ministro de Asuntos Exteriores de Eslovaquia, Juraj Blanar, comunicó de forma oficial que su nación se encuentra plenamente dispuesta a interponer un veto ante cualquier nuevo paquete de sanciones que la Unión Europea intente aplicar contra Rusia. Esta postura surge en el contexto de la guerra en Ucrania y está directamente vinculada a las afectaciones registradas en el oleoducto Druzhba, infraestructura crítica que suministra petróleo ruso a diversas naciones de Europa del Este.

La situación ha escalado a un punto de fricción considerable dentro de la diplomacia del bloque europeo. Tanto Eslovaquia como Hungría han manifestado abiertamente su intención de paralizar tanto las sanciones económicas como los paquetes de ayuda financiera destinados al conflicto bélico

«si no recibe garantías de la reparación y reanudación»

del flujo energético habitual, según indicaron fuentes diplomáticas.

Postura frente al financiamiento a Kiev

Pese a las amenazas de bloqueo en materia de sanciones, el canciller Juraj Blanar puntualizó que, en esta ocasión, Bratislava no presentará obstáculos para la entrega de 90.000 millones de euros procedentes de fondos comunitarios destinados a Kiev. Esta información, difundida por el rotativo Denik, destaca que dicha suma monetaria había sido frenada anteriormente por el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, antes del proceso electoral del pasado domingo.

No obstante, la dirección política eslovaca mantiene una línea rígida. El primer ministro, Robert Fico, ha subrayado su firme determinación de «mantener el legado» de la política de Orbán en cuanto a la protección de los intereses nacionales. Su prioridad absoluta radica en exigir el restablecimiento de las operaciones en la tubería Druzhba, alegando que el crudo transportado por esta vía es un recurso indispensable para la estabilidad de la economía eslovaca.

Origen del conflicto energético

La crisis diplomática se originó a finales de enero, momento en que el gobierno de Ucrania tomó la determinación de interrumpir el bombeo de petróleo hacia Hungría y Eslovaquia. La administración ucraniana justificó esta medida basándose en supuestos daños estructurales en el oleoducto. Esta decisión generó una ola de reproches por parte de ambas naciones, las cuales se han distanciado progresivamente del consenso europeo en la gestión de la crisis rusa por motivos estrictamente energéticos.

Como medida de presión inmediata, el gobierno húngaro respondió suspendiendo el envío de diésel hacia territorio ucraniano. Además, Budapest procedió a bloquear el 20º paquete de sanciones de la Unión Europea contra el gobierno de Vladímir Putin y puso trabas al préstamo de 90.000 millones de euros para el sostenimiento de Ucrania, entre otras represalias económicas.

En la actualidad, tanto Eslovaquia como Hungría han tenido que recurrir al oleoducto del Adriático para abastecerse de crudo de origen no ruso. Mientras tanto, la conexión del Druzhba permanece inactiva tras recibir ataques por parte de Rusia. Por su parte, las autoridades de Ucrania han manifestado su compromiso de concluir las labores de reparación antes de que finalice la actual temporada de primavera.

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