En las dinámicas urbanas actuales, es común observar cómo las rutinas de actividad física se dividen entre quienes prefieren el alba y quienes optan por el cierre del día. Sin embargo, una reciente investigación internacional ha planteado que la efectividad del entrenamiento no depende solo del esfuerzo, sino del momento exacto en que se realiza. El estudio sugiere que ajustar los horarios de ejercicio al reloj biológico de cada persona puede ser un factor determinante para disminuir significativamente el riesgo cardiovascular.
La investigación, que fue difundida a través de la revista científica Open Heart, centró su análisis en un grupo de 150 voluntarios con edades comprendidas entre los 40 y 60 años localizados en Pakistán. Todos los participantes compartían un perfil de vida sedentaria y presentaban al menos un factor de riesgo para el corazón, tales como obesidad, sobrepeso o hipertensión arterial.
La ciencia detrás del cronotipo
El equipo de investigadores, bajo la coordinación de especialistas de la Universidad de Edimburgo, procedió inicialmente a identificar el cronotipo de cada individuo. Este concepto define la predisposición natural de una persona a estar más alerta o activa en momentos específicos del día, clasificándolos comúnmente como “alondras” (quienes rinden más por la mañana) o “búhos” (quienes prefieren la noche). Para lograr esta clasificación, se emplearon cuestionarios especializados y monitoreos de la temperatura corporal.
Posteriormente, los voluntarios fueron asignados a programas de ejercicio aeróbico moderado con una duración de 40 minutos, realizados cinco veces por semana durante un periodo de 12 semanas. Los horarios de entrenamiento fueron fijados de 8:00 a 11:00 horas o de 18:00 a 21:00 horas, buscando coincidir o discrepar intencionalmente con el ritmo natural de cada sujeto.
Sobre este punto, Tianyi Huang, profesora adjunta de medicina en la Facultad de Medicina de Harvard y experta en epidemiología en la División Channing de Medicina de Redes del Brigham, quien tuvo conocimiento del estudio pero no participó en él, explicó:
“El cronotipo, o preferencia circadiana, se refiere al horario preferido de sueño y vigilia de una persona y está determinado en parte por la genética, por lo que puede ser difícil de modificar”

Impacto directo en la salud cardiovascular
Al término del experimento, un total de 134 personas lograron completar satisfactoriamente las 60 sesiones supervisadas por los expertos. Los hallazgos confirmaron que, aunque la actividad física benefició a todos en términos de sueño y condición física general, el grupo que entrenó en sincronía con su cronotipo experimentó mejoras notablemente superiores.
Los autores del estudio destacaron que
“El ejercicio adaptado al reloj biológico produjo mejoras más marcadas en la presión arterial, la capacidad aeróbica, los marcadores metabólicos y el sueño”
Uno de los hallazgos más contundentes se registró en la presión arterial sistólica. Los participantes que alinearon su entrenamiento con su reloj interno lograron una reducción promedio de 10,8 mm Hg, una cifra muy superior a los 5,5 mm Hg registrados en el grupo que entrenó en horarios opuestos a su naturaleza biológica. En el caso específico de personas con cuadros previos de hipertensión, la reducción alcanzó niveles críticos de hasta 13,6 mm Hg cuando el horario era el óptimo.
¿Por qué es vital la sincronización biológica?
La explicación científica radica en la capacidad del ejercicio para influir en los relojes periféricos situados en el sistema vascular, el tejido adiposo y el músculo esquelético. Al sincronizar la actividad, se optimiza la eficiencia metabólica y se reducen los procesos inflamatorios. El análisis también arrojó resultados positivos en la reducción del colesterol LDL (conocido como colesterol malo), la glucosa en ayunas y una mejora en la variabilidad de la frecuencia cardíaca.

En el artículo científico, los investigadores afirmaron:
“Este estudio sugiere que la sincronización del ejercicio con el reloj biológico puede potenciar los resultados en salud cardiovascular y metabólica”
. Un dato relevante fue que, si bien ambos grupos se beneficiaron, las “alondras” mostraron los cambios más drásticos al realizar actividad matutina.
Hacia una prescripción médica personalizada
Para profesionales externos como el doctor Rajiv Sankaranarayanan, representante de la British Cardiovascular Society, estos resultados abren una puerta a políticas de salud pública más eficaces. Según su criterio, “incorporar una evaluación simple del cronotipo en las recomendaciones de estilo de vida podría mejorar la adherencia y los resultados, sobre todo en personas con hipertensión o riesgo cardiometabólico”.
Sin embargo, la comunidad científica mantiene la cautela. La doctora Nina Rzechorzek, vinculada a la Universidad de Cambridge, enfatizó que si bien la cronología es útil, “lo más importante es realizar ejercicio de forma regular, independientemente del horario”. Esta visión es compartida por Hugh Hanley, especialista en entrenamiento personal, quien sostiene que
“Lo clave para mantenerse en forma es la constancia. Hacerlo regularmente es mejor que buscar grandes logros en poco tiempo”

A pesar de que el estudio tuvo limitaciones, como haberse centrado exclusivamente en pacientes de hospitales públicos en Lahore y no incluir cronotipos intermedios, el consenso general apunta a que el “crono-ejercicio” es una herramienta poderosa. La personalización del entrenamiento basada en el reloj interno no solo parece ser una recomendación estética, sino una estrategia médica preventiva de alto impacto.
Los responsables del estudio concluyeron en Open Heart que “integrar el principio del ‘crono-ejercicio’ puede ofrecer un enfoque novedoso y efectivo para mejorar la salud cardiovascular y metabólica”, marcando un camino hacia una medicina deportiva mucho más precisa y adaptada a la biología individual.
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