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Trabajar sin pausa: la cultura de hustle que marca el ritmo del emprendimiento actual

En el marco del Día Mundial del Emprendimiento, que se conmemora cada 16 de abril, la cultura hustle se puesto en el centro del debate como uno de los modelos más extendidos y cuestionados, dentro del ecosistema emprendedor. Este enfoque hace referencia a una mentalidad que glorifica el trabajo continuo, la disponibilidad permanente y la maximización del tiempo productivo como vía principal hacia el éxito.

Para el académico Álvaro Rodríguez, director del Máster en Dirección Comercial y Marketing Digital y coordinador de Emprendimiento de la Universidad Nebrija, esta tendencia ha cobrado fuerza en los últimos años y se traduce en jornadas largas, alta intensidad y una orientación constante a la ejecución, muchas veces con enfoque marcadamente cortoplacista. Pese a esto, se considera que esta tendencia está evolucionando hacia modelos más sostenibles, especialmente en entornos empresariales más maduros.

El experto destaca que el hustle ofrece ventajas importantes, ya que esta intensidad inicial en los emprendimientos permite acelerar procesos de validación, actuar con rapidez y aprovechar ventanas de oportunidad que suelen ser limitadas en el tiempo. Además, favorece la resiliencia en entornos de alta incertidumbre. No obstante, también advierte sobre sus riesgos: “Es fácil perder el foco si no se ha marcado una estrategia previa, en iniciativas y tareas de poco valor que consumen mucho tiempo, además del riesgo para la salud mental que ello conlleva”.

Asimismo, explica que esta cultura influye directamente en la percepción del éxito dentro del ecosistema emprendedor. “Existe una narrativa muy clara: el esfuerzo extremo se asocia al compromiso con el proyecto. Esto ha contribuido a que el éxito no solo se mida por resultados, sino también por el nivel de dedicación visible”, añade. En este sentido, proyectar constantemente una imagen de ocupación se ha convertido en una práctica habitual, especialmente en redes profesionales como LinkedIn, que puede ser herramientas útiles, pero también fuentes de presión y estrés.

Rodríguez advierte de que uno de los principales indicadores de una adopción extrema del hustle es el sentimiento de culpa al descansar o desconectar o también llamado burnout, definido por la Organización Mundial de la Salud como un síndrome derivado del estrés laboral crónico no gestionado, que encuentra en la cultura del hustle un entorno propicio.

Si bien el hustle a corto plazo puede acelerar la toma de decisiones, a medio plazo tiende a deteriorar su calidad. “Una cultura cortoplacista es difícil que convenza a algún inversor o business angel. El trabajo no solo debe ser eficaz, sino que también debe ser sostenido y sostenible. Ese es uno de los grandes problemas del hustle. Sacrificar descanso, con el riesgo de tener que parar durante un periodo de tiempo mucho mayor en el futuro”, puntualiza el experto.

En conclusión, el académico señala que emprender requiere, efectivamente, un esfuerzo diferencial. Especialmente en las etapas iniciales, ese impulso adicional es clave para generar tracción. No obstante, concluye que el verdadero desafío no es el esfuerzo en sí mismo, sino la falta de gestión adecuada del mismo.

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